El balotaje colombiano repitió la tendencia de Perú. PaÃses divididos y un escenario donde nadie se impone con contundencia. Gobernar, una tarea de riesgo. |
Colombia repitió un patrón de comportamiento que parece instalarse: la extrema polarización y el cansancio de la población ante la falta de resultados inmediatos. Esta tendencia comenzó con Jair Bolsonaro en 2018 y los escándalos de corrupción que golpeó al gobierno de Dilma Rousseff pero se aceleró luego de la pandemia.
Las vÃctimas de este proceso son los partidos tradicionales de derecha que dejaron de ser una opción para los votantes que prefieren una suerte de combinación entre sinceridad, verborragia tuitera y promesas que conectan rápido con el sentir de frustración y enojo.
Bolsonaro hizo eso. Fue a fondo con el discurso de confrontación y pulverizó a la social democracia brasileña. En 2021, Chile experimentó la primera elección desde la vuelta de la democracia sin la ex concertación y la coalición de derecha moderada con Gabriel Boric y Jose Kast en la segunda vuelta. Milei hizo lo propio ganando la presidencia con votos del PRO y el radicalismo. Dos años después, otra vez en Chile, las fuerzas fueron a las urnas pero con mejor suerte para la ultraderecha.
La última gran batalla de Lula en Brasil
Ahora es el turno de Colombia con un abogado apuntado por defender a mafiosos y a figuras vidriosas como el testaferro de Nicolás Maduro, Alex Saab. Hace un año no estaba en los planes de nadie y ahora gana la elección mas pareja de la historia de Colombia. Cabe recordar que es la segunda vez que el uribismo queda fuera del balotaje. En 2022, Petro le ganó al empresario Rodolfo Hernández que nadie tenÃa en el radar.
¿Es este fenómeno una nueva ola de derecha? La realidad es que la ola de es de polarización y paridad en una región donde el histrionismo resulta ser una buena receta para ganar elecciones pero que las dificultades para gobernar son superlativas.
Perú es otro caso de paridad y polarización pero un contexto de muchÃsima volatilidad polÃtica. Keiko, una vez que se confirme su victoria, tiene el desafÃo de darle a Perú la estabilidad en un paÃs que cambia de presidente cada un año y medio.
Otro punto es importante es la potencia que sigue teniendo la izquierda. Lejos de la muerte que las nuevas derecha pretenden instalar, todas las opciones progresistas se mantienen como la principal fuerza de oposición.
Cepeda perdió por 200 mil votos pero la fuerza polÃtica que lo sostiene hizo una gran elección en las periferias y es el bloque legislativos más fuerte. Juntos por el Perú consolidó su poder territorial en las zonas rurales que deja a Roberto Sánchez como alternativa.
Dentro de este mapa de extrema polarización, la región se enfrentará con dos elecciones claves. Brasil, con Lula y Flavio Bolsonaro y Argentina con Milei y algún candidato del peronismo. Ambos tendrán la difÃcil tarea de la reelección.
En efecto, el empate hegemónico es la única realidad efectiva que nos muestra el escenario regional en una coyuntura donde las alternativas disruptivas evaporan su imagen cada vez más rápido. Le pasó a Kast en Chile con 20 puntos de caÃda en cuatro meses y puede ser el destino de De la Espriella si no responde con rapidez a las demandas de los colombianos. En ese terreno, no hay reels, ni consignas que valgan. Hay que gobernar con una población que perdió la paciencia.
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