Para Pedro Sánchez la crisis de Doñana se convirtió en una oportunidad para introducir la crisis climática como uno de los principales ejes de la campaña electoral que está por comenzar. El conflicto desnuda con mucha claridad, a juicio de los socialistas, las dos posturas políticas respecto a una problemática que dejó de estar en el mediano y largo plazo: políticas públicas (Ferraz) vs. negacionismo (Génova).
Por primera vez, el PSOE pondrá al cambio climático en la agenda electoral española. La decisión tiene mucho de convicción -en el entorno del presidente de gobierno admiten su preocupación por sus efectos, naturales y económicos- pero mucho de pragmatismo.
La sequía, la pérdida de las cosechas y las altas temperaturas de la primavera -temas principales de la agenda mediática- generan cada vez más zozobra social, sobre todo en las capas más jóvenes, con mucha consciencia sobre la deriva a la que se encamina el planeta por una economía carbonizada que, pese a las promesas, no logra reducir su dependencia a los combustibles fósiles.
Este domingo, en Oporto, donde participó en un mitin en conmemoración del 50 aniversario del Partido Socialista portugués, Pedro Sánchez advirtió que el "tiempo se acaba" para actuar frente al calentamiento global y se refirió al parque de Doñana para denunciar que está "amenazado" por la "arrogancia" de quienes niegan el cambio climático, en referencia al PP.
"La socialdemocracia debe liderar la respuesta a la amenaza del cambio climático porque, si no somos nosotros, nadie más lo hará. Los partidos de derecha buscan excusas para no hacer nada. Porque cuando hablamos de cambio climático, no es sólo una cuestión de hacerlo bien, es una cuestión de actuar ahora. tiempo se acaba", alertó.
En lo discursivo, el cambio climático es desde el año pasado, cuando la ola de calor dejó la peor temporada histórica de incendios forestales, tema de interés para Moncloa.
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"Quisiera trasladar una evidencia: el cambio climático mata: mata personas, como hemos visto; también mata nuestro ecosistema, nuestra biodiversidad; y también destruye los bienes más preciados del conjunto de la sociedad que se ve afectada por estos incendios: sus casas, sus negocios, su ganado...", dijo el líder socialista el último verano en Extremadura, una de las regiones más afectadas por el fuego.
En marzo, Sánchez volvió a dar la cara en el incendio de Castellón. "Estamos saliendo del invierno y ya estamos sufriendo temperaturas propias del verano e incendios también propios del verano. El negacionismo no cabe ante esta crisis urgente, tampoco cabe ser neutral ante aquellos que son negacionistas", subrayó.
En el Gobierno se jactan de acompañar este discurso con acción. En la COP27, por ejemplo, España lideró la propuesta de crear una "Alianza Internacional contra la Sequía", un plan impulsar "la innovación, la transferencia de tecnología y la movilización de recursos" ante situaciones prolongadas de sequías.
También destaca que la península lidera la carrera por el masivo despliegue de las energías verdes. El Ejecutivo cita el ejemplo más reciente. En los últimos días, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) publicó su último informe anual sobre el mercado de energía solar.
Según este ranking, España se sitúa en el primer puesto del mundo en porcentaje de energía solar en el suministro eléctrico.
Para el movimiento ecologista, los gestos y la retórica presidencial no van de la mano con las medidas estructurales que requiere la gravedad de la crisis ecosocial.
Un ejemplo: en su defensa de Doñana, el Gobierno no tiene la reducción de los regadíos en su hoja de ruta, una medida indispensable a juicio de expertos y científicos para terminar con la sobreexplotación crónica que sufren los acuíferos.
"Se dan mensajes muy contradictorios. Entonces efectivamente el presidente del Gobierno alaba las conclusiones de la Asamblea Ciudadana para el Clima, propuestas extraordinariamente transformadoras que hablan de asumir la inevitable contracción de la economía por los límites del planeta, y a su vez se hace una apuesta, por ejemplo, por el vehículo eléctrico, que sin dudas va a ser imprescindible, pero en un modelo de transporte público y colectivo, no de coche individual. No hay minerales para transformar todo el parque de coche de combustión en eléctrico, teniendo en cuenta que estos minerales a su vez hacen falta para descarbonizar la economía y para ampliar la economía digital. Es tremendamente contradictorio", ejemplifica Yayo Herrero, antropóloga y referente del ecologismo español.
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