Sira Rego
"Decrecer no es empobrecer, es un proceso inevitable para vivir bien"
La eurodiputada y portavoz de Izquierda Unida, Sira Rego, es una de las firmantes del manifiesto que llama a "decrecer" para afrontar la crisis. Es la primera formación política de España que pone este debate en agenda.

Sira Rego es eurodiputada y portavoz de la dirección federal de Izquierda Unida, la primera formación política de España que ha puesto en agenda la necesidad del decrecimiento para afrontar la crisis medioambiental, productiva y energética que sufre el planeta.

Días atrás, ella y otros dirigentes del partido firmaron un manifiesto titulado "Decrecer para vivir", en el que se pide "hacer una profunda reflexión sobre los límites del planeta y sus recursos, con el fin de diseñar un nuevo modelo de sociedad".

Para IU, el "crecimiento continuo" -pilar y sustento del sistema capitalista- ha dejado al mundo a "las puertas de una conjunción de crisis energética, climática y de biodiversidad sin precedentes''.

Esta visión fue ratificada este lunes por el ministro de Consumo y líder de la formación, Alberto Garzón, quien publicó un artículo de opinión titulado "Los límites del crecimiento: ecosocialismo o barbarie". En el texto, el funcionario del Palacio de la Moncloa pone al "decrecimiento" (entendido como la disminución controlada y progresiva de la producción) como la salida de fondo a una crisis económica más estructural que coyuntural.

Izquierda Unida propone la teoría del "decrecimiento" para afrontar la crisis

Rego dialogó con LPO para explicar los alcances de un debate que es "muy urgente" pero, a su vez, "muy incómodo" por su matriz disruptiva. Aclara que la idea del decrecimiento "no es una interpretación subjetiva" de Izquierda Unida, sino "evidencias científicas que necesitan cuanto antes una traducción política".

Admite que, tal vez, como parte del debate, hay que "revisar la cuestión terminológica y no utilizar la palabra decrecimiento porque asusta a mucha gente". Dice que tiene que quedar muy claro que "decrecer no es empobrecer", sino "reorganizarse y producir de otra manera para poder vivir mejor".

También aclara que el decrecimiento "no puede ser de manera lineal, ni todos los países del mundo tienen que decrecer". "La discusión es cuánto tenemos que dejar de consumir quienes vivimos en países que históricamente han expoliado otros territorios", argumenta.

Dice que la izquierda tiene el gran desafío de instalar este debate con una"batalla cultural e ideológica" de fondo. "Sin esta batalla va a ser muy difícil que la gente sienta atracción por lo que estamos contando. Si de la noche a la mañana le vamos a decir a la gente que ya no va a poder usar su coche, mal nos va a ir en términos estratégicos", reconoce.

Y pide poner mucha atención en la "propuesta de decrecimiento que tiene la extrema derecha, aunque no la llame así". "Ellos también son conscientes de que no hay recursos suficientes para mantener los estándares de vida de las economías avanzadas. Su solución es una guerra abierta a los derechos humanos. Sus consensos pasan por decir quiénes quedan dentro y quiénes fuera. Casi todos estamos fuera", reflexiona.

¿Hay una decisión de Izquierda Unidad de poner la noción del decrecimiento en la agenda política española?

Nosotros estamos trabajando desde hace un tiempo con la noción de decrecimiento y de todo lo que respecta a la crisis ecosocial desde una perspectiva justa, transformadora y de izquierda. Es un análisis al que nos lleva la realidad. Una reflexión política que hay que dar y que hay que poner en agenda. Como dice la antropóloga Yayo Herrero: el decrecimiento no es un debate, es una realidad, un hecho. El único debate es ver cómo lo afrontamos. Hemos llegado a un punto de inflexión a todos los niveles provocado por el modelo económico que tenemos. Inevitablemente el mundo va a tender a decrecer, el tema, repito, es cómo lo hacemos. Es una reflexión que estamos incorporando de a poco en nuestra agenda y que se da como respuesta lógica al momento histórico en el que vivimos. La voluntad es que este debate empiece a ser un eje político central de nuestra organización.

