Editorial
Mapa electoral: lo previsible y lo novedoso
Por Gonzalo Arias
Aunque la oposición no logre encontrar en este proceso electoral ni una figura ni un espacio que logre erigirse como "alternativa", es probable que consiga reducir el nivel de fragmentación.

A horas del vencimiento del plazo para la inscripción de alianzas electorales de cara a las elecciones legislativas nacionales del próximo 26 de octubre, y a solo diez días para confirmar los candidatos y listas que competirán en los 23 distritos del país y la Ciudad de Buenos Aires para renovar la mitad de la Cámara de Diputados (127 diputados) y un tercio del Senado de la Nación (24 senadores), comienza a delinearse la cartografía de una elección intermedia que será, sin dudas, muy trascedente.

No solo porque el gobierno la ha erigido en una suerte de gran plebiscito de gestión o porque arrojará una nueva composición del Congreso que será muy relevante en términos de gobernabilidad ante la promesa oficialista de avanzar con una serie de reformas estructurales que requerirán de amplios consensos. Sino también porque, aún ante un escenario en el que se sabe de antemano que el gobierno no obtendrá mayorías propias en las cámaras legislativas, servirá para comenzar a definir con mayor nitidez los contornos hoy muy lábiles y difusos entre oficialismo y oposición.

En este contexto, una de las cuestiones más relevantes -no la única- que comenzarán a dilucidarse en octubre pasa por la construcción del oficialismo y la reconfiguración de la oposición, con la perspectiva de que el sistema político comience a reordenarse con razonables niveles de certidumbre y cierta previsibilidad luego del sorpresivo y fulgurante ascenso de Milei al poder. En otros términos, cuáles serán las fronteras y alcances del espacio oficialista, y quiénes se inscribirán con mayor claridad en las filas de la oposición, cuál será su peso específico dentro de ese conglomerado, qué tan diverso y fragmentado será, y cuáles serán los diversos posicionamientos de esas fuerzas respecto al proyecto libertario.

Por un lado, es esperable que el gobierno tenga una buena performance legislativa que, aunque no le alcance para generar mayorías propias, le dé un poco más de consistencia a sus bloques legislativos, a la vez que una mayor estabilidad al acuerdo con el PRO y otros aliados de cara a la defensa de las iniciativas que impulse Milei. Por otro lado, también es esperable que aunque la oposición no logre encontrar en este proceso electoral ni una figura ni un espacio que logre erigirse como "alternativa", es probable que consiga reducir el nivel de fragmentación a la vez que clarificar posicionamientos y dotar de mayor previsibilidad al accionar de los diversos bloques.

Lo cierto es que forzados por los vencimientos de los diversos plazos legales de un calendario electoral nacional que ya está en marcha, pero también por la dinámica de una campaña electoral para las elecciones bonaerenses ya lanzada, se van confirmando algunos hechos previsibles y surgiendo algunas novedades, tanto en los armados del oficialismo como la oposición.

En las huestes libertarias, tras meses de alta intensidad, tanto por el trabajoso acuerdo con el PRO, las internas que afloraron tanto a nivel de los armadores y estrategas de La Libertad Avanza como en el propio seno del poder, las habituales improvisaciones y errores forzados en el plano político, y los coletazos de un programa económico que comienza a evidenciar sus manifiestas limitaciones, el presidente Javier Milei y su cada vez más empoderada hermana parecen haber "ordenado" tanto el flamante partido en el orden nacional como la propia estructura del poder en la que se recuesta el presidente.

Habrá que ver si dicho ordenamiento, en algunos casos rayano al disciplinamiento y la humillación, se alinean con una mejor performance a nivel de la gestión política y el manejo de la economía. Los desafíos para comenzar a evaluarlo se plantearán en el cortísimo plazo, y van desde la capacidad para capitalizar el "acuerdo" electoral con el PRO para garantizar la defensa de los polémicos vetos presidenciales, la posibilidad de cerrar algunos acuerdos electorales provinciales que les permitan ensanchar su representación parlamentaria (Misiones y Mendoza, por ejemplo). Y, todo ello, al mismo tiempo que necesitan encarar una campaña bonaerense que se avizora más compleja que lo esperado y estabilizar un frente cambiario cuyas turbulencias podrían afectar el proceso de desinflación, es decir, el principal activo electoral del gobierno.

Del lado de la oposición, con una campaña bonaerense que los referentes de los tres espacios peronistas que confluyeron en una unidad tan pragmática como forzada encaran por separado pero sin roces significativos, y un cierre de listas que en el peronismo se avizora menos friccionado que el de la provincia de Buenos Aires, la principal novedad radica en el frente anunciado por cinco mandatarios provinciales que buscan erigirse en una alternativa tanto frente a Milei como al peronismo.

Con el mensaje de "que con el equilibrio fiscal solo no alcanza", y con una demanda centrada en la actividad económica de las regiones que gobiernan, los mandatarios Pullaro (Santa Fe), Llaryora (Córdoba), Torres (Chubut), Vidal (Santa Cruz) y Sadir (Jujuy), se agruparon sorpresivamente en un frente electoral nacional que si bien tiene como primer hito de los comicios legislativos de octubre, busca erigir un proyecto que confluya en las presidenciales de 2027.

Así las cosas, con un oficialismo más ordenado pero con desafíos e interrogantes que se agigantan, con un peronismo que camina el territorio bonaerense con una tregua anclada en la expectativa de una victoria que les permita resistir y prorrogar las disputas por el liderazgo para más adelante, y con un saludable y sorpresivo intento de "tercera vía" protagonizado por gobernadores de provincias con marcado perfil productivo, el país se adentra en tres meses en donde los problemas estructurales que permanecen incólumes coexistirán con una campaña electoral de alta intensidad.

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