Pedro Sánchez es el gran ganador de la fallida sesión de investidura de Alberto Nuñez Feijóo. De no mediar ninguna sorpresa inédita, el viernes el lÃder popular no pasará la votación por mayorÃa simple y el presidente del Gobierno deberá iniciar un mes de conversaciones y negociaciones para renovar la Legislatura.
Pero, al mismo tiempo, ganó una dura batalla interna. Una más. Por lo visto, Sánchez está entrenado para este tipo de compulsas luego de su renuncia tras la abstención de su partido para facilita la investidura de Mariano Rajoy en 2016.
Luego de eso, el lÃder del PSOE recuperó la Secretaria General, consiguió los apoyos para la moción de censura y luego los votos para ganar su primera elección en 2019. Si algo sabe Sánchez es salir de laberintos que parecen imposibles pero siempre tiene enemigos internos.
Hace no menos de un mes que pesos pesados de su partido, más por nombre que por poder interno, le acusan de romper el pacto democrático y partir España por negociar una amnistÃa con los independentistas catalanes.
Felipe González, Alfonso Guerrero y muchos otros dirigentes que han sido claves en el proceso de salida de la dictadura y disfrutaron de la hegemonÃa bipartidista salieron al cruce y hasta especularon con la posibilidad de un "Tamayazo" para darle luz verde a la investidura de Feijóo.
Incluso, la vieja guardia felipista coqueteó con el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano GarcÃa-Page, logrando declaraciones explosivas que en Ferraz han caÃdo como un balde de agua frÃa. En el marco de la presentación del libro de Guerra, donde se realizaron duras crÃticas a Sánchez y DÃaz, el baron socialista ha tachado de inmoral la amnistÃa y planteó que no se puede formar un Gobierno de España "a cualquier precio".
La mirada de Sánchez en este respecto quedó plasmada con su vocero improvisado Oscar Puente cuando le pidió al PP que pierda "toda esperanza de quebrar a este PSOE que tanto les molesta".
"Puede que no sea el mismo que hace 30 años, pero no se pongan nostálgicos, si al de hace 30 años le decÃan y le hacÃan exactamente lo mismo. Aunque a alguno de los que lo dirigÃan entonces parece habérsele olvidado", dijo en clara referencia exlÃderes socialistas como Felipe González.
"Este PSOE ya se blindó contra cualquier injerencia externa en los procesos de votación. Los últimos dos diputados que estaban en venta en esta Cámara ya los compraron ustedes", ha insistido.
En el universo de los socialistas que pugnan por un pacto de estado con el PP queda la última esperanza de lograr que alguno de los diputados cambie su voto, un objetivo que parece estar destinado al fracaso. Por eso, Sánchez no sólo tiene todo para seguir gobernando España sino que cuenta con la espalda para controlar su partido y diseñarlo a su imagen y semejanza.
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