¿Esta visión es compartida por los socios de gobierno? ¿Es un tema de conversación con Unidas Podemos y el Psoe, por ejemplo?

Por ahora es una reflexión interna como organización política. Evidentemente esto tendrá un traslado a las esferas del Gobierno. Desde el ministerio de Consumo sí se está afrontando una agenda vinculada a la economía social y a la crisis estructural del sistema. Cuando Garzón plantea el tema del consumo de carne, se hace en este contexto. La traducción programática de gobierno, al cabo, existe. Nosotros hemos iniciado la reflexión interna. Sabemos que somos una organización pequeña. Queremos que el debate crezca y queremos sentarnos con los científicos que llevan mucho tiempo reflexionando sobre esto.

Rego y el ministro Alberto Garzón en un mitin de IU.

¿Qué margen hay para instalar el debate a una escala más amplia? Ven riesgos de ser ninguneados y de pagar un costo político por plantear algo tan disruptivo como la necesidad de dejar de crecer?

Nosotros creemos que hay toda una generación de jóvenes que está planteando esto. A lo mejor hay que revisar la cuestión terminológica y no utilizar la palabra decrecimiento porque mucha gente la asusta. Pero sí plantear que tenemos que organizarnos y producir de otra manera. Creemos que hay que decrecer pero este decrecimiento no puede ser de manera lineal. No todos los países del mundo tienen que decrecer. A lo mejor lo que hay que plantear es un reparto diferente de los recursos. Aquellas sociedades que no han tenido un desarrollo suficiente para garantizar todas sus necesidades tendrán que crecer en el término más clásico del término. Pero otras que han consumido por encima de sus posibilidades y que han expoliado otros territorios sí que van a tener que decrecer. Lo que está claro es que para vivir como viven determinadas sociedades no hay más recursos. Nos guste o no nos guste. No existen combustibles fósiles ni materiales en el mundo para que sigamos viviendo a este ritmo.

¿Calidad de vida y decrecimiento pueden ir de la mano?

Vivir bien sí se puede. Hay que ver cómo nos organizamos, cómo reorganizamos el sistema, para hacerlo. No decimos que hay que ir a una austeridad precaria y global. Al revés. Hay que ver cómo se hace para que todo el mundo viva bien con los recursos que va a tener el planeta. Tiene que quedar claro que decrecer no es empobrecer. Esto es fundamental. Al revés. Decrecer es vivir bien. Tenemos que ir a un modelo de sociedad del buen vivir para todos. Este es el enfoque. Pero el buen vivir no es tener cuatro coches, porque es imposible.  

A lo mejor hay que revisar la cuestión terminológica y no utilizar la palabra decrecimiento porque mucha gente la asusta. Pero sí plantear que tenemos que organizarnos y producir de otra manera

A la izquierda también le corresponde dar esta batalla cultural e ideológica. Sin esta batalla va a ser muy difícil que la gente sienta atracción por lo que estamos contando. Si de la noche a la mañana le vamos a decir a la gente que ya no va a poder usar su coche, mal nos va a ir en términos estratégicos.

Para muchos la teoría del decrecimiento es muy eurocentrista. ¿Cómo se contrarresta este imaginario colectivo?

Este paréntesis es clave. El decrecimiento no es aplicable a todos los países del mundo porque sería injusto. En este debate queremos alejarnos de esta visión eurocentrista. Europa no es el centro del universo. Basta ya de que sigamos pensando así. La discusión es cuánto tenemos que dejar de consumir quienes vivimos en países que históricamente han expoliado otros territorios para que otras regiones que no han alcanzado estándares de buen vivir puedan hacerlo. Nuestro anhelo es que todo el mundo pueda vivir bien en cualquier lugar del mundo. Este debate no es para mejorar la vida en España. Es un anhelo internacionalista. Yo quiero que viva bien la gente trabajadora argentina, brasileña, colombiana. Esta nueva gestión tiene que ser global.

Da la sensación, por lo que explicas, que para instalar este debate con éxito hay que romper muchos pilares naturalizados del sistema y de nuestro modelo de vida.

