Editorial
Estrategia y prestidigitación
Por Gonzalo Arias
Cómo el candidato oficialista podría potencialmente alcanzar la presidencia pese la crisis económica y social que se profundizó durante el último gobierno.

El extenso, sorpresivo e incierto proceso electoral 2023 transita sus últimos días de cara a la "batalla final" del próximo 19 de noviembre, donde no solo se elegirá a quien ocupará el tan codiciado como candente "sillón de Rivadavia", sino donde también acabará por plasmarse la más profunda reconfiguración del sistema político argentino desde la recuperación democrática en 1983.

Si bien aún estamos ante un escenario abierto cuyo resultado final aún es incierto, pareciera hoy indudable que es Sergio Massa quien se ha convertido en el "favorito". Si hace algunos meses, más aún después de las PASO, se le hubiese preguntado a un observador desprevenido y ajeno a nuestra paradójica realidad nacional si era posible que un representante del actual oficialismo, quien además ostenta desde más de un año el cargo de ministro de economía de un país con una inflación interanual que ya supera el 150%, con una permanente inestabilidad cambiaria, con reservas internacionales prácticamente inexistentes y una pobreza del orden del 40%, pudiese erigirse en un candidato competitivo, seguramente la respuesta hubiese sido tan contundente como negativa.

Sin embargo, el siempre optimista e hiperactivo "ministro-candidato" pareció trabajar pacientemente su estrategia con vistas a lo que siempre entendió como una campaña de "tres tiempos" y hoy encara el ballotage no solo con el optimismo de haber emergido como el claro triunfador en la primera vuelta sino con un posicionamiento propio y una fragmentación opositora que pareciera ser funcional a su objetivo final.

Cabe preguntarse, entonces, ¿cómo fue esto posible? ¿cómo el candidato oficialista podría potencialmente alcanzar la presidencia pese la crisis económica y social que se profundizó durante el último gobierno?

La respuesta a este gran interrogante no es univoca ni definitiva, aunque más allá del resultado final del ballotage, es posible analizar a manera de hipótesis provisorias varios factores y variables. Algunos de ellos son atribuibles a la coyuntura y las contingencias propias de un país vertiginoso, otras son quizás fruto de los errores y debilidades de la oposición, aunque es cierto que también hay otras explicaciones que pueden derivarse de los aciertos de la propia estrategia del candidato de UxP.

En primer lugar, si el fulgurante ascenso de Javier Milei y su sorpresiva performance en las PASO le había permitido al oficialismo "correr del tablero" a una Patricia Bullrich que había perdido el liderazgo del "cambio" y aspirar a crecer de la mano de una abierta polarización con el candidato libertario, la implosión de Juntos por el Cambio tras la previsible derrota y el tan intempestivo como furtivo acuerdo de Macri con Milei expuso la fragmentación de la oposición, cuyas internas, diatribas y polémicas coparon el centro de la escena a apenas días del último domingo electoral del 2023.

El denominado "pacto de Acassuso", que sellaron el candidato de La Libertad Avanza y el ex presidente la medianoche del martes generó así una previsible fractura ya no solo entre el PRO, la UCR y la Coalición Cívica, sino incluso hacia el interior del propio partido fundado por Mauricio Macri. La jugada inconsulta y personalista del ex presidente, en la que cuesta no ver los vestigios de la profunda inquina personal que siente por el tigrense, sin dudas acelera la crisis de la coalición que contribuyó a fundar en 2015 y acaba por forzar un realineamiento en sectores de la oposición.

Más aún tras las fuertes declaraciones del raid mediático de Macri el pasado domingo, en el que no solo defendió sugestivamente a Milei de una forma que no hizo con Bullrich, sino en las que redobló sus ataques contra el radicalismo, centrados fundamentalmente en las figuras de Morales y Lousteau, sumando además una ofensiva contra el jefe de gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta. Si había alguna chance de que la "neutralidad" anunciada fuera realmente tal, las declaraciones de las últimas horas parecen inclinar al fiel de la balanza hacia la opción que representa Massa, aunque esta no se haga explicita en el caso de muchos referentes.

Como es lógico, el ministro-candidato buscó capitalizar estas peleas e internas opositoras, buscando patentizar el contraste entre la unidad que exhibe su espacio con relación a su candidatura y el descalabro de Juntos por el Cambio y el propio espacio del libertario. Las imágenes de las últimas horas muestran un Massa ya no solo competitivo sino con amplísimos márgenes de maniobra y una centralidad -por ahora- indiscutida como nuevo líder del peronismo. Obviamente, todo ello habrá de revalidarse el próximo 19 de noviembre.

Lo cierto es que más allá de aprovecharse hábilmente de esta coyuntura para salir a buscar votantes radicales desencantados con el acuerdo precipitado por Macri con un Milei que desde hace tiempo viene fustigando al centenario partido, la competitividad y centralidad que Massa ha venido consiguiendo se debe también a una hábil estrategia de campaña. Así, aprovechó al "Milei presidenciable" que emergió tras las PASO para, a la manera de un ilusionista, transformar radicalmente el terreno de la contienda: logró desplazar la disputa cambio-continuidad, en la que tenía mucho para perder, para convertirse en el único opositor en condiciones de evitar el "peligro" de un gobierno de Milei.

Y el libertario, no solo con varios errores no forzados que proyectan cierta imagen de caos y delirio, pareció sucumbir ante ese "truco". A tal punto que quedó a merced del "abrazo de oso" de un Macri que, bajo la promesa de ofrecerle gobernabilidad, vuelve a levantar la dicotomía kirchnerismo-antikirchnerismo que ya no parece gravitar.

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