Un sueldo que luce alto en dólares pero no llena la heladera no es un buen sueldo. Es un espejismo. |
En los últimos meses se instaló en parte del debate público una idea tan seductora como engañosa: que en Argentina los sueldos "están altos en dólares". Esa frase, repetida una y mil veces, busca transmitir una sensación de mejora salarial o competitividad. Pero la realidad que vive la mayorÃa de las familias y de las empresas cuenta una historia muy distinta. Una historia que se confirma en cada visita a una fábrica, en cada comercio que cierra y en cada PYME que no encuentra aire para seguir.
Los salarios pueden lucir altos en dólares en un gráfico, pero en la vida cotidiana la heladera está más vacÃa que nunca y el consumo se derrumba. Y esa es la foto que verdaderamente importa.
La comparación en dólares se volvió el nuevo maquillaje económico. Con un dólar atrasado, cualquier sueldo parece elevado. Pero los argentinos no viven en dólares: viven en pesos. Y en pesos, las tarifas, los servicios básicos y los costos fijos aumentaron entre 300% y 400% en los últimos 20 meses. La gente dejó de consumir no porque no quiera, sino porque no puede.
Mientras un sector minoritario aprovecha estos "dólares baratos" para viajar, comprar afuera o financiar gastos, la producción y el empleo sufren como no veÃamos hace años. Uno de los datos más dramáticos -y más invisibilizados- es el cierre de más de 16.000 PYMEs en los últimos 2 año. Son persianas que bajaron y no volverán a subir. Son talleres que se apagaron. Son comercios vacÃos. Y son trabajadores que perdieron su sustento.
El deterioro del mercado interno es tal que muchas empresas ya no están discutiendo inversiones: están discutiendo si llegan a fin de mes.
En el Conurbano, esta realidad se siente con una crudeza especial. 3 de Febrero, de donde soy, históricamente un municipio de enorme densidad industrial, hoy está lleno de señales de alarma.
Hace unas semanas estuve en Villa Bosch visitando una empresa metalmecánica, una firma de más de 50 empleados, con décadas de historia. El dueño me recibió con una mezcla de cansancio y angustia que pocas veces habÃa visto. Me dijo, casi textual:
"No sé si llego. Este fin de año estoy pensando en cerrar. Entre las tarifas, la caÃda de ventas y los impuestos, ya no puedo más."
No era una exageración ni un discurso polÃtico. Era un empresario que aguantó todas -inflación, devaluaciones, crisis- pero que hoy está viviendo el peor escenario de los últimos veinte años.
Esto no es teorÃa. No es estadÃsticas. Es la vida real. Estamos atrapados en una contradicción que ya nadie puede disimular. Por un lado, un relato donde los salarios parecen competitivos "medidos en dólares". Por el otro, un paÃs donde:
• el consumo está en el piso
• el mercado interno se achica
• las PYMEs se caen una detrás de la otra
• la gente trabaja pero cada mes vive peor
Un paÃs serio no mide su bienestar por cuántos dólares vale un sueldo en una planilla. Lo mide por cuánto puede comer una familia, cuánto produce una fábrica, cuánto vende un comercio, cuánta estabilidad tiene un trabajador.
Si queremos una Argentina sostenible, productiva y con empleo digno, hay que dejar de mirar el salario en dólares como un indicador de éxito. La economÃa se reconstruye desde el poder adquisitivo interno, desde la industria viva, desde las PYMEs funcionando, desde trabajadores que no solo cobran, sino que pueden vivir.
Un sueldo que luce alto en dólares pero no llena la heladera no es un buen sueldo. Es un espejismo.
Y mientras sigamos mirando la economÃa con luces de exportación, mientras el mercado interno se sigue apagando y mientras empresarios de toda la vida ya no saben si van a llegar a enero, el paÃs va a seguir perdiendo su motor más importante: la producción nacional y el empleo argentino.
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