Editorial
Efecto espejo
Por Gonzalo Arias
La oportunidad cierta de conquistar el poder en 2023 parece actuar como una fuerza centrífuga en JxC. La interna permanente pareciera estar provocando una suerte de "efecto espejo" en la principal coalición opositora.

 A pocos meses de una nueva elección presidencial -la décima desde el retorno a la democracia- la incertidumbre y la volatilidad parecen hegemonizar el escenario preelectoral: fragmentación, dispersión, y reglas de juego poco claras -como lo que plantea el debate de las PASO- son algunos rasgos salientes de este proceso en ciernes. Mientras el país atraviesa una crisis económica y social inédita por su profundidad, muticausalidad y persistencia en el tiempo, la crisis de representación parece haber retornado el centro de la escena, y se manifiesta en la cada vez más notoria brecha que separa las agendas de la clase dirigente y las preocupaciones y demandas ciudadanas.

No estamos, cabe aclararlo, ante un escenario de impugnación generalizada como el que se materializó en 2001 bajo la consigna "que se vayan todos". Sin embargo, las actitudes de una dirigencia política que continúa procrastinando, encerrada en lógicas endogámicas, mezquindades y luchas de ego, sumadas al patrón generalizado de frustración de las expectativas y al pesimismo reinante, que se traduce en emociones como la tristeza, el desasosiego y el enojo, tienen aún la potencialidad de desatar una "tormenta perfecta".

En este marco, preocupa la tendencia fratricida de los principales espacios que han venido estructurando la dinámica política -y electoral- en los últimos años. Las disputas internas, las desconfianzas, los recelos y desavenencias se han convertido ya en la realidad casi diaria tanto en el espacio del oficialismo como en la principal coalición opositora.

Conforme la interna del Frente de Todos se recalienta de la mano de los realineamientos que se produjeron tras la reaparición de Máximo Kirchner afirmando que Cristina no será candidata y la confirmación por parte del albertismo de que el proyecto reeleccionista continua su marcha, en Juntos por el Cambio también se profundizan las diferencias y la interna se disputa ya "a cielo abierto". Parece una flagrante contradicción: la potencial dispersión del oficialismo, en un escenario de altos niveles de desaprobación de la gestión del gobierno y una crisis que golpea duro en el bolsillo de los ciudadanos de a pie, debiera ser un incentivo para la búsqueda de una unidad opositora que podría fungir como el gran impulsor de una victoria en 2023. Sin embargo, estas lógicas racionales no operan en un país sumido en la más profunda decadencia.

Por el contrario, la oportunidad cierta de conquistar el poder en 2023 parece actuar como una fuerza centrífuga en JxC. La interna permanente y la potencial fragmentación del oficialismo pareciera estar provocando una suerte de "efecto espejo" en la principal coalición opositora, donde la belicosidad y el clima de crispación es inocultable.

Los últimos días parecen haber acelerado esta tendencia. Y no sólo en la relación entre los partidos que integran el espacio, sino también hacia el interior de ellos. Las diferencias a la hora de votar el Presupuesto 2023 y las negociaciones unilaterales que varios referentes de la UCR y el PRO sostuvieron con el oficialismo, los pirotécnicos discursos durante el acto radical en Costa Salguero, con fuertes críticas de Morales y Lousteau a Mauricio Macri, las críticas de Cornejo a la conducción partidaria, el coqueteo de Macri con una posible candidatura o con su pretendida condición de arbitro de la interna, la feroz pelea entre Rodríguez Larreta y Bullrich, la "guerra" desatada por la sucesión en la jefatura de gobierno porteña, son sólo algunos de estos síntomas que coadyuvan a la fragmentación.

Sólo este cuadro de situación puede explicar cómo un presidente con casi el 70% de desaprobación puede estar pensando en una reelección y un oficialismo que no pudo dar cuenta de las expectativas generadas en torno a su promesa de dejar atrás la "pesada herencia" macrista, todavía pueden estar pensando en un escenario electoral abierto. Massa, mientras tanto, busca seguir ganando tiempo, y con su tradicional optimismo cree que cumpliendo las metas del FMI y bajando modestamente la inflación, puede llegar a ser una opción competitiva. Otros actores en esta contienda que muestra una notable caída de la polarización, se frotan las manos: es el caso de Javier Milei, quien parece haber entendido que el silencio es hoy para él lo más redituable en términos de posicionamiento electoral.

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