Totalmente. Hay que dar muchos otros debates, más grandes, que desde la izquierda se han perdido. El modelo instalado y naturalizado es el del consumo como paradigma de felicidad. Y esto es lo que hay que romper. Para esto hay que plantear un horizonte que apetezca. Esto es lo más complicado. El decrecentismo tiene que ofrecer una alternativa de sociedad que sea apetecible frente a la sociedad de consumo, que, inevitablemente, nos lleva al colapso. 

El decrecimiento no es aplicable a todos los países del mundo porque sería injusto. En este debate queremos alejarnos de esta visión eurocentrista. Europa no es el centro del universo

Estamos viendo los primeros síntomas de este colapso. O nos sentamos a hablar y a repartir papeles, que es lo que nosotros proponemos con este debate, o este modelo nos lleva por delante. El debate que queremos dar es para que esto, que es inevitable, sea lo menos doloroso para la humanidad. Cremos que hay que dar de forma urgente este debate, aunque no guste, aunque sea incómodo. Seríamos unos irresponsables si no lo hiciéramos.

¿La extrema derecha, de por sí en auge, puede capitalizar un debate tergiversado sobre la necesidad de decrecer?

La extrema derecha tiene su propuesta para el decrecimiento, aunque no lo llamen así. Piensa que no hay recursos suficientes para mantener los estándares de vida de las economías avanzadas y, por ende, hay que decidir quiénes tienen que vivir bien y quiénes mal. Ahí está la guerra abierta de la ultraderecha con los derechos humanos. No puede haber derechos humanos para todas y todos para estos grupos. Ellos también están buscando consensos ante este momento histórico con pocos recursos. Sus consensos pasan por decir quiénes quedan dentro y quiénes fuera. Casi todos estamos fuera. Tiene que quedar claro que esta es la propuesta de la ultraderecha ante el decrecimiento.

En la película "Don't Look Up", ni los gobiernos ni los ciudadanos creen en la llegada del cometa hasta que entra en la tierra. ¿No está pasando algo parecido con este debate?

Hay un riesgo con esto. Por eso nosotros abrimos el debate. Somos una formación política modesta y pequeña, pero con mucho sentido de la responsabilidad política. Por eso estamos diciendo que hay que hablar de esto. No miramos para otro lado. Nunca lo hemos hecho y no lo vamos hacer ahora. Este es el debate más crucial e importante que le toca afrontar al poder político y a nuestra generación.. Hay mucho por dilucidar, por debatir y por consensuar. Pero hay que abrir este debate de una vez. Es urgente.

¿Hay otra formación política europea que esté hoy poniendo este debate en agenda?

Entiendo que no. El debate está en la agenda política aunque no se lo llame como tal, como alternativas frente al agotamiento de los recursos. Pero sí se están moviendo determinados ejes. Aunque es verdad que hay mucho negacionismo con lo que está sucediendo, de no querer afrontar estructuralmente el problema. Hay una apuesta a la transición verde, pero sin entender el problema estructural. La gran apuesta es que la tecnología resuelva el problema. 

La extrema derecha tiene su propuesta para el decrecimiento, aunque no lo llamen así. Piensa que no hay recursos suficientes para mantener los estándares de vida de las economías avanzadas y, por ende, hay que decidir quiénes tienen que vivir bien y quiénes mal.

Retomando: no es un debate que formalmente se esté dando en el poder político europeo. Sí respecto al cambio climático, pero no a nivel de cambiar las coordenadas, que es lo que se necesita.

¿Gobiernos y organismos internacionales están cómodos sosteniendo el discurso de la transición verde y tecnológica?

Los informes del IPCC son muy claros y nítidos. Nosotros no estamos planteando una interpretación subjetiva de Izquierda Unida. Nos estamos basando en las evidencias científicas y diciendo que esto tiene que tener una traducción política. Los científicos nos dicen que estamos a tiempo pero que hay que cambiar la estructura de la producción y del consumo. Es la única oportunidad que tenemos. Pues sentémonos hablar de ello. No hay nada más urgente, pero nada más difícil. Por eso este debate lo planteamos con mucha prudencia, cautela y respeto. Pero como es un debate largo y muy complejo, hay que abrirlo cuanto antes.


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