Editorial
De Loredo cayó en la trampa
Por Gabriel Silva
En la que le tendieron en ambos extremos de la grieta cordobesa Llaryora, que le sigue comiendo elecciones y organismos ganándole en la rosca; y Juez, que lo incomoda con la obligatoriedad a jugar si o sí en el 2025. En el medio, aún no resolvió la interna UCR y se ganó un nuevo enojo de los gobernadores radicales.

Finalmente, parece que Rodrigo de Loredo cayó en la trampa. Esa que le tendieron, de un lado, el gobernador cordobés Martín Llaryora; del otro, y en la oposición, el senador y socio circunstancial, Luis Juez. Ambos, a sus modos, con sus tiempos y lógicas en cada uno de los extremos de la grieta cordobesa supieron ir acorralando al jefe del bloque UCR en Diputados después de un semestre difícil para quien lucía como la esperanza blanca del radicalismo cordobés.

El generador de la expectativa a futuro y el hombre llamado a encausar años de internas, fricciones y tensiones que vivió hacia adentro la UCR cordobesa con un solo beneficiado: el PJ que se retroalimentó de la eterna tensión radical, amparada y sobrevalorada como el necesario ejercicio democrático del radicalismo mediterráneo.

El primer semestre 2024 de De Loredo se resume en el destrato del multiverso Milei desde el arranque de la discusión con la rápidamente extinta Ley Ómnibus en el verano, que ni siquiera la garantía de compromiso por Ley Bases pudo revertir. Por izquierda y por derecha, el titular de la bancada radical se convirtió en el blanco predilecto de los propios, pero también en el destino favorito de cada dardo libertario.

Por fuera de los imponentes muros del Congreso las noticias en Córdoba para De Loredo tampoco fueron buenas. Menos en el último tiempo. En semanas, quedó entre los apuntados por la derrota del radicalismo en Río Cuarto, aunque cierto es que Gonzalo Parodi, candidato en el sur provincial, bloqueó los arribos del diputado en campaña, pero esa derrota complicó las dos próximas postas que tenía el año radical: la pelea por la Defensoría del Pueblo y el control del partido con la interna de septiembre.

Las chances en el organismo se esfumaron para De Loredo y gente del intendente riotercerense Marcos Ferrer cuando Llaryora puso la rosca en funcionamiento y él mismo se hizo cargo de una serie de movimientos que se produjeron en el seno de la Defensoría. Hoy, el organismo con más presupuesto que tiene el radicalismo cordobés pero que, paradójicamente, sigue controlando el peronismo.

Sin Río Cuarto ni la Defensoría del Pueblo, los fantasmas en la puja por el partido vuelven a asomar para el deloredismo. El mestrismo se envalentonó; y el llaryorismo, en sus ansias por engordar un ‘Partido Cordobés' con más nombres que títulos, también va a incidir. Porque si hay una diferencia central entre Llaryora y su antecesor Juan Schiaretti, es que al caudillo peronista le gustaba observar las internas de otros partidos con algunos operadores parados en la puerta; al heredero del cordobesismo lo divierte más entrar.

A todo esto, hay que agregar otro factor en el tablero. Mario Negri volvió a ser noticia esta semana por llegar a la silla radical de la AGN en una nutrida junta de firmas que incluyó a varias de la Cámara baja, menos la de De Loredo. No obstante, esto no evitó el enojo de los gobernadores radicales que creían, sobre todo Alfredo Cornejo, que ese lugar debía ser para la mendocina Pamela Verasay.

La tensa calma fue motivada porque no hubo quórum para un Zoom de gobernadores a raíz de la sabida ausencia del correntino Gustavo Valdés en medio del Caso Loan. Igual, agosto puede traer novedades en el bloque porque en las provincias le quieren recordar a De Loredo por qué llegó a la presidencia del bloque y además entienden que Negri pasó en medio de un acuerdo por no embarrar la interna cordobesa.

Con Juez como otro ingeniero de la trampa a De Loredo, la reaparición pública en forma conjunta esta semana en Córdoba evidenció más necesidad del radical que del senador por la foto. Una reacción casi como la de un hermano mayor que va al rescate.

Aunque no tan rápido. A los juecistas les gusta recordar que para pensar en futuras alianzas De Loredo tendrá que llegar con la llave de la UCR, algo que todavía no consiguió. Pero, además, con mucha picardía en el Frente Cívico reiteran que el único apurado a correr la carrera electoral el año próximo debe ser De Loredo. A Juez le quedan dos años más en el Senado y aspira más a ser jefe de campaña que candidato.

Un riesgo mutuo cuando sea el momento de escudriñar el resultado y con el mapa del calor de todos los recorridos en la mano, radicales y juecistas discutan si la victoria o el traspié responda más a la presencia del diputado o a la del senador. Análisis que, sin dudas, tendrá impacto en la puja provincial 2027 frente al PJ cordobesista.

Todo esto pasa por la cabeza de De Loredo en los últimos días. Mientras, el peronismo se reclina en el sillón y sabe que aún le quedan dos despachos más para seguir conversando con la oposición de manera fragmentada: una vacante en el Tribunal Superior de Justicia y un lugar en el recientemente creado Ministerio de la Defensa.

Juez, en tanto, seguirá cambiando la piel. El anfibio de la política cordobesa sabe que en este tipo de contextos de crisis crece, que tener fijado el chat con Milei, por ahora, es una ventaja y que la disgregación del PRO, como los riesgos de idéntico diagnóstico que padece la UCR, pueden ser capitalizados tanto por él como por Llaryora. 

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