Panorama
Todo a la vista
Por Diego Genoud
Con la realidad en contra, Massa juega al límite para llegar con aire al 22. Eurnekian y Milei ensayan una tregua. Argentina, entre los dólares de Vaca Muerta y la pobreza que pega en el territorio.

El jueves a la mañana, con el Contado Con Liquidación cerca de los 820 pesos y el dólar blue camino a los 800, una de las mil ventanillas que atiende Sergio Massa lo asediaba de manera inesperada. El ministro de Economía luchaba para lograr que la eliminación del Impuesto a las Ganancias para la aristocracia obrera, su histórica bandera de candidato, se convirtiera finalmente en realidad. 

Cuatro senadores del bloque peronista que rompió con el oficialismo se negaban a aportar sus votos para el quórum y Massa se involucró hasta la médula para convencer a Guillermo Snopek, Eugenia Catalfamo, Carlos "Camau" Espínola y Edgardo Kueider. La tensión estaba en el aire. Opositores en sus provincias, el jujeño Snopek y el correntino Espínola le mandaban a decir a Massa que le vaya a pedir los votos a sus amigos, los gobernadores radicales Gerardo Morales y Gustavo Valdes. El candidato a presidente de Unión por la Patria había dejado sus modos seductores y a esa hora echaba fuego por la boca, a tono con las pantallas de la city.

El acuerdo entre cuatro paredes para lograr el quórum llegó recién ocho horas más tarde y necesitó de los oficios de hombres claves de Massa que peregrinaron hacia el Senado para convencer a los rebeldes con otro tono y razones concretas. En un país que ya antes de la devaluación contaba casi 19 millones de pobres, registró en agosto una inflación interanual de 124% y exhibe a emblemas de la clase política acostados como principiantes, la unidad nacional que promueve Massa cuesta horrores y genera tensiones en todos los campamentos.

Casi a la misma hora en que el ministro logró el acuerdo de una de sus principales medidas de campaña, el eventual ministro del Interior de Javier Milei volvió a entrar a las oficinas de Corporación América en el barrio de Palermo para reencontrarse, entre ironías, mano a mano con Eduardo Eurnekian. Después de una semana en la que el profeta de la dolarización reaccionó con sus malos modos al operativo despegue de su antiguo patrón, Guillermo Francos visitó al magnate que es dueño de los aeropuertos y acaba de quedarse con el contrato para confeccionar los DNI y los pasaportes que licitó el gobierno.

De histórica relación con Domingo Cavallo y Daniel Scioli, Francos conoce a Eurnekian desde hace décadas y fue su mano derecha durante años. Pero hoy es un hombre de Milei, el ultraliberal al que Eurnekian contrató por consejo suyo como jefe de economistas durante casi 15 años. Dicen que a Milei lo desquició que el armenio lo haya tratado de dictador. A Eurnekian, en cambio, lo sublevaron los insultos de su ex empleado al Papa Francisco. El choque público es hijo de la astucia de un empresario que tiene vínculos aceitados con todo el sistema político y no quiere ver afectados sus negocios por el huracán Milei. Pero también de pequeñas anécdotas que cuentan los conocedores del mundo Eurnekian. 

La furia de Milei con Eurnekian

Según repite el millonario argentino, la entrevista con The Economist en la que anunció que Milei iba a ser un gran presidente salió dos semanas después de grabada y en el medio el candidato volvió a sacudir al Papa. Más importante que eso, los puentes entre el empresario y el economista se interrumpieron de manera accidental. Entre la diversidad de alfiles que utiliza, Eurnekian tiene en su plantel altos directivos que son históricos antiperonistas y hoy militan la causa de Milei desde adentro. Algunos de ellos estaban de vacaciones cuando el conflicto escaló.

Además de su prolongada relación contractual, Milei y Eurnekian tienen rivales en común. Eurnekian nunca formó parte de AEA por ejemplo y, como su antiguo patrón, Milei ahora del trato que le da La Nación, la empresa a la que insiste en vincular a Mauricio Macri.

A la misma hora en que Massa logró el acuerdo por Ganancias, el eventual ministro del Interior de Milei volvió a entrar a las oficinas de Corporación América para reencontrarse mano a mano con Eurnekian. 

A tres semanas de las presidenciales, los incesantes movimientos del poder se dan en un escenario inestable, en el que la incertidumbre absoluta convive con la desesperación por mantenerse a flote y el optimismo de un país que vuelve a creerse condenado al éxito. Todo el horizonte se reduce a 20 días.

