Panorama
Salvavidas de plomo
Por Diego Genoud
Con inflación y reservas que ahogan el proyecto Massa, Scioli vuelve con su lancha. El Fondo conduce al peronismo, mientras Cristina guarda silencio. Larreta vs Macri, todo ganancia para Milei.

Si no fuera porque la inflación del 104,3% interanual derrite los pesos de mayorías abrumadas y los dólares del superávit comercial que el Frente de Todos rifó duelen cada vez más en medio de la peor sequía, la campaña electoral estaría ingresando en su mejor momento. Sergio Massa, el candidato natural del oficialismo hasta hace tres meses, ahora se ve obligado a hornear un conejo de yeso para sacar de la galera. El ministro de Economía busca un crédito puente para llegar a las PASO con un hilo de su candidatura, mientras en el gobierno y la oposición circulan encuestas que relegan al peronismo unido a un hipotético tercer lugar en las generales.

Con su capacidad inagotable para generar jugadas de impacto en el corto plazo y sus múltiples relaciones, Massa peleará hasta el final para recuperar el aire que le devolvió al gobierno en sus primeros dos meses de gestión y a esta hora no tiene. Las dificultades enormes que heredó y el camino de improvisación extrema que eligió ahora le cuestan caro, a él y a la vicepresidenta, garante principal de un rumbo de ajuste con concesiones para sectores de alta rentabilidad que contradice 20 años de narrativa kirchnerista.

Cuando falta muy poco para que se definan las candidaturas, el desdoblamiento del tipo de cambio y el nuevo dólar soja rinden menos y no solo por la sequía. Lo dice el último trabajo del Ieral de Fundación Mediterránea que firma el economista Jorge Vasconcelos en relación al dato del primer trimestre del año: el nivel más bajo de las últimas dos décadas para las exportaciones agroindustriales, 2.800 millones de dólares, un 70% menos que en el mismo período de 2022. "Esta merma puede atribuirse marginalmente al efecto de la sequía, que sí habrá de impactar en segundo y tercer trimestre, siendo más bien un efecto ‘no deseado' del plus de exportaciones logrado con las versiones I y II del ‘dólar soja'", dice Vasconcelos. 

Tal como preveían los escasos críticos de la primera devaluación a medida para el agronegocio, el oxígeno que Massa ganó en el inicio es el que ahora le falta y la devaluación que el Frente de Todos quiso evitar por todos los medios se consuma a 120 días de las PASO, casi como si fuera un plan diseñado por el enemigo. La salvación tan promocionada no estaba a la vuelta de la esquina y apenas enunciarla era montar un espejismo.

La devaluación que el Frente de Todos quiso evitar por todos los medios se consuma a 120 días de las PASO, casi como si fuera un plan diseñado por el enemigo.

Titulado "Los rasgos de una economía de guerra", el informe de Vasconcelos sostiene que este año caerán 40% las importaciones no energéticas, que los dólares especiales no ayudarán a recomponer reservas y, que para acceder al próximo desembolso del Fondo previsto para junio, el gobierno "tendrá que dejar de postergar el ajuste de tarifas y seguir restringiendo la asignación de planes sociales, entre otras exigencias que se explicitan en el último ‘staff report' divulgado por el FMI". Salvo que el ministro de Economía logre ahora que en Washington lo premien por haber sobrecumplido las metas de ajuste 2022, la lógica política de una coalición partida solo puede leerse como autodestructiva.

Junto con el desperdiciado superávit comercial que el centro CIFRA de la CTA estima en 45.500 millones de dólares entre diciembre de 2019 y marzo pasado, el otro déficit letal de la alianza que se desvanece en el poder fue no acordar una política común ante el salvavidas de plomo que dejaron Mauricio Macri, Christine Lagarde y Donald Trump.

El vínculo con el "nuevo Fondo" del que llegó a hablar Alberto Fernández y las "relaciones constructivas" que abonaba Martín Guzmán no impidieron que el gobierno firmara un acuerdo recesivo e inflacionario que le pega como un bumerán al peronismo en el año electoral.

Sergio Massa y la subdirectora gerente del Fondo, Gita Gopinath

Maximo Kirchner, quizás el más duro detractor del entendimiento con el FMI dentro del oficialismo, no puede capitalizar ni siquiera esa bandera porque promocionó a Massa para reemplazar a Guzmán y permitió que el ajuste vía reducción de subsidios y aumento de tarifas se profundizara hasta potenciar la inflación que hoy golpea junto con la disparada de los alimentos. Lo mismo que la devaluación del tipo de cambio oficial y la altísima tasa de interés, todo es parte del recetario histórico del Fondo que lleva a "el infierno más temido" del que habló Cristina en Río Negro: caída de la actividad con inflación récord. 

