Opinión
Trump baja la guardia
Por Augusto Taglioni
El líder republicano ya no confronta con los gobiernos progresistas de la región. El laberinto en Medio Oriente y el riesgo de perder la mayoría en el Congreso.

 Mientras Donald Trump se enreda en una guerra con Irán que le está costando a Estados Unidos más de lo pensado, el líder republicano lideró una cumbre en Miami en donde lanzó el "Escudo para las Américas". 

Esta iniciativa forma parte de la nueva Estratega de Seguridad Nacional de Washington que se combina un estética que se asemeja a las películas del Capitán América y refuerza la lógica de centralidad que al presidente de Estados Unidos lo desvena con el sentado y todos parados rodeándolo en una actitud sumisa y de admiración. 

Con esto, el magnate pretende lograr dos cosas. Por un lado, mostrar músculo en la región con los países que giran en su orbita como El Salvador, Panamá, Argentina, Paraguay, Bolivia, Ecuador y Chile y por el otro, alinear a todos estos países en contra del avance de China. 

Entre los ausentes hay pesos pesados sudamericanos como Brasil, México y Colombia, que no están alineados con la Casa Blanca y construyen una relación de una posición de igualdad y respeto. 

Lula y Petro abandonan a Maduro para contener a Trump

Luego de esta reunión, muchos esperaron que Trump lanzara munición discursiva contra los tres países que no se subordinan a su conducción pero el líder de Estados Unidos hizo todo lo contrario y sorprendió a propios y extraños. 

"Creo que los invitaron. Quizás no vinieron, creo que sí. Me llevo muy bien con todos ellos", respondió Trump a los periodistas que lo esperaba en los jardines de la Casa Blanca. Trump sabe manejar los tiempos y no mide las palabras a la hora de presionar, insultar o elogiar. No gasta tiempo en diplomacia ni correcciones políticas. Podría haber sido incendiario, como ya lo ha sido en otras ocasiones con estos mismos países, pero no lo fue.  

El magnate pretende lograr dos cosas. Por un lado, mostrar músculo en la región con los países que giran en su orbita como El Salvador, Panamá, Argentina, Paraguay, Bolivia, Ecuador y Chile y por el otro, alinear a todos estos países en contra del avance de China.

Esto no es todo. Trump habló con Gustavo Petro justo la semana que su partido político logró una importante victoria en las legislativas que lo consolidaron como la fuerza mayoritaria en el Congreso y lo pone con chances de ganar en las elecciones presidenciales de mayo. No sería extraño que ambos se reúnen en Cartagena en los próximos meses y haya otra  bilateral en Washington. 

Lo mismo ocurre con Lula, con quien habló en varias ocasiones y lo recibirá en el Salón Oval en el mes de abril. Trump abandonó el apoyo a Bolsonaro y la condena por la prisión del ex presiente por el intento de golpe contra Lula. 

Un dato muy relevante es que ni en Brasil ni en Colombia, Trump habló de las eleciones ni declaró el apoyo a algunos de los candidatos de la derecha que admiran al republicano. Esto puede explicarse por varios motivos. Uno puede ser una cuestión piel que en el universo Trump es muy importase. O le caes bien o le caes mal, y de ahí se construye una relación. 

Trump baja la guardia

Esto se suma con una derecha desarticulada que corre de atrás en las encuestas y, aunque pueda crecer en un escenario polarizado, no son favoritos para ganar en ninguno de los casos. Trump apoya a los ganadores, nunca pierde y el margen de exposición actual es bajo en un momento de crisis interna y guerra.  

Brasil y Colombia cumplen un rol fundamental en la contención del régimen que ahora conduce Delcy Rodriguez. La nueva presidenta fue reconocida por el gobierno de Estados Unidos y el rol de Lula y Petro es importante. Por eso, Trump le deseó suerte al colombiano en su próxima reunión con Delcy. Ni el uribismo ni el bolsonarismo podrían tener una función practica y productiva con el chavismo que ahora es amigo de los gringos.

El tercer elemento es Venezuela. Brasil y Colombia cumplen un rol fundamental en la contención del régimen que ahora conduce Delcy Rodriguez. La nueva presidenta fue reconocida por el gobierno de Estados Unidos y el rol de Lula y Petro es importante. Por eso, Trump le deseó suerte al colombiano en su próxima reunión con Delcy. Ni el uribismo ni el bolsonarismo podrían tener una función practica y productiva con el chavismo que ahora es amigo de los gringos. 

En esta columna adelantamos que Lula y Petro abandonaron a Maduro para no enojar a Trump. La salida del ex presidente le sirvió a todos. 

Con México es una historia aparte en donde los temas fronterizos, el debate sobre el abordaje de los carteles de droga y la relación comercial se discuten en una mesa que mira de lejos y desinterés este escudo proyectos contra China. 

La caída de Maduro 

La conclusión es que los tres gobiernos progresistas más importantes de América Latina no necesitaron alinearse automáticamente en favor de la guerra contra Irán, ni apoyan la intervención militar extranjera en sus países ni se pelean por tener la lapicera que regala Trump a modo de souvenir. 

Simplemente porque no hace falta. Con respeto, autoridad y negociación se puede tener una relación decente. Eso hacen los países serios que hacen valer el peso especifico y sistémico de sus naciones. 

De todas formas, un fracaso en Medio Oriente Trump no tendrá más opción que replegarse sobre América Latina, veremos si con más garrote que zanahorias, pero para eso necesita algo más que un coro de aplaudidores.

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