LGBTI
Vox apela al "homonacionalismo" para reforzar su discurso contra los inmigrantes
Olona usa al colectivo LGBTI para atacar la política migratoria y se suma a una estrategia que ya aplican otras formaciones de extrema derecha en Europa. Pero el partido de Abascal se opone a los derechos de la diversidad sexual.

 Macarena Olona encontró la forma de reforzar el discurso antiinmigración de Vox y, al mismo tiempo, ensayar un guiño retórico al colectivo LGBTI. "Nunca en España una persona homosexual anduvo por nuestras calles con tanta inseguridad como existe actualmente. Esta inseguridad está directamente relacionada con la política de fronteras abiertas y el ‘efecto llamada'", lanzó la candidata a la Junta de Andalucía durante el primer debate. Con esa asociación, el partido ultraderechista acaba de fabricar un nuevo antagonismo para explotar en campaña.

Al igual que otras formaciones de extrema derecha en Europa, Olona apeló al llamado homonacionalismo, un concepto de la teórica estadounidense Jasbir Puar que, con una visión crítica, apunta al uso de los derechos LGBTI para confrontarlos con las concepciones ultraconservadoras de la cultura islámica. Si se da un paso más, el homonacionalismo podría justificar políticas restrictivas hacia la inmigración, que es lo que Vox promete a sus votantes.

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Cuando Iván Espinosa de los Monteros se refiere a "bandas de ladrones árabes" -como hizo durante la final de la Champions en París-, no solo está promoviendo un mensaje xenófobo, sino que está planteando un "choque de civilizaciones". De hecho, lo hizo de forma explícita en septiembre pasado, al declarar que "los gays saben que pueden pasear más tranquilamente por las calles de Varsovia o de Budapest que por las de Molenbeek (Bruselas) o algunas del centro de Madrid", ya que "las élites izquierdistas" se encargaron de "llenar las calles de inmigrantes".

Vox ya no liga únicamente inseguridad y migración: ahora lo lleva al plano del ataque a los "valores occidentales", en los que incluye a conveniencia las demandas del colectivo LGBTI, pese a que la ultraderecha española no pierde oportunidad de boicotear iniciativas, leyes y declaraciones sobre la diversidad sexual en el Congreso de los Diputados, los parlamentos autonómicos y la Eurocámara. Pero detrás de cada declaración se esconden las verdaderas intenciones. Espinosa de los Monteros se refirió a Budapest y Varsovia por las políticas xenófobas que defienden Viktor Orbán y Ley y Justicia, que también vienen limitando cualquier expresión que desafíe la tradición cristiana y el modelo de familia heterosexual.

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Tras los dichos de Olona, la organización KifKif, que aboga por la integración de los refugiados y solicitantes de asilo LGBTI en España, recordó que, según las estadísticas, "la mayoría de las agresiones son cometidas por nacionales", mientras que los migrantes LGBTI son más susceptibles de sufrir racismo y discriminación por orientación sexual o identidad de género. Hasta el momento, Vox nunca había intentado instalar con fuerza las premisas del homonacionalismo. 

Votan en contra de los derechos del colectivo LGBTI y de las mujeres a conciencia. La contradicción está en su seno, dicen una cosa y hacen otra

La raíz católica y la prédica por los valores tradicionales, la familia y la españolidad emparentan más a Vox con Orbán y con los polacos de Ley y Justicia que con otras fuerzas de extrema derecha que han intentado compatibilizar el discurso intolerante con una concepción paternalista hacia las personas del colectivo. Marine Le Pen prometió en las últimas presidenciales francesas que, en caso de ganar, no derogaría el matrimonio igualitario, como sí lo había insinuado en 2017. Sin embargo, es apenas un caso destacado.

Uno de los pioneros fue el diputado holandés Geert Wilders, fundador del Partido por la Libertad, quien aseguró que "la libertad que deberían tener los homosexuales es exactamente contra lo que lucha el islam", luego del atentado contra el club gay Pulse en Orlando, en junio de 2016, a manos de Omar Mateen, un joven que reivindicaba al Estado Islámico. El hecho alimentó la narrativa de Wilders y de cierta forma la de Donald Trump, que durante su presidencia sacrificó los ataques de la derecha tradicional republicana a los derechos LGBTI en pos de su cruzada contra los inmigrantes de países musulmanes.

