Manifestaciones en Irán
Las protestas contra el velo obligatorio en Irán le toman el pulso al régimen de los ayatolás
La muerte de la joven Mahsa Amini encendió al movimiento de mujeres. El dilema de la cúpula política y religiosa: ceder a las demandas implica abrir la puerta a una democratización generalizada del sistema.

 El régimen iraní avisó que recrudecerá la represión a las manifestaciones por la muerte de la joven Mahsa Amini y el rechazo a la imposición del velo obligatorio. Las autoridades ya habían decretado el corte de internet y reforzado el control sobre los medios de comunicación en un intento por frenar al movimiento de mujeres, pero las protestas, que se fueron extendiendo por todo el país, están por cumplir dos semanas. A los ayatolás les impresionan las imágenes que recorren el mundo: mujeres quemando sus velos en la calle, cortándose el pelo y gritando "muerte al dictador".

Hasta el momento, el régimen admite 41 muertos entre manifestantes y agentes de seguridad, aunque la ONU confirmó 76 muertes en los últimos días, y la detención de más de 1200 personas, incluida la periodista Nilufar Hamedi, la primera en informar sobre el femicidio de Amini a manos de la llamada "policía de la moral". El régimen desplegó las mismas estrategias y la misma narrativa de siempre, es decir, organizó una marcha en favor del estricto código de vestimenta al tiempo que denunciaba -sin pruebas- una conspiración alimentada desde Occidente.

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Está claro que para el presidente Ebrahim Raisi y su protector, el ayatolá Alí Jamenei, no se trata de un plan de desestabilización ejecutado por mercenarios locales, solo que esa es la única forma que tienen de presentar ante la sociedad una expresión de hartazgo generacional a los valores más reaccionarios de la Revolución Islámica. Si las protestas apuntan a la misoginia de Estado, uno de los pilares del sistema teocrático de los ayatolás, también están cuestionando a la cúpula político-clerical.

 La imagen de Mahsa Amini en una protesta en apoyo a las mujeres iraníes en Copenhague, Dinamarca. 

"La ira estalló por la muerte de Amin en la zona del Kurdistán, que desde la instauración de la Revolución Islámica es una zona enfrentada al régimen. Esta manifestación se inscribe en las movilizaciones que se vienen dando desde 2017 y que, si bien se relacionan con la inflación y el deterioro de la calidad de vida, terminan juzgando al régimen. Los jóvenes que están ahora en las calles representan a una generación con menos miedo que la de 2009, que entonces protestó contra la reelección de Ahmadinejad. Y las mujeres siempre han estado en la primera línea", explica a LPO María Constanza Costa, politóloga por la Universidad de Buenos Aires y analista internacional.

Además, Costa subraya el elemento "generacional y el empoderamiento de las mujeres en los últimos 25 años". "Para muchas cosas, las iraníes son ciudadanas de segunda, todavía necesitan el permiso del marido, padre o tutor para viajar o pierden la patria potestad si se divorcian. Hasta la educación superior los sexos están segregados. Son el eslabón más débil dentro de la sociedad iraní en cuanto a derechos", continúa. 

Esta manifestación se inscribe en las movilizaciones que se vienen dando desde 2017 y que, si bien se relacionan con la inflación y el deterioro de la calidad de vida, terminan juzgando al régimen

Dos meses antes del asesinato de Amini se viralizó un video que mostraba a una mujer aferrándose a la camioneta de la policía de la moral en la que iba su hija, detenida por llevar mal puesto el velo. Los abusos de esta fuerza, que responde a los Basij, el grupo de choque bajo tutela de la poderosa Guardia Revolucionaria, no son una novedad para las iraníes. El crimen de la joven de 22 años potenció al movimiento contra el uso del velo obligatorio que venía cobrando fuerza en el último tiempo. Es que para las nuevas generaciones el velo es un símbolo de opresión, cuando antes de la revolución de 1979 representaba un gesto de resistencia frente al régimen laico y pro occidental del sha Reza Pahlevi.

Una imagen que retrata las protestas en Teherán, en los primeros días tras la muerte de Amini.

El velo se les impone a las mujeres, que en estas cuatro décadas han sido detenidas y condenadas por negarse a usarlo o no hacerlo con el recato exigido, algo que el régimen exhibe como un signo de virtud. "Lo que se discute es obligatoriedad, no que nadie lo use como en la época del Sha. Pero el régimen no está dispuesto a ceder porque hay una paradoja: una mejor posición de la mujer dentro del régimen iraní implica una democratización, y el régimen está diseñado para que esa democratización no ocurra", dice Costa.