La fragilidad de la economía y la lucha de la clase política por lograr su propia supervivencia lleva el cortoplacismo al extremo. Patricia Bullrich, Milei y Massa concentran todas sus fuerzas en llegar al balotaje como sea y se juegan a crecer en los debates. Pero después del 22 de octubre, nadie sabe qué puede pasar.

La candidatura de Massa sintió en los últimos días nuevos impactos. Las cifras de pobreza expusieron a una gestión que presenta en su defensa un atenuante mayor -la peor sequía de los últimos 60 años- y otro incomprobable, el de haber evitado que el helicóptero quede asociado al peronismo.

Los datos del primer semestre del año son impactantes pero no dan cuenta de una realidad que se agravó con la devaluación y el shock inflacionario. Si ya se orillan los niveles de pobreza e indigencia que se alcanzaron durante la pandemia, todas las mediciones prevén cruzar también ese umbral hacia el final del mandato del Frente de Todos. A eso se suma el aumento de la desigualdad durante el segundo trimestre que informó el organismo hace 10 días. El 40,1% de la población -18,6 millones de personas- está bajo la línea de pobreza y el 13,6% -4,3 millones- sobrevive en la indigencia. Además, el 56,2% de los menores de 14 años es pobre, una suba de más de 5 puntos en un año. Es un universo que lucha por la supervivencia en condiciones mucho más desfavorables que una clase dirigente que vive, demasiadas veces, en otro mundo.

Todo a la vista

Los paliativos que anunció el ministro ingresan en un carrera en que las consultoras pronostican una inflación de 170% para el cierre del año electoral. El impacto de ese cuadro social en las elecciones es impredecible y los sondeos son solo aproximaciones parciales hacia la prueba ácida del escrutinio definitivo. Sin embargo, hasta que se filtraron las imágenes de Martín Insaurralde en un yate en Marbella, en el gobierno repetian que el peronismo se mantiene competitivo y está a 5 puntos de Milei, con claras chances de entrar a la segunda vuelta.

Un encuestador que trabaja para el PJ desde hace años sostenía hasta el viernes que la diferencia con Milei se achicaba, que el oficialismo estaba creciendo en el conurbano y que Axel Kicillof ampliaba su ventaja. Ese mismo consultor, sin embargo, advierte que el miedo a Milei es menor ahora que antes del 13A: solo el 40% se declara con ese sentimiento frente al candidato que pretende ajustar sin anestesia sobre una sociedad sobreajustada. Es el único dato coherente con las mediciones que recibe Milei y también lo muestran creciendo en el GBA, a caballo de la estampida de precios sin control, la disparada del dólar y el hartazgo con la clase política. 

Un encuestador que trabaja para el PJ sostenía hasta el viernes que la diferencia de Massa con Milei se achicaba y que Kicillof ampliaba su ventaja en el GBA. Pero también que el miedo a Milei es menor ahora que antes del 13A.  

Con una brecha que ronda ya el 115%, la tensión de Economía con el último sobreviviente del albertismo en el área económica complica al candidato de UP. Tan habituado a que Massa lo trate en público con ironía como sorprendido de sus vínculos con el sector financiero, el radical Miguel Pesce viene de chocar dos veces en una semana con el ministro. Al cruce público con Marcos Galperín por la normativa del Banco Central para las billeteras electrónicas que desactivó Massa, se sumó otro dato bastante más representativo del drama oficial: los datos que difundió el BCRA y muestran cómo el salto inflacionario volvió inocuo el efecto positivo de la devaluación en apenas un mes y medio.

De acuerdo al Índice de Tipo de Cambio Real Multilateral de la entidad, ya no queda nada de la mejora del tipo de cambio y el objetivo de la competitividad para incentivar las exportaciones y aumentar la liquidación de divisas quedó trunco. De eso hablaba Emmanuel Alvarez Agis a principios de septiembre cuando dijo en la Expo EFI de La Rural: "Nunca en mi carrera me tocó ver algo tan débil desde lo técnico. Uno devalúa y paga un costo inflacionario para recuperar reservas. Nunca vi devaluar para que haya inflación y no recuperar reservas".

El ex viceministro de Economía de Axel Kicillof coincide en eso con los opositores al gobierno: devaluar sin plan económico no sirvió para el objetivo que perseguía el peronismo y trajo costos sociales en los que van a ir a votar. Massa puede argumentar que fue una imposición del mismo Fondo que ahora lo critica por sus medidas compensatorias. ¿El apoyo casi monolítico del oficialismo alcanza para convencer a la franja de los indecisos y escépticos que no fueron a votar y pueden definir la elección?