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"Hace tiempo que la extrema derecha trató de salir de la marginalidad y adoptar determinada retórica y un ideario pretendidamente liberal. Esto se enmarca dentro de lo que se denomina la racialización de la política sexual, que atribuye los problemas de machismo y homofobia a las personas extranjeras. En Europa se hace con quienes vienen de países de África y Oriente Medio, para meter la religión islámica en el medio. Es una manera de etnonacionalismo, de racismo, que es pura estrategia", dice a LPO Miquel Ramos, autor del libro Antifascistas.

Trump sostiene una bandera del colectivo LGBTI en octubre de 2016, durante un acto de campaña a las presidenciales.

Olona también ha intentado acercarse a las mujeres en esta campaña, aunque rechazando la agenda del movimiento feminista y de las iniciativas del Ministerio de Igualdad. Rocío Monasterio recurrió una vez más a los menores extranjeros no acompañados para explicar el temor que sienten las mujeres y los homosexuales en España. La candidata en Andalucía y la diputada madrileña fueron las primeras dirigentes de Vox en incorporar el feminacionalismo y el homonacinalismo. Por su puesto, se trata de una cáscara vacía. 

Olona también ha intentado acercarse a las mujeres en esta campaña, aunque rechazando la agenda del movimiento feminista y de las iniciativas del Ministerio de Igualdad. Rocío Monasterio recurrió una vez más a los menores extranjeros no acompañados para explicar el temor que sienten las mujeres y los homosexuales en España

El experto en la ultraderecha española sostiene que el discurso y la práctica de Vox son incompatibles. "Votan en contra de los derechos del colectivo LGBTI y de las mujeres a conciencia. La contradicción está en su seno, dicen una cosa y hacen otra. El votante de Vox concibe que la mejor defensa de las mujeres es echar a los inmigrantes, como si fueran los que trajeron el machismo y la homofobia, como si no hubiera existido nunca en Europa", explica. "El racismo biológico es renovado por los grupos de extrema derecha: ahora es racismo cultural", subraya.

Esa dualidad ya es una constante en Vox. Santiago Abascal pidió una España "sin velos y sin acosos a nadie por su orientación sexual", aunque defiende que "el matrimonio es la unión entre un hombre y una mujer". Espinosa de los Monteros simuló una condena a la violencia homófoba, pero se lamentó de que el país pasara de "pegar palizas a los homosexuales a que ahora esos colectivos impongan su ley". La propia Olona se opuso a prohibir las terapias de "conversión" o "cura", es decir, de tortura contra las personas LGBTI.

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Los exabruptos homófobos de dirigentes del partido ultraderechista se repiten, si bien ha ido moderándolos -o al menos solapándolos- con la esperanza de atraer una porción del electorado que le es esquiva. Pablo Iglesias le respondió a Olona que "que los mayores enemigos de las mujeres y de las personas LGTBI en España es Vox y la ultraderecha". La evidencia confirma al fundador de Podemos.

El diputado holandés y fundador del Partido por la Libertad, Geert Wilders. 

Ramos asegura que la estrategia que intenta replicar Vox en España tuvo relativo éxito en Europa. "Estuvo la candidatura de Pim Fortuyn en Países Bajos, donde hacía bandera de su homosexualidad para declararse abiertamente islamófobo. En Francia, por ejemplo, Le Pen consiguió en las elecciones de 2017 casi un 40% del voto gay con el mismo discurso de Vox", indica.

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Pero los de Abascal están más cerca de Orbán y el presidente polaco Andrzej Duda que de Wilders, Fortuyn -asesinado en 2002-, Alice Weidel, líder de Alternativa para Alemania en el Bundestag y abiertamente lesbiana- y Le Pen. A los dirigentes de Vox les cuesta incluso usar la palabra gay y siempre apelan al término homosexual, cargado de connotaciones clínicas y rechazado por el propio colectivo. Vox quiere ensanchar su base, pero hablar de los "homosexuales", y menos aún para vender políticas xenófobas, no es hablarle al colectivo LGBTI. 

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