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Para Luciano Zaccara, doctor en Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Autónoma de Madrid, estas no "son las primeras protestas ni van a ser las últimas". "Tampoco son las más violentas. Las de 2017 y 2018, principalmente, fueron muy duras y más generalizadas. Tenían otro disparador, que era la economía, algo más transversal. En estas es cierto que hay hombres y mujeres, pero afecta a un tema social, del cual no todo el mundo está de acuerdo. No veo que esto vaya a producir un cambio. Este sistema ha sobrevivido a 2009, a las sanciones, a 2017, 2018, a la transición de Jomeini a Jamenei, a la guerra Irán-Irak", asegura a este medio. 

El primer ayatolá Ruhollah Jomeini edificó un sistema en el cual el Líder Supremo tiene la última palabra. Las instituciones no electivas tienen predominio por sobre las electivas, siempre condicionadas por la voluntad de los ayatolás

El primer ayatolá Ruhollah Jomeini edificó un sistema en el cual el Líder Supremo tiene la última palabra. La elite clerical chiita decide qué candidatos pueden aspirar a la presidencia del país y cuáles no, qué leyes son válidas y cómo se deben interpretar. Las instituciones no electivas tienen predominio por sobre las electivas, siempre condicionadas por la voluntad de los ayatolás. La República Islámica es una teocracia que solo abre el juego para descomprimir lo mínimo necesario y recompensar favores. La Guardia Revolucionaria, por ejemplo, no es solo la fuerza que el Líder Supremo designó para proteger al régimen, sino un actor político de peso que controla las fronteras y gestiona empresas que hacen negocios con el Estado.

El presidente iraní Ebrahim Raisi durante las oraciones rituales de la Noche de Qadr, o Noche del Destino, en abril pasado. 

Es la misma Guardia Revolucionaria que defiende los principios ultraconservadores del régimen y se alinea con Jamenei. "La policía de la moral ha sido discutida por muchos ayatolás y gente del establishment político. Pero es muy difícil que el sistema cambie cuando casi la mitad de la población vive del Estado y de sus organizaciones. Raisi tampoco puede cancelar a la policía moral porque sería reconocer el error", afirma el profesor de la Universidad de Qatar. Nadie apostaría por Raisi como un apaciguador. Amnistía Internacional señala al presidente como una figura clave de llamado "comité de la muerte" que en 1988 aprobó la ejecución de 5000 disidentes políticos.

"Con Raisi, la policía de la moral intensificó los controles. El presidente es uno de los candidatos a suceder al ayatolá Jamenei y se juega su lugar como sucesor. Por eso tiene que descabezar cualquier amenaza que tenga que ver con la supervivencia del régimen. Estamos frente a un movimiento de jóvenes que no tiene miedo y a un gobierno al que no le tiembla el pulso a la hora de reprimir", observa Costa, que también apunta a la desconfianza tras la elección de Raisi el año pasado, en una de las votaciones con menor participación en la historia de la República Islámica. 

Es muy difícil que el sistema cambie cuando casi la mitad de la población vive del Estado y de sus organizaciones. Raisi tampoco puede cancelar a la policía moral porque sería reconocer el error

La analista explica que "el Consejo de Guardianes, el encargado de aprobar o desaprobar las candidaturas, dejó solo las candidaturas de los conservadores y validó la un candidato reformista y otro moderado que no eran los favoritos". "Jamenei se aseguró que ganara alguien de su ala, es decir, que ganara Raisi. Eso también hace a la legitimidad del régimen, porque si bien Irán no es una democracia, tampoco es una autocracia monolítica, tiene esta convivencia de instituciones electivas con las no electivas. Esa baja participación es también una desobediencia civil que se suma a las movilizaciones que se dan desde finales de 2017. Los iraníes están en un estado de alerta", sostiene.

Raisi ordenó reprimir sin reparos a los jóvenes que cantan "¡Mujer, vida, libertad!" en las calles de Irán y exigen al gobierno que atienda a sus frustraciones. Después de todo, el régimen nunca estuvo para dialogar y conciliar. Cualquier crítica es vivida como una amenaza existencial al proyecto de los ayatolás. Pero en cada represión contra sus jóvenes va destruyendo un poco más la legitimidad que aún conserva.

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