Panorama
Con el diario del lunes
Por Diego Genoud
El acuerdo con el Fondo blanquea la fragilidad extrema en la recta final de la campaña y depende del 13A. Con una Cristina que deja hacer, Massa cumple un año de ministro y candidato.

Aunque su postulación oficial lleva algo más de un mes, Sergio Massa es candidato y ministro desde hace casi un año. Asumió con ese objetivo y se movió durante 11 meses de acuerdo a las premisas que lo iban a llevar a ser el elegido de la cúpula del ex Frente de Todos. Ahora, cuando faltan apenas dos semanas para un test electoral que puede ser tan crucial como el de las primarias presidenciales de 2019, la apuesta de Massa va camino a encontrar su resultado. Todos sus esfuerzos publicitarios, todas las especulaciones y todos los deseos -tanto los propios como los de sus rivales más encarnizados- quedarán subordinados desde el 13 de agosto al resultado de las urnas.

Si a Massa le va bien pese a la enorme cantidad de restricciones que enfrenta, al camino de improvisación extrema que eligió y a la inflación que elevó en apenas unos meses del 78% de agosto al 115% de junio, todos los argumentos en su contra irán parar por un tiempo al basurero de la historia. Si a Massa le va mal, en cambio, servirán de explicación de una cruzada riesgosa, que estaba destinada al fracaso.

Las medidas que el ministro de Economía anunció el lunes pasado, como los impuestos para los importadores y el dólar especial para el agro, dan cuenta de la extrema fragilidad en la que se encuentra el gobierno en medio de una campaña en la que lucha por su sobrevida. La desesperación llevó al ex intendente de Tigre a anunciar una devaluación sectorial que regresará como un bumerán en forma de más inflación camino hacia octubre. Condicionado por la inminencia de las PASO y por su socia principal, Massa no cedió a la devaluación plena que quiere el Fondo Monetario Internacional pero atentó contra sus propios intereses, sin garantía cierta de que el organismo le otorgue lo que necesita para seguir adelante con su proyecto presidencial.

Después de que se conocieran los detalles del Acuerdo a Nivel del Staff que dio a conocer el Fondo desde Washington, el diagnóstico de los economistas de la oposición esta vez coincide en parte con el que hacen algunos actores importantes del kirchnerismo y consultoras cercanas al oficialismo. 

Titulado "Algo huele mal en Washington", el radar económico especial que firmó este viernes Emmanuel Álvarez Agis advierte en primer lugar que el anuncio del FMI deja la puerta abierta para no realizar los desembolsos en caso de que "la PASO o la economía así lo justifique". Según el comunicado, el acuerdo "está sujeto a la implementación continua de las acciones de política acordadas", algo que no es tan común en los procedimientos del FMI y es muy distinto a lo que surgió de la revisión de marzo pasado. Además, el director de la consultora PxQ apunta que la meta de reservas sigue siendo exigente, no repara en la peor sequía de los últimos 70 años y confirma la posición del FMI a favor de una devaluación sustantiva del tipo de cambio oficial.

Desde el punto de vista de las reservas netas, la meta se reduce pero sigue siendo imposible de cumplir en las actuales condiciones porque demandaría que el Banco Central saliera del nivel actual -8000 millones de dólares en terreno negativo- y pasara a acumular 3000 millones de dólares. Para Agis, es inviable con la sequía y el semestre electoral. "Mantener una meta de acumulación de reservas tan alta es la forma del FMI de mantenerse fiel a su visión de una corrección del tipo de cambio real sustantiva".

Para cumplir con los desembolsos prometidos, dice el ex viceministro de Economía de Axel Kicillof, es de esperar que el Fondo presione por más aumentos de tarifas, una tasa de interés que esté todavía más arriba de lo que ya está -la tasa efectiva anual ya se ubica en 154% y es más propia del macrismo que del kirchnerismo-, un dólar a tono con la inflación, un ajuste sobre la paritaria del sector público, reducción de planes sociales y, tal vez, más subas de impuestos. 

Según Álvarez Agis, es de esperar que el Fondo presione por más aumentos de tarifas, una tasa de interés más alta de lo que ya es, un dólar a tono con la inflación, un ajuste sobre el sector público, reducción de planes sociales y, tal vez, más subas de impuestos.


El otro aspecto determinante es si Massa logrará en la negociación con el Fondo lo que pretende para su campaña electoral porque, según el director de PxQ, no habrá desembolsos netos positivos. Hasta la próxima revisión, que será en noviembre, Argentina tendrá que pagar U$ 7.788 millones producto de la deuda que contrajeron Mauricio Macri y Nicolas Dujovne. Así, lo que se anuncia que va a ingresar en concepto de Derechos Especiales de Giro, unos U$ 7500 millones, se va a usar para que el propio Fondo se repague. Salvo cambios de última hora, los desembolsos netos serían nulos.

Las señales que están ahí

Massa tiene dos semanas de campaña en las que el Fondo se irá de vacaciones. A su regreso del receso estival, la burocracia de Washington deberá evaluar el caso argentino y se verá si el directorio comparte los criterios del staff. En el medio, Argentina pagará vencimientos por 3400 millones, según se supone con yuanes y, en un movimiento que no registra antecedentes, con el préstamo de U$S 1000 millones de la Corporación Andina de Fomento.

Con el diario del lunes

Falta información y todavía puede haber novedades que alteren la escena. Pero Massa se topó con un Fondo mucho más duro de lo que él mismo esperaba. Lo que el kirchnerismo suponía, que el político Massa iba a conseguir mayores concesiones que el técnico Martín Guzmán, resulta como mínimo discutible. El Fondo luce inalterable, aferrado a sus recetas de toda la vida y bastante más exigente de lo que trascendía hace un par de meses, antes de que Massa fuera proclamado candidato de Alberto y de Cristina.

