Editorial
Interna total
Por Gonzalo Arias
Nadie parece dispuesto a ceder en la carrera hacia el poder, sin reparar en las peligrosas tendencias autodestructivas y pulsiones caníbales.

 La larga e intensa interna entre Horacio Rodríguez Larreta y Patricia Bullrich por la candidatura presidencial del PRO -y, muy probablemente de JxC- está muy lejos de encontrar los cauces institucionales que generen condiciones para una disputa moderada que preserve la unidad.

Si alguien pensaba que la solución salomónica acordada para unificar una candidatura en la Ciudad -un pool de encuestas para elegir entre Jorge Macri y Quirós-, y la tendencia que vienen marcando las encuestas con relación a un acelerado declive de la principal coalición opositora con Milei como principal beneficiario, habría de calmar las aguas, las novedades en la provincia de Buenos Aires parecieran indicar que la pelea es a fondo y que ambas partes parecen dispuestas a todo.

Es que en ambas terminales del PRO se percibe, pese al innegable crecimiento del fenómeno Milei, que con la aceleración de la crisis y el evidente agotamiento de una coalición oficialista que parece incapaz de encontrar un candidato competitivo, que el acceso al codiciado "sillón de Rivadavia" está cada vez más cerca. Por eso nadie parece dispuesto a ceder un ápice en esa carrera desenfrenada hacia el poder, sin reparar en las peligrosas tendencias autodestructivas y pulsiones caníbales que no solo podrían horadar las chances electorales del espacio sino la gobernabilidad futura del hipotético nuevo ocupante de la Casa Rosada

Como evidencia de esta peligrosa tendencia, a un mes de la oficialización de candidaturas, la disputa entre el larretismo y el bullrichismo parece haber encontrado un nuevo escenario en la siempre estratégica provincia de Buenos Aires. Con la confirmación de que será finalmente Néstor Grindetti el precandidato elegido por Bullrich para enfrentar al ya lanzado Diego Santilli, la disputa ya es a "todo o nada", y en territorio bonaerense se trasladará incluso a las listas de legisladores provinciales (diputados y senadores), concejales y hasta consejeros escolares.

Atrás quedo el anhelo de la gran mayoría de los 22 intendentes bonaerenses del espacio, que pensaban que era posible y necesaria una candidatura de unidad en provincia, más aún, después del acuerdo alcanzado en la Ciudad. Es que los intendentes entienden que la confirmación de la interna bonaerense puede poner potencialmente en riesgo sus territorios, complejizar el armado de las listas legislativas y, en el plano provincial, promover una fragmentación del voto de JxC que pueda favorecer a Kicillof o a Milei.

Lo cierto es que ya hay poco margen para apostar a la unidad con los "jugadores" ya confirmados. Del lado de Bullrich, el elegido es finalmente Néstor Grindetti, que como intendente de Lanús puede aportarle un armado político y territorial en la Tercera Sección Electoral, a la vez que proyectar "capacidad de gestión". 

Además, en la elección de Grindetti (por sobre Ritondo, De la Torre e Iguacel) podrían haber pesado también dos factores en absoluto menores: en primer lugar, la buena sintonía que el intendente tiene con el PJ y los sindicatos, una manifiesta carencia de la propia Bullrich pensando en la gobernabilidad; y en segundo lugar, la conocida afinidad del precandidato a gobernador con Mauricio Macri, quien no se resigna a erigirse en gran "elector" de la contienda. Y, si bien desde el entorno de la precandidata presidencial se encargan siempre de remarcar que la que decide es ella, la evidente -aunque no explicitada- preferencia macrista por Bullrich puede ser considerada, según el caso, tanto como una ventaja como un condicionante.

En el otro campamento del PRO confían en las fortalezas de Santilli, quien no sólo compitió con éxito en las pasadas elecciones legislativas frente a un peronismo unido, sino que hace meses viene recorriendo frenéticamente la provincia como precandidato. En este sentido, las encuestas dan cuenta de que cuenta con un conocimiento que supera el 85% (frente al gran desconocimiento que enfrenta Grindetti) y una intención de voto que oscila entre los 18 y 20 puntos, a lo que suma una construcción político-territorial muy consolidada en la Primera y en la Tercera Sección Electoral, y el apoyo de varios intendentes importantes en el AMBA como Diego Valenzuela en Tres de Febrero o Julio Garro en La Plata, y en el interior provincial como Galli (Olavarría) y Martínez (Pergamino).

Si bien desde ambos sectores prometen campañas limpias y "sin golpes bajos", con propuestas que resalten las fortalezas y atributos propios, la propia Bullrich pareció poner en duda que ese sea un camino fácil de sostener al declarar que se necesita "un equipo de bonaerenses para resolver los problemas de los bonaerenses", en una clara alusión al origen e identificación porteña de Santilli.

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