Todo arrancó con una jugada muy calculada dentro del mundo fabril. MartÃn Rappallini le reclamó una reunión urgente al ministro Toto Caputo e hizo circular en grupos empresarios un texto explosivo titulado "¡RIGI Industrial ya!", donde cuestionaba abiertamente el rumbo económico de Javier Milei y reclamaba beneficios especiales para la industria tradicional.
La versión que se difundió internamente era durÃsima. Hablaba de "caÃda de ventas", "fuerte presión sobre márgenes" y pedÃa polÃticas sectoriales para evitar el deterioro industrial. Pero además contenÃa una frase especialmente sensible para el Gobierno: "Hoy gran parte de la industria argentina está financiando el Estado, jubilaciones y educación".
Según reveló el periodista Leandro Renou, el texto atacaba además uno de los núcleos discursivos del mileÃsmo. Rappallini sostenÃa que el Gobierno habÃa terminado aceptando, con el "Súper RIGI", algo que durante años negó: que ningún sector compite globalmente sin protección, incentivos y condiciones especiales. Y a partir de ahà planteaba la tesis central de su ofensiva: si el Estado reconoce que ciertos sectores necesitan beneficios extraordinarios, entonces la industria tradicional también debe recibirlos.
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La circulación no fue accidental. El propio Rappallini lo mandó a grupos de Whatsapp empresarios y al foro "Info Industrial", donde participan cientos de industriales de todo el paÃs. Buscaba generar clima interno y mostrar volumen polÃtico. Las respuestas fueron de entusiasmo. Muchos empresarios sintieron que, finalmente, la conducción de la UIA decÃa públicamente lo que buena parte del sector venÃa discutiendo en privado desde hacÃa meses.
Pero pocas horas después apareció otro movimiento. El texto finalmente publicado ya no era el mismo. Conservaba el planteo general del "RIGI industrial", pero habÃan desaparecido buena parte de las frases más agresivas y del tono confrontativo. Las referencias más explosivas sobre la industria financiando al Estado, el costo de la apertura y el deterioro de los sectores transables quedaron suavizadas o directamente borradas.
Ahà aparece la maniobra completa. Primero circuló una versión incendiaria como mensaje al Gobierno. Después vino la moderación pública. El mensaje pasó de una denuncia frontal sobre el desastre que el modelo de Milei y Caputo causa a la industria argentina a un texto negociado. En el medio, Rappallini consiguió un RIGI para su minera. Un extraordinario beneficio que Toto Caputo maneja a discreción.
Rappallini es considerado dentro de la UIA como un dirigente alineado históricamente con Paolo Rocca. El lÃder de Techint viene escalando su tensión con Milei, lo que achica el margen de Rappallini para hacer el oficialismo blue que hizo etos casi tres años de Milei en los que desaparecieron miles de fábricas, ante la tibieza de la UIA.
Rocca viene denuncinando la apertura indiscriminada de importaciones y la inclinación del Gobierno por favorecer negocios extractivos mientras expone a la industria tradicional a una apertura comercial sin flitros.
Pero mientras Rappallini endurecÃa el discurso usando a toda la industria como argumento, el Gobierno buscaba contenerlo con beneficios concretos para su propio grupo empresario.
En efecto, la empresa vinculada a la familia Rappallini consiguió ingresar al esquema de beneficios del RIGI. Y eso cambió completamente la lectura interna de la secuencia. Porque muchos industriales interpretaron que el presidente de la UIA utilizó el malestar genuino del sector como herramienta de presión para negociar ventajas especÃficas para sà mismo.
"Ahora con Rappallini calmado seguro que se termina concretando la reunión con Toto Caputo, que imagino no pasará del algunos reclamos para la tribuna", afirmó resignado un industrial, en diálogo con LPO.
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Los salarios de muchos trabajadores privados y públicos siguen estando rezagados respecto de la inflación y el consumo hoy se ha vuelto mucho más selectivo, por la merma o el deterioro del poder de compra de los salarios de estos. Y la industria, en general, siente el impacto. Sin embargo, lo paradójico de todo esto, es que, según mi punto de vista, el gobierno ha elegido el camino correcto, que es primero sanear la macroeconomía local para después sí poder mejorar o hacer crecer la micro. El gobierno actual está combatiendo la inflación como puede; acumulando grandes cantidades de divisas en el BCRA; ensanchando el superávit comercial; manteniendo el superávit fiscal y financiero y, apostando fuertemente a la desregulación de la economía y a una mayor apertura comercial para poder atraer inversiones y bajar más el Riesgo País. En fin, la teoría del derrame económico entre los distintos sectores es correcta, pero lo que muchos teóricos desconocen es que el derrame se produce una vez que rebalsa el vaso y no antes.
Esa cara representa a los empresarios almaceneros verduleros argentinos.