En contraste con el drama de la sequía que el gobierno no podía prever, el 104,3% interanual va a contramano de la desaceleración y baja de inflación que se da en Estados Unidos y la región. Aunque no pueda reconocerlo, CFK quedó en una encerrona y perdió la distancia que tenía con la política económica de Guzmán. Ahora ella es Massa y su margen de acción para cuestionar el rumbo oficial se acotó al máximo, como lo confirma su silencio.

Los salarios pulverizados y las paritarias pisadas por gran parte de los gremios aliados del gobierno no contribuyen a la inflación, aunque voceros del mercado también quieran culpar a los trabajadores sindicalizados que ven como los precios nuevos se tragan a los sueldos viejos, camino a las elecciones. 

Para cumplir con el peronismo de gobierno, los sindicalistas que demoran el cierre de paritarias con inflación récord castigan a sus representados y arriesgan al mismo tiempo su propia cabeza. Armando Cavalieri y Gerardo Martinez acordaron un aumento de alrededor del 20% por tres meses, 20 puntos arriba de la previsión que había diseñado Massa para el año y 20 puntos abajo de lo que marca hoy el IPC. En el peor de los mundos, los trabajadores informales habitan desde años en el desamparo absoluto.

Las paritarias pisadas por gremios aliados del gobierno no contribuyen a la inflación, aunque voceros del mercado también quieran culpar a los trabajadores sindicalizados que ven como sus sueldos se comprimen camino a las elecciones.

Con un presidente empeñado en el alegato autoexculpatorio y una vicepresidenta que repite señales ambiguas, el entusiasta Daniel Scioli acelera con su lancha en medio del desierto de candidatos con votos propios que es el FDT. Explícito plan B de un Alberto arruinado, el embajador en Brasil visitó en los últimos días a Omar Perotti en Santa Fe, Gustavo Bordet en Entre Ríos, Juan Jose Mussi en Berazategui y Mayra Mendoza en Quilmes.

Alineada con Máximo sin fisuras dentro de una organización que vive una tensión interna indisimulable, la única intendenta de La Cámpora en el conurbano bonaerense recorrió junto a Scioli la fábrica Secin que exporta a Brasil y es proveedora de Petrobras. En un alto de la visita, Mendoza insinuó que el cristinismo ve mejor a Scioli ahora que en 2015. "Sos un obrero de la política. Siempre laburando y siempre bien predispuesto", le dijo. 

Con un optimismo a prueba de balas, el ex motonauta viene de hablar con Celso Amorin, se mantuvo como pudo salvo de la confrontación interna, no quiere ser sólo el candidato de Alberto y hace campaña con el "yo te avise" de 2015. En Quilmes, el dueño de la fábrica Luis Manini -que no es peronista- y sus empleados coincidieron en "no hay que cometer el mismo error de 2015". Parece difícil ante el presente de la unidad hasta que duela y con el vindicador cavallista Javier Milei como la gran novedad que consagran las encuestas. Cerca de Scioli dicen que que tiene el conocimiento que otros no y le suma a Axel Kicillof en la provincia.

Salvo un veto manifiesto de Cristina que hoy no se advierte, Scioli se muestra decidido a ser candidato y dispuesto a ir a una hipotética interna con Massa. "Sergio sabe que la pierde y no va a querer", se agrandan a su alrededor. Los que apostaron al fracaso de Massa de manera más o menos abierta y hoy festejan, creen que se abre una oportunidad para el ex gobernador. Entre ellos, está Alberto. Los nombres en danza hablan del déficit de un cristinismo que solo tiene como exponente puro de relieve electoral a Kicillof, que viene de morder el polvo tras la paliza de los choferes a Sergio Berni. En lugar de centrarse en el crimen de Daniel Ballesteros, el gobernador se plegó a las denuncias de un operativo montado, un nuevo error producto de su hermandad con Berni que la propia vicepresidenta señaló a su manera en las redes.

Mientras la oposición avanza en la batalla por el liderazgo interno, el FDT es un desorden de librepensadores y acusaciones cruzadas. Al lado de Fernández, algunos son conscientes de que sin unidad no tienen destino y afirman que ya no saben cómo decirle que se reúna con Cristina y Massa para definir reglas. El presidente hace todo lo contrario y parece disfrutar de su agonía rebelde. "Todo depende 100% de Cristina y ella decide sola. Pero no siempre es lo político lo que la lleva a decidir", dice un funcionario que aguarda sus definiciones con escepticismo. La vicepresidenta ilusionó a los organizadores del acto del jueves en Tribunales con la frase de que no se va a quedar a cuidar a los nietos. ¿Hay alguna chance todavía de que sea ella?

En Juntos, Horacio Rodríguez Larreta respira aliviado y admite que se sacó un peso de encima. Hastiado de que Macri y Patricia Bullrich le gobiernen el día a día y lo arrinconen en la cancha de Juntos, el jefe de gobierno porteño desilusionó a su jefe por segunda vez: la primera había sido en el tambien electoral 2021, cuando designó a Diego Santilli y María Eugenia Vidal como sus candidatos sin consultarlo.

