La recuperación que muestran los bonos soberanos argentinos comenzó a modificar una de las estrategias más extendidas entre los inversores durante los últimos años. Después de un largo perÃodo en el que las Obligaciones Negociables (ON) fueron la alternativa preferida para dolarizar carteras sin asumir el riesgo del Estado, distintos analistas sostienen que la deuda pública vuelve a ganar atractivo gracias a la combinación de mejores rendimientos y beneficios impositivos.
El cambio de escenario aparece en un contexto de un riesgo paÃs que se mueve cerca de los 400 puntos y de expectativas de una mejora en la valuación de los bonos argentinos. En ese marco, Salvador Di Stefano recomendó privilegiar tÃtulos soberanos como el AO28, AO29 y AN29 por sobre las ON en dólares, al considerar que todavÃa ofrecen recorrido alcista y un mejor rendimiento para determinados perfiles de inversores.
Uno de los argumentos centrales es el tratamiento tributario. La contadora Aldana Fernández explicó a LPO que tanto los bonos soberanos como las Obligaciones Negociables se encuentran exentos del Impuesto a las Ganancias. Sin embargo, la diferencia aparece en Bienes Personales: todos los bonos soberanos emitidos por el Estado nacional están exentos, mientras que las ON emitidas en moneda extranjera sà integran la base imponible del tributo. En cambio, las ON emitidas en pesos también están exentas.
Ese punto puede modificar de manera significativa el rendimiento efectivo de una inversión. Para quienes están alcanzados por Bienes Personales, no alcanza con comparar la tasa que paga cada instrumento, sino que también debe considerarse la carga tributaria. En determinados patrimonios, esa diferencia puede inclinar la decisión hacia los tÃtulos públicos.
El propio informe de Di Stefano pone el foco en esa cuestión. Allà compara una ON con rendimiento cercano al 6,5% frente a un bono soberano que ofrece alrededor de 9,3%, y sostiene que la ventaja de los tÃtulos públicos se amplÃa cuando se incorpora el efecto impositivo.
La discusión marca un cambio respecto de lo ocurrido durante los últimos años. Con un riesgo paÃs que llegó a superar ampliamente los 1.000 puntos, la mayor parte de los inversores privilegiaba la deuda corporativa porque la percibÃa como una alternativa más segura que los bonos del Tesoro argentino. Muchas empresas lograron financiarse en el mercado de capitales mientras los tÃtulos soberanos cotizaban con fuertes descuentos.
Ahora el escenario comenzó a modificarse. Con el riesgo paÃs nuevamente cerca de los 400 puntos, parte del mercado considera que los bonos soberanos todavÃa tienen margen para seguir subiendo de precio, generando además ganancias de capital para quienes ingresen en esta etapa.
En ese contexto, Di Stefano incluso propone rotar posiciones desde el AO27 hacia el AO28 o el AO29. El argumento es que el AO27 ya capturó buena parte de la recuperación, mientras que los otros tÃtulos continúan cotizando por debajo de la par y conservarÃan un mayor potencial de valorización.
De todas maneras, en el mercado aclaran que la recomendación no implica abandonar las ON. La deuda corporativa sigue ofreciendo exposición a compañÃas con balances sólidos y un riesgo distinto al soberano, por lo que continúa siendo una herramienta relevante para diversificar carteras. La diferencia es que hoy la elección ya no depende únicamente del riesgo y de la tasa, sino también del tratamiento tributario de cada instrumento.
AsÃ, después de años en los que las Obligaciones Negociables dominaron las recomendaciones para invertir en dólares, la recuperación de la deuda pública volvió a instalar un debate que parecÃa saldado. La combinación entre menores niveles de riesgo paÃs, mejores rendimientos y ventajas impositivas comienza a devolverles protagonismo a los bonos soberanos, al menos para aquellos inversores cuya carga tributaria puede alterar de manera significativa el resultado final de la inversión.
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