Es hora de consultar sobre el deseo del sujeto votante. Lo que transita desde su intimidad inconsciente produce efectos sobre su decisión al elegir. |
Con apenas una semana de realizado el proceso electoral en todo el territorio argentino, la multiplicidad de interpretaciones acerca del sorprendente resultado violeta ha dado para que muy inteligentes y sabidores de la politologÃa, la sociologÃa y la antropologÃa desplieguen un sinnúmero importante y enriquecedor de pareceres que explican a la vez que interpelan al votante, al votado, al ganador y al perdedor, al derrotado y al victorioso.
Suma aritmética, sin jerarquÃa de aparición: voto de confianza, voto antikirchnerismo, voto miedo al lunes, voto mileÃsta que fue a votar y no se quedó en casa, polarización, esperanza, voto castigo, voto testigo, voto empresario, voto juvenil, y algunos otros argumentos más.
Coincido con todos y en todo. Hubo, como quizás en ninguna otra elección, un abanico de factores que todos fueron en dirección a morder las razones de los encuestadores para comenzar a masticar razones de la emoción, el ánimo, la perentoriedad como impulso y un sinfÃn de causas personales que añadidas a la boleta única le decÃan al votante "votá campeón, ponele la cruz al que quieras que gane" (paradoja irrisoria si las hay).
Y aquà el primero de los planteos: es hora de consultar sobre el deseo del sujeto votante, lo que transita no sólo por su conciencia sino lo que desde su intimidad inconsciente produce efectos sobre su decisión al elegir. Digo que las encuestas continúan preguntando acerca de a quién votará o votarÃa si las elecciones fuesen en ese momento de la encuesta. Y los humanos respondemos con palabras a las palabras que nos instan. Entonces, el encuestado dice su voto.
¿Pero no será tiempo de diferenciar la pregunta y hacer de una dos? ¿Comprenderán los encuestadores que ya no es lo mismo (de por medio cambios culturales, de consumo informativo, de satisfacción inmediata, de nuevas generaciones de votantes) preguntar "por quién vota" sino "quién le gustarÃa que gane"? Estoy convencido que entre el voto y el deseo hay una buena parte de los sufragantes que tiene dos respuestas. Se vota por identificación y se desea por conveniencia. Casi la otra cara del que vota por el mal menor, tan arraigado como concepto en el voto antikirchnerista. Quizás Kicillof aprenda algo de esto, toda vez que le resulte apropiado este análisis.
Pero hay más, allá voy.
Hasta donde he podido profundizar y rescatar los muy buenos análisis logrados por periodistas, economistas y polÃticos en los múltiples canales de comunicación, no he encontrado una explicación del voto por el motivo del hartazgo y la decepción última, la que está al lÃmite de lo soportable.
Y digo: en el análisis de estas elecciones merecerÃa tener espacio la consideración de aaquellos que se entregaron al camino ya señalado por las elecciones de 2023, donde un outsider irrumpe como rey de la selva y promete orden, progreso, disminución de la corrupción y un futuro venturoso a mediano plazo. En aquel momento ya hubo la entrega de confianza, el domingo pasado hubo la entrega del futuro con horizonte en 2027 donde, mudado en presente, el elector pida rendición de cuentas y escuche lo que tenga para decir el arco opositor sobre lo que la decepción caló en la gestión del rockero, padre de perros e hijo de la economÃa como madre de todas las batallas.
Eso se logra con polÃtica y consensos, algo que, si no aprende rápido, en 2027 puede ser más una relección que una reelección.
Por lo pronto, dejó el navÃo uno de los más Francos.
Veremos.
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