Para evitar que la corrida se profundice en los próximos 20 días, Massa intentó un acuerdo con las petroleras hasta que termine la campaña. El Dólar Vaca Muerta apunta a que las empresas del sector financien al Estado hasta diciembre con un dólar por el que recibirán en promedio rondará los 460 pesos. La normativa es para que compañías productoras como PAE, Vista, Tecpetrol, Chevron y Shell consigan los dólares para pre-financiar sus exportaciones de crudo en octubre y noviembre.

La Argentina del mañana

El ex subsecretario de Hidrocarburos y director de la consultora Paspartú Juan José Carbajales marca que, a diferencia del agronegocio que utiliza silos y recibe ahora el Dolar Soja 4, en Vaca Muerta nadie almacena petróleo ni se necesita un estímulo para liquidar. La medida no apunta a que haya mayor volumen de exportación, dice, sino a que las empresas se endeuden y traigan los dólares antes de las elecciones con el anzuelo de un tipo de cambio diferencial. Para eso, deben asumir el riesgo de creer en Massa y confiar en que no habrá una nueva devaluación al menos hasta el 19 de noviembre.

Miguel Galuccio, el ex CEO de la YPF que reestatizó Cristina y fundador de Vista -la segunda productora de shale de Argentina- llegó en los últimos días a Buenos Aires con un grupo de 15 inversores de Nueva York, Londres y México. La comitiva de Galuccio viajó a Vaca Muerta, estuvo reunida con el gobernador neuquino Rolando Figueroa y visitó a Flavia Royón en la secretaría de Energía. Pero también vio a la oposición. Se encontraron con Bullrich y tuvieron un mano a mano con dos hombres de Milei, el encargado del área energética, Eduardo Rodríguez Chirillo, y el eventual jefe de gabinete de La Libertad Avanza y ex gerente de Eurnekian, Nicolas Posse. Vista anunció inversiones por U$S 2500 millones en los próximos tres años.

Los interesados en Vaca Muerta se llevaron una impresión que muestra el contraste entre Massa y Milei. A los funcionarios del massismo los vieron sin poder salir de la coyuntura ni hablar con precisión del futuro. Como si el equipo de Massa no tuviera claro qué hacer o estuviera ante la imposibilidad de decirlo. ¿Qué viene el día después? ¿En qué se diferencia de la política de parches del presente?

En el caso de Milei, la sensación es exactamente la inversa: la ultraderecha tiene claro lo que pretende desde lo conceptual, un mesianismo de mercado, pero no muestra cuáles son sus herramientas para llevar a la práctica lo que postula. Un voluntarismo que no ofrece garantías.

El equipo de Milei transmite ante los inversores una sensación opuesta a la que genera Massa: la ultraderecha tiene claro lo que pretende desde lo conceptual, pero no muestra cuáles son sus herramientas para llevar a la práctica lo que postula.

Entre la mochila de la gestión del Frente de Todos y los resultados de su propia gestión, Massa enfrenta una competencia desigual pero le sobra muñeca para sumar aliados de un eventual gobierno. Si no fuera porque trabajó con el ministro candidato durante casi una década, las últimas declaraciones de Martin Redrado podrían ser leídas como señal de que Horacio Rodriguez Larreta está más cerca de su gran amigo que de Juntos. El todavía funcionario porteño salió a refutar la tesis de la oposición que anuncia una hiperinflación antes de diciembre.

Como Melconian desde la Fundación Mediterránea, Redrado ofrece su propio plan desde hace años pero exige una serie de leyes y un equipo propio. Ni Alberto Fernández ni Massa le ofrecieron esa posibilidad. Sin embargo, vuelve a ser mencionado como eventual funcionario del único candidato que tiene pendiente anunciar el nombre de su eventual ministro de Economía.

El martes pasado, Redrado recibió en sus oficinas a Dario Epstein, su histórico discípulo que hoy trabaja en los equipos de Milei. Durante la década del 90, en el apogeo del cavallismo, el ex Golden Boy debutó como titular de la Comisión Nacional de Valores y designó a Epstein como uno de sus directores. El ex funcionario menemista que hoy dirige la consultora Research for Traders y es miembro del directorio de Pampa Energía le avisó a Redrado antes de dar el salto al neomenismo libertario. De una punta a otra del sistema político, los vasos comunicantes son evidentes y los límites de la casta no se distinguen.

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