Editorial
Espejitos de colores
Por Gonzalo Arias
La consolidación de los oficialismos locales no es más que la confirmación de que el "efecto cancha inclinada" sigue teniendo gran actualidad.

El "superdomingo" electoral un tanto devaluado por las consecuencias del fallo de la Corte Suprema que obligó a la suspensión de los comicios a gobernador en Tucumán y San Juan, arrojó un contundente triunfo de los oficialismos justicialistas en Salta, La Pampa y Tierra del Fuego.

Victorias que si bien eran previsibles no sólo fueron festejadas por diversos referentes del oficialismo nacional sino que parecen haber sido interpretadas como una bocanada de aire fresco para un gobierno agobiado por una crisis que no da tregua y jaqueado por las disputas internas que demoran el armado nacional a escasos 40 días del límite legal para la inscripción de candidaturas.

Si bien era esperable que después del 8,4% de inflación, la corrida cambiaria y el sorpresivo fallo de la Corte Suprema, el oficialismo celebrara los resultados como una señal positiva y relativamente optimista, las reacciones fueron un tanto desmedidas. "El peronismo se consolida con fuerza en todo el país" exageró el jefe de Gabinete, Agustín Rossi, mientras el presidente Alberto Fernández hacía llegar efusivas felicitaciones a los triunfadores de la jornada electoral.

Lo cierto es que en el marco de un calendario electoral muy extenso, los resultados confirmaron una tendencia, que no es nueva: los oficialismos provinciales ganan. Y ello sucede pese a que en el contexto actual la imagen del gobierno nacional cae estrepitosamente empujada por la galopante inflación, la inestabilidad creciente y la aceleración de la crisis.

En el marco de un país en el que 18 provincias tienen reelección por uno o dos mandatos y tres provincias tienen reelección indefinida de sus gobernadores (Santa Cruz, Catamarca y Formosa), la tendencia indica entonces que los resultados electorales en las provincias siguen mostrando muchas más continuidades que rupturas.

Hace ya algunos años (2012) este fenómeno fue objeto de un interesante trabajo de Luis Schiumerini y María Page para el Cippec, que con el sugestivo título "El efecto cancha inclinada", analizaba las ventajas oficialistas en las elecciones de gobernador desde 1983, dando cuenta de que fruto de las importantes ventajas de la situación institucional; las elecciones fueron perdiendo competitividad y la posibilidad de alternancia en muchos distritos se volvió cada vez más remota, aún con resultados nacionales de signo contrario.

Por ejemplo, en 1999, cuando el peronismo perdió la elección presidencial a manos de la Alianza, en provincias como Entre Ríos, Santa Fe, Corrientes, Jujuy, Salta, La Pampa, San Luis y Formosa (donde gobierna el peronismo desde 1983) el justicialismo retuvo las gobernaciones. Es más, ese mismo año en que Duhalde perdía la presidencia a manos de De La Rúa, Juan Manuel De La Sota desplazaba al radicalismo en el gobierno de la provincia de Córdoba, que sigue en manos peronistas hasta hoy.

En este marco, hacer proyecciones nacionales a partir de resultados provinciales no solo parece apresurado, sino a todas luces equivocado. Más aún, cuando resulta evidente que el calendario anticipado responde a la estrategia explicita de los líderes territoriales de "provincializar" las elecciones frente a la alta incertidumbre nacional.

Así las cosas, con casi 5 millones de votantes (un 13,16% del padrón nacional) habilitado a pasar por las urnas, es posible adelantar algunas hipótesis que habrán que seguir contrastándose con la realidad durante estos meses venideros.

En primer lugar, que la consolidación de los oficialismos locales no es más que la confirmación de que el "efecto cancha inclinada" sigue teniendo gran actualidad.

En segundo lugar, que resulta evidente hasta hoy la escasa y/o muy limitada influencia de los precandidatos presidenciales en las campañas provinciales y, por ende, en los resultados. Si bien se registraron visitas y actividades con figuras nacionales, las referencias nacionales estuvieron ausentes en la gran mayoría de las estrategias y narrativas de campaña.

En tercer lugar, que se torna cada vez más evidente la limitación que encuentra el espacio libertario que lidera Javier Milei para conseguir inserción territorial y construir equipos con carácter federal. En lo que va del calendario electoral, o bien sus candidatos estuvieron ausentes o muy relegados de los primeros lugares.

Y, por último, que asoma una señal de alerta para la dirigencia política en general, la que tiene que ver con una preocupante tendencia a la baja en los niveles de participación ciudadana: en las ocho provincias que ya eligieron gobernador cayó la asistencia de votantes respecto de 2019.

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