Córdoba
El TMAP de Llaryora
Por Gabriel Silva
Una oposición local huérfana y encorsetada por los gestos de Provincias Unidas, un escenario nacional imprevisible y una elección como la bonaerense que dejará heridos por todos lados.

Desde sus tiempos de intendente de San Francisco, en el extremo este del interior cordobés, Martín Llaryora suele alternar la agenda entre la gestión y la política. Más aún en un año electoral y donde, concretamente, el entorno de funcionarios más cercanos repite por estas horas uno de los mantras del llaryorismo: de día la gestión, de noche la política. Por eso, no es raro que repartan tiempos con actividades en el interior, actos con sindicalistas, reuniones con intendentes de todos los partidos, a su estilo, y 24/7, Llaryora no quiere dejar nada librado al azar.

Sencillamente porque cuando juega lo hace a fondo y porque, a diferencia de su antecesor Juan Schiaretti, le gusta dar todas las batallas, también aquellas que no lo tienen como protagonista. Entra, muestra tentáculos en todas las discusiones, incluso en las peleas sin la política tradicional en la superficie del objetivo y, cuando le interesa, se nota.

Y a esa dosis de un trabajo que roza lo obsesivo, también para varios de los que están en su gabinete, le incorpora algunas grajeas de fortuna con las que necesita contar todo político. "La ve antes, pero mucho antes", como le dijo un ministro a LPO en los últimos días en referencia a la creación de Provincias Unidas, hasta ahora, y por fuera del escándalo audios, el vector novedoso del tablero electoral nacional.

Con un kirchnerismo víctima de su propia grieta, preocupado por lo que pueda ocurrir este domingo y ponderando posiblemente, incluso más ese escenario que el de octubre; y un elenco libertario tragicómico, sin relato ni batalla cultural que aguante el desastre microeconómico y en pleno revoleo de carpetas, el esquema de los gobernadores muestra músculo. Es novedoso.

Esquema del que Llaryora ya hace un usufructo en el plano local y del que empieza a ver el rédito a partir de la notable orfandad de la oposición en Córdoba. Con Luis Juez y Rodrigo de Loredo fuera de la entente libertaria, el sello nacional en manos de un imprevisible pero más dócil para El Panal como Gabriel Bornoroni, el gobernador ya escribe el primer capítulo de su propio TMAP (Todo Marcha de Acuerdo al Plan).

El manual con el que Santiago Caputo creía dominar el relato libertario y el ADN de la batalla cultural, pero al que le faltó un enorme sustento político; Llaryora le hizo su propio copyright y lo reescribe.

El cordobés aprovechó el proceso electoral nacional junto a otros gobernadores para perfilar su armado político local. El que evidenció de manera más profunda cuando observó cómo la oposición no pudo sintetizar un armado más homogéneo similar al del 2021, un esquema para enfrentar al cordobesismo que critica de manera tan asidua como doméstica. Local.

En ese laberinto, enredados en sus propias internas y también por las que les hizo germinar el peronismo, la dirigencia territorial de la UCR cordobesa hoy busca más terminales afuera de lo escaso que puede ofrecer el menú provincial. Sencillamente porque De Loredo está groggy, las críticas a Milei llegaron con delay y se desentiende, incluso, de las discusiones parlamentarias; y porque Mestre intenta hasta donde puede y su capital -político, no económico- se lo permite.

Casi con la seguridad para muchos de que el objetivo real de Mestre era sacar de la escena 2025 a De Loredo y lo cumplió. Lo que venga, si es que llega, cae de arriba.

Con lo cual no es raro que los intendentes arropados por el cordobesismo y bajo la siempre condicionante promesa de recursos consigan lo que ningún otro palenque pueda dar: fondos, obras. ¿Cómo? Una parte antes y el resto después de octubre. "E' lo que hay", tal se dice desde hace años en Córdoba, mucho antes de que Milei instalara el "no hay plata".

Y a esa desesperación de la caciqueada que tiene la UCR cordobesa se le agregará en los próximos días un ingrediente inquietante como el desembarco de los gobernadores Maximiliano Pullaro o Gustavo Valdés para foto con sus verdaderos aliados en Córdoba como lo son Schiaretti y Llaryora. Los votos eligen a los votos; el poder siempre va a poner por delante de la ideología, al poder. Simple.

Entonces, en la continuidad del TMAP, con el corset de Provincias Unidas el radicalismo municipal termina seducido por Llaryora y lejos de la dirigencia cordobesa, hoy más atenta a cómo se desenvuelve la tensión entre De Loredo y Marcos Ferrer. Para analizar, además, si después de octubre el intendente de Río Tercero quiere reclamar acciones en una sociedad que siempre le resultó desfavorable y con un 2027 que pedirá actualización de CV para ambos.

Por su parte, la violencia del capítulo Gordo Dan contra Juez también encierra un viento de cola favorable para el heredero del cordobesismo. El torpe ataque del troll libertario fue alertado primero por el gabinete llaryorista que salió rápidamente a solidarizarse con el senador, y muy tarde por los que hasta hace unos meses eran aliados del verborrágico parlamentario. De los aliados actuales, ni noticias. El miedo y la duda paralizan a la troupe de Bornoroni que hace más de una semana no sabe cómo afrontar el escándalo de los audios, por eso no dan notas.

El círculo para Llaryora se cierra con la foto del peronismo cordobés. Schiaretti, finalmente aceptó una candidatura que, junto al esquema de Provincias Unidas serán el plafón del microclima cordobés y la zanahoria del escenario presidencial para el exgobernador. Sumado a una conformidad que el actual gobernador nunca admitirá, pero le agrada: esta generación convenció a la Vieja Guardia de enterrar conceptos como cordobesismo o avenida del medio, terminología prácticamente archivada por el schiarettismo.

En el debe queda la guerra de apellidos ilustres y cómo será el impacto del Schiaretti vs. Natalia De la Sota en boletas separadas. Sortear esa grieta entre el bronce del modelo y la hija del exgobernador, también dueño de la receta será determinante para el control de daños en el corazón del PJ mediterráneo y ese delgado equilibrio entre abrir las clavijas para la expansión nacional con el radicalismo como aliado y reforzar el alambre del fondo para que no ingrese otro peronismo que ponga en riesgo la continuidad.

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