Las buenas relaciones de Massa con Washington no lograron edulcorar los condicionamientos que el organismo le fija a la Argentina para entregarle apenas alguna dosis de oxígeno a cambio de recobrarse su propia deuda. La sintonía fina entre el ministro y el colombiano Juan Sebastian Gonzalez, el asesor principal de Joe Biden para la región, no alcanzaron hasta hoy para que Jake Sullivan se ponga a la altura de lo que pronosticaban los voceros de Economía. Tampoco la compañía del empresario Gustavo Cinosi, que exhibió Massa en el almuerzo en la Rural el lunes pasado. Muy cercano a Eduardo Eurnekian, Cinosi es dueño de la franquicia del hotel Sheraton, oficia de mano derecha de Luis Almagro en la OEA y tiene una íntima relación con el Departamento de Estado. Accede a demócratas y republicanos.

El jueves último, apenas unas horas después de la visita de Massa a Santiago del Estero, el lobista Fredy Balsera, visitó en la gobernación a Gerardo Zamora, uno de los mandatarios provinciales que impulsó a Massa como candidato en lugar de Eduardo De Pedro. Dueño de Balsera Communications, el empresario cubano-americano tiene sede en Miami y predica desde el año pasado por el proyecto presidencial de Massa entre los círculos demócratas de Miami. Como el senador anticastrista Bon Menendez, son actores que pueden expresar afinidad con la visión del mundo de Massa pero no rinden, hasta ahora, en el terreno de las efectividades conducentes.

Algunos afirman que a último momento la administración Biden decidió no ayudar al peronismo y otros ponen la lupa en el peso de países a los que Trump doblegó en un abrir y cerrar de ojos cuando auxilió a Macri. A eso que hay que sumar que, forzado por la demora del Washington en aflojar la soga a la Argentina, Massa generó malhumor en la sede del Fondo con tres movimientos: su viaje a China, el pago del último desembolso con yuanes y la foto con el ministro de Finanzas de Egipto, el otro gran deudor del organismo. De ser así, en palabras de un consultor al que piden opinión en el peronismo, el ministro le habría salido caro revelarse como "el chino menos pensado".

El Fondo que volvió con Macri luce inalterable, aferrado a sus recetas de toda la vida y bastante más exigente de lo que trascendía hace un par de meses. 

Al margen de las teorías, lo cierto es que el Fondo, que volvió gracias al ingeniero a sentarse en la mesa de decisiones argentinas, condiciona al peronismo sin ofrecerle mucho más que la vista gorda ante el desvío de las metas del acuerdo original en contexto de sequía histórica y año electoral. Pese a eso, el ministro y candidato contó con el respaldo disciplinado de una parte decisiva del poder local y de la cúpula del kirchnerismo.

Massa cumplirá en las próximas horas un año como ministro de Economía y llegará el momento de balances que serán muy distintos según quien los formule. En el quinto piso del Palacio de Hacienda, el creador de la marca Frente Renovador confirmó que se mueve como pocos en las altas ligas del poder. En palabras de un funcionario que lo conoce mucho y lo valora, no le falta audacia ni vocación ni dedicación. Sin embargo, para el mismo dirigente, en el zigzagueo desesperado de su gestión, Massa también demostró que no tenía la formación económica para hacerse cargo de una situación delicada y que la ausencia de un plan lo llevó a llegar al filo de las PASO en el límite de sus fuerzas.

Lo que sorprende a otros que son parte del esquema de Unión por la Patria es el dejar hacer y dejar pasar que Massa logró imponerle al kirchnerismo detrás de la premisa de que tenía todo bajo control e iba a poder doblegar al Fondo. Algunos piensan que con su capacidad de seducción Massa le tomó el tiempo a una Cristina que se muestra en estado de resignación desde agosto pasado. El ex intendente, que podría ser considerado un operador de poder inigualable, ejerció también de líder del espacio ante la falta de conducción de la vicepresidenta. Algo que, con otros modos y estridencias, a CFK ya le había pasado con el todavía presidente. La dueña de la mayor de los votos del peronismo oficialista, heredera de una tradición que lleva dos décadas en los primeros planos de la política, empodera candidatos pero no los subordina a un programa ni a un plan cuando están en el poder.

 La dueña de la mayor de los votos del peronismo, heredera de una tradición que lleva dos décadas en los primeros planos de la política, empodera candidatos pero no los subordina a un programa ni a un plan cuando están en el poder.

En un contexto en el que Patricia Bullrich se audelata con consignas demasiado parecidas a las que terminaron asociadas al helicóptero presidencial, Massa tiene a su favor a una oposición sin cabeza y a un Javier Mile que le roba votos a todos pero seduce en especial a los que se sintieron estafados por la aventura de Macri en el poder.

Sin embargo, la gran duda es qué hizo Massa de efectivo durante su gestión para ganar la adhesión de los votantes históricos del peronismo. El gobierno puede exhibir los números de actividad económica que se sostuvo pese a la sequía y los datos del empleo precario pero no puede hablar de los ingresos pulverizados. Con un ADN muy ligado al poder, Massa cedió una serie de medidas a sectores de alta rentabilidad pero no tuvo más que paliativos para los que se vieron devorados por la inflación que se disparó. Está por verse si los gestos del último mes, en busca de contener al kirchnerismo de clase media, sirven para interpelar a millones de personas que no logran compensar lo que siguieron perdiendo con el peronismo en el poder.

La licuación acelerada que en el último año afectó a jubilaciones, salarios e ingresos informales está relacionada con el interrogante que van a develar las PASO: cuál es el grado de competitividad electoral que logró Massa en el año que lleva como jefe del quinto piso. Como pocas veces, el diario del lunes saldará esa discusión.

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