El viernes 24 de marzo, recién llegado de Italia, Macri recibió a Larreta y admitió en privado que Martin Lousteau tenía derecho a competir en la Ciudad. Después, hizo todo lo contrario y promocionó a su primo Jorge como único heredero en la zona franca del PRO. Eso es lo que jura el alcalde. Pero Macri ve todo al revés: piensa que Larreta le debe todo lo que es y tiene con él una deuda eterna por haberse quedado con el botín de la Ciudad. A la inversa, se siente en deuda con Vidal por haberla enviado a pelear en el territorio más adverso, en su tiempo de orgullo bonaerense.

Desde ese viernes, Macri y Larreta no volvieron a hablar y los puentes entre ellos no son fáciles de reconstruir. El ex presidente ignora, critica o desprecia al entorno de Larreta, desde Santilli hasta Augusto Rodriguez Larreta. Solo el ex ministro Edgardo Cenzón, que relegó su rol empresario para convertirse en uno de los más cercanos al jefe de gobierno, logra hablar mano a mano con Macri y busca algún tipo de mediación. El otro que es escuchado a los dos lados es Nicolas Caputo. El primo Jorge entró en un enroque obligado cuando Larreta puso a Santilli en provincia y ahora no tiene todo el apoyo del PRO. Cuando vuelva de Nueva York, se definirá su situación.

Para los dirigentes del PRO que pretenden todavía cierta neutralidad en la pelea interna, Larreta decidió en los últimos días desenmascarar a Macri y exponerlo como el gran padrino de todos los que lo desafían o denuncian su formidable maquinaria publicitaria, desde Bullrich hasta Facundo Manes. La consigna, dicen, es "macrizar a Patricia", la ex ministra que ya dio muestras de que no tiene idea de qué hacer con la economía, el tema más sensible que heredará el próximo gobierno y la verdadera razón que llevó a Macri a desertar.

El jefe de gobierno arriesga porque necesita el apoyo del macrismo duro para ganar la interna pero apuesta a quedarse con el respaldo de los radicales para compensar. Sin embargo, la base radical no se mueve en línea con Gerardo Morales y en los grandes centros urbanos está alineada casi sin fisuras con Bullrich.

La jugada de Larreta enfrentó el rechazo de Vidal, su socia histórica. Después de ser durante años casi un apéndice suyo, la ex gobernadora tomó distancia del jefe de gobierno guiada por Federico Salvai y Cristian Ritondo. Pero terminó subordinada a Macri, que -tal como informó LPO- le maneja hasta la cuenta de Twitter a través de Darío Nieto. Como parte de un raro reparto de roles, Larreta también tiene conchabados a macristas puros que le juegan en contra desde adentro. 

Dueño de un fracaso que entró en los libros de historia, Macri, de por sí, no parece con capacidad para responder. Al menos, eso surge de la liviandad de las definiciones que aportó en su aparición en La Rural. Macri no escuchó a los que le dijeron: "Afloja con la presión a Horacio porque te estás pasando de la raya y te puede cagar".

¿Una María Eugenia sacrificada y generosa se está vendiendo como síntesis porteña para postergar al primo Jorge y representar al PRO en la primaria contra Lousteau?

Pero si Vidal y Ritondo juegan a favor de Bullrich y en contra de Larreta en PBA pueden ahogar las risas que hoy se escuchan en Uspallata por la jugada de las listas concurrentes. Vidal mantiene la impostura de su candidatura presidencial, pero a su lado delizan dos razonamientos: la pelea interna solo beneficia a Milei y Jorge Macri se reveló como un candidato frágil, sin el consenso de todos. ¿Una María Eugenia sacrificada y generosa se está vendiendo como síntesis porteña para representar al PRO en la primaria contra Lousteau? Aunque se cansó de decirle a todos que no quería, sus acciones podrían valer más si Macri y Larreta la van a buscar como solución de unidad. En dos semanas, Vidal convocó a un plenario de su grupo para definir qué lugar pretende ocupar.

Con el hit de la casta en un contexto de deterioro crónico, Milei se presenta como solución y repone las mismas ideas que tuvieron su auge hace tres décadas. Pero su propuesta genera preocupación en los empresarios que ven la pelea de Juntos en un contexto de inestabilidad económica y política. Milei se despreocupa de la viabilidad política de sus propuestas, como si tuviera licencia social para arrasar con todo, pero ni siquiera el Fondo -actor permanente de la política que viene- le va a aceptar la eliminación de las retenciones. Entre el enojo con la dirigencia y el malestar generalizado, la sociedad argentina puede tentarse y comprar otro salvavidas de plomo.

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