Editorial
Con inflación no se puede, con desinflación no alcanza
Por Gonzalo Arias
La reactivación no solo no llega sino que promete, de materializarse en gran escala, ser muy desigual sectorialmente.

Javier Milei ya recorre el segundo tramo de un mandato tan vertiginoso y volátil como plagado de incertidumbres que aún no logran despejarse.

Paradójicamente, comienza su "segundo tiempo" mucho más ordenado y empoderado en lo político, una dimensión que en 2024 y 2025 padeció en un doloroso "vía crucis" de mala praxis, errores no forzados, improvisaciones y excesos de confianza. Hoy, tras la contundente y sorpresiva victoria electoral en las legislativas, el crecimiento exponencial en la representación parlamentaria, la profunda crisis del peronismo y de la oposición en general, y un aun importante nivel de apoyo a su gestión, el gobierno libertario encara un 2026 que políticamente luce aún más favorable que durante aquellos tiempos de "luna de miel" de fines de 2023 y principios de 2024.

No sucede lo mismo en una economía que, hasta el primer salvataje del FMI, era el eje de la auto celebración libertaria y de un presidente que se auto candidateaba al Nobel de economía. En una Argentina atravesada por las profundas contradicciones, históricas complejidades y debates nunca saldados ante las recurrentes oscilaciones pendulares, ¿cómo se explica, entonces, que no solo ante un modelo económico que da cuentas de muy pocos "ganadores" y muchísimos "perdedores", sino incluso frente a un panorama que ofrece pocos indicios virtuosos para la inmensa mayoría de los argentinos, el gobierno -y Milei- mantenga altos niveles de apoyo?

Más allá de los dos reversos de la misma moneda que configuran la crisis opositora y la fortaleza oficialista, indudablemente hay un dato de la economía que no solo apuntala -al menos por ahora- al gobierno sino que mantiene relativamente a flote las expectativas de importantes sectores de la población: el proceso de desinflación. Mientras en el 2023 la inflación anual había cerrado en 211,4% y en 2024 en 117,8%, el 2025 acaba de cerrar con el último dato de diciembre relevado por INDEC en un 31,5%.

Si bien es cierto que desde junio del 2025 (1.6%) el indicador de precios que refleja esencialmente el costo de vida viene en alza por 7 meses consecutivos -pese a las promesas de Milei de colapsar hacia cero-, en términos interanuales configura la inflación más baja en los últimos 8 años. Lo cierto es que estos datos no solo configuran una de las principales fortalezas de la gestión Milei, sino que al operar -racional o emocionalmente- como una suerte de espejismo estabilizador, permiten transitoriamente disimular déficits y carencias que inevitablemente habrán de tornarse, más temprano que tarde, cada vez más evidentes en lo que respecta a los salarios, el poder adquisitivo, el consumo y la producción.

Es que más allá de algunas perspectivas más auspiciosas en sectores como el agro, la minería, la energía o la intermediación financiera -todas de baja demanda de empleo intensivo-, la reactivación no solo no llega sino que promete, de materializarse en gran escala, ser muy desigual sectorialmente y con un "derrame" muy limitado al grueso de los argentinos que ya no pueden ajustar más su cinturón.

Un panorama que se ensombrece incluso en lo que respecta a las perspectivas inflacionarias para este 2026, con un arrastre que seguramente condicionará los números del primer trimestre del año, sabiendo que siempre enero y febrero son estacionalmente difíciles para los precios. Por lo pronto, según diversos relevamientos privados en los primeros días de enero se produjeron subas importantes en productos de consumo masivo, a lo que se suman los precios regulados como los de electricidad, gas y transporte en el AMBA. Todo ello en un contexto en donde, además, hará su debut una nueva metodología de medición. Por ello, a solo 15 días de comenzado el año, estimaciones privadas ya hablan de una inflación apenas menor a la de este año, es decir, tres veces superior a la prevista en el presupuesto aprobado en el Congreso.

Otro frente que asoma con fuerza es el de la deuda. Si bien el gobierno logró hacer frente a los vencimientos de enero sin grandes sobresaltos, voces del establishment financiero (como Morgan Stanley) vaticinan un escenario más complejo para el segundo trimestre, donde la necesidad de dólares se vuelve más intensa y no hay certezas de que el gobierno tenga las herramientas para cubrir los montos que podrían faltar ante la falta de fuentes genuinas de divisas. En otras palabras, persiste la cautela en relación a la sostenibilidad del programa económico y la capacidad argentina para evitar un default.

Incertidumbre que, evidentemente, explica en gran medida porque no baja el riesgo país a niveles aceptables como para encarar el roll over de la deuda. En este sentido, los más de 500 puntos de Argentina contrastan con los198 de Brasil, los 132 de Perú y, mucho más aún, con los 91 de Chile o los 70 de Uruguay.

Como si fuera poco, Milei parece haber apostado "all in" a los Estados Unidos o, más concretamente a Trump, en la nueva mesa donde se reconfigura la geopolítica global. Una apuesta de riesgo, no solo por las conocidas fluctuaciones y cambiantes obsesiones megalómanas del presidente estadounidense, que impactan en prioridades que cambian constantemente en su puja con China y Rusia (en su momento Ucrania, ayer Argentina, hoy Venezuela y la inmigración en Estados Unidos, mañana probablemente Groenlandia, o quien sabe que más), sino incluso por el hecho de que Trump posee hoy los índices de popularidad más bajos de sus dos mandatos, lo que podría forzarlo a abrazar nuevamente el America's First, retrayendo potenciales inversiones en el extranjero y aplicando con más dureza políticas proteccionistas en un escenario donde nuestro país se abre indiscriminadamente.

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