El cordobés se mostró zigzagueante en el último mes y medio. Desde el acercamiento a la Nación vía Santilli, al abrazo con Massa, el enigma por las PASO y la relación con Schiaretti. Todo en un cóctel que propios y extraños no terminan de digerir. |
"El peronismo nacional quiere ver qué va a hacer con las PASO. Ahí va a estar la clave para entender cómo y con quién quiere jugar". La frase la soltó un dirigente del PJ nacional con terminales aceitadas en Córdoba y del que habla es, ni más ni menos, que del gobernador cordobés, Martín Llaryora. Los zigzagueantes movimientos en pocas semanas le dieron al heredero del cordobesismo una centralidad que, al mismo tiempo, lo convierte en el foco de numerosas teorías conspirativas acerca de qué le deparará el fangoso escenario del 2027.
En un puñado de semanas, Llaryora pasó de explorar un pacto con la Nación vía el jefe de Gabinete, Diego Santilli, para asegurar la reelección propia en Córdoba y colaborar para el segundo mandato de Javier Milei; al cálido abrazo con Sergio Massa en el acto por De la Sota; y de ahí a un contacto con Luis Juez que el propio senador blanqueó de manera pública en una actividad con la Furp.
Cierto es que en la política la clave está en que nadie, ni siquiera tu entorno sepa tus movimientos y menos tus objetivos. Pero acá, y frente al 2027 electoral, esa falta de previsibilidad obliga a propios y extraños a ponerle un asterisco en el casillero de la confianza al cordobés.
Después del encuentro con Massa y Jorge Brito en Buenos Aires, en la actividad que organizó Candelaria de la Sota y a la que también asistió el exgobernador Juan Schiaretti, Llaryora volvió a territorio mediterráneo y apuró una foto con Hernán Lacunza, el integrante del directorio del Banco de Córdoba que Macri parece haber apagado de la pelea presidencial.
Ese sólo gesto motivó varias preguntas en el massismo que ya olfatean, por lo bajo, como un acuerdo entre el cordobesismo y Casa Rosada para que el diputado Gabriel Bornoroni no compita en la contienda provincial 2027. Teoría de la que los libertarios en Córdoba se ríen y respaldan con los recientes arribos de Shariff Menem e Iñaki Gutiérrez para la batalla digital.
Igual, así como el massismo observa la chance de un pacto entre El Panal y Balcarce 50; al schiarettismo lo llenó de dudas el encuentro prolongado en Buenos Aires entre el propio Llaryora y Juez. Reunión que el senador blanqueó y que también inquieta a los libertarios puros que arman debajo de Bornoroni. "¿Qué se podía esperar de Juez? Es peronista", tiran con desprecio, en un análisis que entusiasma al radical Rodrigo de Loredo. En medio de esa disputa por viejos rencores que existen entre el verborrágico senador y el radical que se quedará con el control de su partido en la provincia.
Para peor, en el schiarettismo tampoco cayó bien la chance de una Paso que Llaryora tantea con el santafesino Maximiliano Pullaro y el chubutense Nacho Torres, revelada en exclusivo por LPO. Esta semana, un funcionario de la primera línea del cordobesismo reconoció a LPO que "Llaryora va a llamar a votar en abril. En la cabeza de él está ganar bien y ese mismo lunes lanzarse". "¿Al 2027?"-consultó LPO-; "lanzarse", cerró la fuente.
Lo que alimenta la chance de correr del tablero de presidenciables nacionales a Schiaretti e irrita a la línea fundadora del modelo. Tensión que se suma, además, a la pelea por las bancas en el Congreso y el control de la lapicera.
Llaryora, Pullaro y Nacho Torres no descartan armar una primaria para presidente
Con Llaryora votando en el primer cuatrimestre del 2027, cerca del mandatario creen que se quedará con la lapicera para armar la fórmula por la intendencia cordobesa y los dos tramos al Congreso: Senado y Diputados.
Nadie lo va a admitir públicamente, pero el actual gobernador está harto del doble comando en el Congreso y de la interconsulta que antes de cada votación hacen algunos en el despacho de Schiaretti en la Cámara baja. Por lo que, marginarlo de la pelea nacional genera una fricción generacional que está viendo sus primeros brotes rumbo al año próximo.
Más aún cuando desde El Panal disparan, encuestas en mano, que Schiaretti le parte más el voto a Milei que al PJ nacional. Con lo cual, no sería rentable para el economista incluir al caudillo cordobés en la paleta de candidatos de una avenida del medio.
Por las dudas, en el schiarettismo se guardan todas estas cartas, de manera sutil dicen que les preocupa una ‘kirchnerización' del cordobesismo y van haciendo lugar en el talonario de facturas: para la suspensión de las Paso, el schiarettismo tiene los votos y las bancas; y están los que creen que, para la reelección de Llaryora, también.
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