Lo de Trump en Irán es un laberinto sin salida. La retirada elegante que no llega. Un liderazgo con mucho palo y poca zanahoria. |
Ya nadie entiende a Donald Trump. Su incursión en la guerra contra Irán lo deja al desnudo pero nadie se anime a decÃrselo.
Las declaraciones son caóticas. En un mismo dÃa sugiere la inminencia de un acuerdo y las horas se desdice a afirma que destruirá al paÃs persa por completo. En un reportaje dice que no le interesa abrir el Estrecho de Ormuz y en un siguiente diálogo reniega por nadie los escolta y lanza ultimátums.
Hace tiempo que ya nadie se anima a decir que todo se trata un excelente plan para consolidar el liderazgo global de Estados Unidos en el mundo. Es cada vez más claro que estamos frente a un lÃder caótico que no planifica y toma las decisiones en función de lo que se le ocurre en el momento.
Está claro que todo tiene una premisa que une al enorme ego del magnate republicano con al espÃritu de la potencia que conduce: nunca es una opción perder, aún perdiendo. En efecto, todo lo que pase de acá en más será con una narrativa de victoria fenomenal.
Pero los hechos son los que son y lo que vemos en Irán es paÃs con una capacidad de respuesta fenomenal y, aún con buena parte de su cúpula asesinada y un ayatolá al que no se le conoce su voz, el régimen se mantiene monolitico y con los objetivos claros: bloquear el Estrecho de Ormuz y destruir las instalaciones militares de Estados Unidos en el Golfo.
Es complejo entender la preocupación de Donald Trump por las armas nucleares de Irán cuando el propio lÃder republicano en su primer mandato el que decidió romper un acuerdo que venÃa bien.
Esto no es una ocurrencia de algún loco suelto que odia a los norteamericanos sino fueron palabras del propio Rafael Grossi, titular de la Organización Internacional de EnergÃa Atómica. Ya con la negociación rota fue que Irán avanzó en los márgenes que no están permitidos.
Los resultados de la incursión de Trump en esta guerra están a la vista. Bases militares inhabitables, el barril de petroleo arriba de los 100 dólares, millones de personas marchando en Estados Unidos y Europa y los números de aprobación por el piso, el año de las elecciones de medio término que son claves para la gobernabilidad trumpista.
Lo de Trump es ruido y caos. La única estrategia es disfrazar el declive de Estados Unidos como potencia global con berrinches que le cuestan caro a toda a la humanidad. El repliegue sobre lo que el Secretario de Guerra, Pete Hegseth, como "La Gran América del Norte", de Groenlandia al Caribe es una sÃntoma de una decadencia inevitable que solo ofrece palos y ya no se molesta en prometer zanahorias.
Los sÃntomas de la crisis interna empieza a salir a la superficie con la destitución de la Fiscal General Pan Bondi a quien apuntan por no frenar el avance de los archivos Epstein o el pedido de renuncia de Hegseth al jefe del Ejército, Randy George, en medio de los rumores de una operación terrestre a la Isla de Karhg en Irán.
El vacÃo europeo es otra señal. Ninguno de los paÃses importantes de la OTAN, incluyendo a la italiana Meloni, se sumó al conflicto, una postura que podrÃa traerle beneficios a los buques europeos en el Estrecho de Ormuz. Al final, todo esto de la autonomÃa estratégica no eran tan complejo de realizar.
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Lo de Venezuela salió bien pero el régimen sigue intacto y todos los caminos conducen a una normalización de relaciones que termine favoreciendo mucho más al chavismo que a Estados Unidos. Lo de Cuba es una amenaza que se sostiene sobre la base de la asfixia total y absoluta pero sin demasiada claridad en torno a los objetivos.
Trump necesita mostrarse ganador pero el tiempo lo está convirtiendo en una mancha venenosa respaldado por un coro de admiradores que lo aplauden sin siquiera escucharlo.
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