La Argentina productiva no pide privilegios. Pide que, cuando se diseñe el futuro económico del país, también se mire hacia donde están las fábricas. |
Hay una distancia cada vez más grande entre los números que se escriben en un presupuesto y los números que vemos todos los días quienes tenemos una PyME industrial. El Gobierno presentó su proyecto de Presupuesto 2027 con una serie de proyecciones que, en el papel, dibujan un escenario de crecimiento: aumento del PBI, menor inflación, recuperación de los salarios, crecimiento de las exportaciones y un nuevo año de superávit financiero.
El problema no es solamente si esas proyecciones se cumplen o no. El problema es que, aun si algunas de ellas se cumplieran, cuesta encontrar en ese esquema una respuesta concreta para quienes todos los días tenemos que pagar salarios, energía, impuestos, insumos y servicios mientras intentamos vender nuestros productos en un mercado cada vez más difícil.
Desde una fábrica del conurbano, el presupuesto se ve de otra manera. La inflación puede bajar en los indicadores macroeconómicos, pero eso no significa que bajen nuestros costos. La energía sigue representando una parte cada vez más importante de la estructura de una industria. El transporte aumenta. Los servicios aumentan. Los impuestos y las tasas pesan. Y, al mismo tiempo, las ventas no acompañan. Una PyME no vive del PBI. Vive de vender.
Hay otra cuestión que preocupa especialmente a la industria: la relación entre el dólar, los costos internos y las importaciones. Si nuestros costos se mueven por encima del dólar mientras ingresan productos terminados desde otros países, la competencia se vuelve cada vez más difícil. Una máquina importada puede ser una herramienta para producir mejor y ser más competitivos. Pero un producto terminado importado que desplaza producción nacional tiene otro efecto: reemplaza horas de trabajo argentino.
No se trata de cerrar la economía ni de impedir importar. Se trata de discutir qué modelo productivo queremos construir. Argentina necesita dólares. Nadie discute eso. Pero también necesita empresas que produzcan, trabajadores que tengan empleo y consumidores que puedan comprar lo que esas empresas fabrican.
Y hay una contradicción que no podemos ignorar. El presupuesto apuesta a que el crecimiento futuro sea impulsado principalmente por la inversión privada y por sectores capaces de generar exportaciones, mientras la inversión pública ocupa un lugar mucho más acotado. Pero, ¿qué pasa con las miles de pequeñas y medianas empresas que no son grandes exportadoras, que no tienen acceso a los mercados internacionales y que tampoco pueden financiar grandes inversiones? Son esas empresas las que sostienen buena parte de la actividad cotidiana de nuestras ciudades.
La industria necesita previsibilidad, pero también necesita mercado. Necesita crédito, pero también necesita rentabilidad. Necesita reglas claras, pero también necesita que producir en Argentina vuelva a ser una actividad posible. Y eso requiere mirar algo que muchas veces queda afuera de las grandes discusiones económicas: el costo de producir.
Una PyME industrial no puede trasladar automáticamente cada aumento de costos a sus precios. Si lo hace, pierde ventas. Si no lo hace, pierde margen. Y si sostiene durante demasiado tiempo esa ecuación, termina descapitalizándose.
Ordenar las cuentas públicas es importante. Bajar la inflación también. Generar dólares es indispensable. Esas condiciones deberían ser el punto de partida de un proceso de desarrollo productivo, no el punto de llegada.
La discusión que necesitamos no es solamente cuánto crecerá Argentina en 2027. La discusión es qué vamos a producir, quién lo va a producir y cuántas empresas van a estar en condiciones de hacerlo. Quienes estamos al frente de una PyME no necesitamos que el Estado nos garantice ganancias. Necesitamos condiciones para poder trabajar, invertir, competir y generar empleo.
La Argentina productiva no pide privilegios. Pide que, cuando se diseñe el futuro económico del país, también se mire hacia donde están las fábricas.
Si el Presupuesto 2027 proyecta crecimiento, pero ese crecimiento no llega al industrial, al comercio y a la PyME del conurbano, entonces habrá que preguntarse no solamente si las cuentas cierran. Habrá que preguntarse para quién están cerrando.
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