Más allá de la lógica centralidad coyuntural de Cristina, son varias las preguntas clave que arrecian y que, por estas horas, develan tanto a los propios protagonistas como a los analistas polÃticos. |
Cristina Fernández de Kirchner ya se encuentra cumpliendo una condena de seis años de prisión e inhabilitación especial y perpetua. Sin lugar a dudas, un hecho inédito en la historia institucional de nuestro paÃs, ya que si bien hubo otros ex presidentes privados de su libertad, se trata del primer caso de una sentencia firme tras agotarse todas las instancias judiciales posibles tras la intervención del máximo tribunal. Es que los otros presidentes constitucionales o bien fueron encarcelados con prisión preventiva durante la consustanciación el proceso (Menem), o privados de su libertad por gobiernos militares (Perón, Frondizi, Yrigoyen e Isabel MartÃnez de Perón).
Una condena inédita que, sin lugar a dudas, nos lleva a un territorio desconocido.
Si bien esta más que claro que la ex mandataria, con el lanzamiento anticipado de su hoy frustrada candidatura a legisladora provincial, habÃa venido preparando el escenario para construir una narrativa y una mÃstica de proscripción muy cara a la historia y liturgia peronista, la condena abre varios interrogantes centrales que habrán de ir develándose en las semanas y meses sucesivos.
Más allá de la lógica centralidad coyuntural de Cristina, son varias las preguntas clave que arrecian y que, por estas horas, develan tanto a los propios protagonistas como a los analistas polÃticos. En el mediano-largo plazo, cabe preguntarse si ¿la condena acabará consumando una suerte de jubilación anticipada que la alejará definitivamente del escenario polÃtico o, por el contrario, entrañará una oportunidad para su resurgimiento y retorno a los primeros planos? ¿Estaremos frente a un punto de inflexión que termine por expresar el agotamiento definitivo de un sistema polÃtico en ruinas y el comienzo de la reconfiguración del mismo con nuevas bases y actores?
Y, más de cara al corto plazo, ¿si la situación de Cristina Fernández de Kirchner tendrá un efecto galvanizador o aglutinante hacia el interior de un convulsionado peronismo que aún no logra reponerse de la sorpresiva y dura derrota de 2023 o si, por el contrario, acabará patentizando las diferencias internas y espiralizando las disputas por el liderazgo?
Lo cierto es que cuando baje la espuma de la masiva movilización de este miércoles, y tras las seguras disputas que surgirán por el sentido y la dimensión de la misma (hacia afuera y hacia adentro del peronismo), los sectores internos momentáneamente unidos tras el fallo de la Corte Suprema se verán indefectiblemente interpelados por el inminente cierre de listas para las elecciones bonaerenses, cuyo plazo operará apenas dentro de un mes (19 de julio).
DifÃcilmente alguien pueda pensar que el fallo de la Corte suturó heridas tan profundas como las que parecÃan emerger de la interna en territorio bonaerense, apenas las demoró algunas semanas. Más aún, es bastante probable que las haya incluso agravado: si, como todo indica, Cristina tiene la intención de plasmar su actual centralidad en el armado de las listas, monopolizando la "lapicera" el choque con el gobernador será inevitable.
El gobernador buscará seguramente evitar una confrontación abierta con Cristina, pero difÃcilmente a esta altura y con una construcción propia ya lanzada se resigne a quitarle tensión a las negociaciones electorales y, eventualmente, a la posibilidad del armado de una alternativa propia para presentar en las elecciones legislativas de septiembre. Las consecuencias de esto parecen bastante claras: para un sector importante del cristinismo cualquiera que busque opacar la centralidad de la ex mandataria o contrariar su voluntad será pasible de la acusación de "traición".
Una acusación de la que difÃcilmente puede rehuir un Kicillof que, en las últimas horas, no solo ya experimentó en carne propia la frialdad y la hostilidad de varios referentes camporistas durante los encuentros de los últimos dÃas en la sede del PJ, sino que escuchó incluso un absurdo argumento que promete amplificarse en las semanas venideras: que su decisión de desdoblar y adelantar las elecciones provinciales terminó precipitando la sentencia de la Corte en la causa "Vialidad". Argumento que, de confirmarse algunos pronósticos electorales, extenderá la pretendida asignación de responsabilidades al gobernador por una probable derrota electoral en el bastión del peronismo.
Asà las cosas, aún con una movilización masiva que -más allá de la intencionalidad simbólica- nada tiene que ver con el 17 de octubre, ni por su carácter más bien militante que "popular", ni por su dinámica esencialmente defensiva en lugar de movimiento ascendente y aluvional, difÃcilmente Cristina pueda ostentar sin fricciones una centralidad polÃtica y electoral que el gobernador bonaerense ya ha decidido disputar.
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