Editorial
La Cancillería que viene
Por Augusto Taglioni
El nuevo canciller tiene el desafío de recuperar la autoridad que perdió Mondino. Qué pasará con la injerencia de Karina.

Diana Mondino deja una cancillería repleta de problemas. Su falta de conducción y la pérdida total de confianza con el triangulo de hierro hicieron imposible el rumbo de uno de los ministerios más importantes del gabinete. 

Conflictos gremiales por primera vez en la historia, funcionarios de segundo orden con poder de decisión propia y hasta una interventora sin cargo que la puenteó en cumbres y en el diálogo con los embajadores y un estilo que combinó la lógica tuitera con una inédita pulsión por apelar a la ironía y el humor en los peores momentos, protagonizaron una verdadera gestión fallida, de las peores de la vuelta de la democracia. 

El voto a favor de Cuba fue un pretexto para sacársela de encima.  El voto no fue algo que dependía directamente de ella. Entre el vicecanciller Eduardo Bustamante y el director de Organismos Internacionales podrían haber encendido a la luz de alerta para que el embajador votara como quería la Casa Rosada. "Fue 99 por ciento descuido, 1 por ciento travesura de Lagorio", comentó un diplomático con experiencia en este tipo de organismos. 

Pero eso es historia y ahora se abre un etapa que está marcada por la incertidumbre. Mondino no deja el cargo por su incapacidad sino porque no aprobó el examen de lealtad y purismo libertario, eso que relaman los trolls y las nuevas estrellas del streaming conservador.

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Eso, a priori, se termina. En primer lugar porque Gerardo Werthein no es Mondino. Eso vale tanto para la relación con los Milei como para el sistema de relaciones que supo construir como empresario y dirigente deportivo y llega hasta la mismísima elite política norteamericana. No es un empleado del Presidente ni un improvisado en el cargo que necesita el retuit de Milei, el Gordo Dan o algunas de las cuentas de Santiago Caputo para pertenecer.

"Es un primera línea que sabe como tiene que jugar y no se va a bancar maltratos y boludeces", explica alguien que frecuenta la Palacio San Martín. 

Gerardo Werthein no es Mondino. Eso vale tanto para la relación con los Milei como para el sistema de relaciones que supo construir como empresario y dirigente deportivo y llega hasta la mismísima elite política norteamericana. No es un empleado del Presidente ni un improvisado en el cargo

El nuevo cuadro abre algunas preguntas: ¿Será el fin de la intervención de Karina? ¿Qué rol ocupará Ursula Basset? Con Mondino sin confianza ni autoridad para alguna política es una cosa pero ahora nadie tendrá que explicarle al nuevo Canciller hacia donde tiene que ir la política exterior del gobierno. 

Los diplomáticos lo saben porque reciben las ordenes de Basset y la carta del propio presidente advirtiendo las consecuencias de no alinearse con las fuerzas del cielo. Su espíritu de supervivencia les permitirá aggiornarse a la perfección, tal como lo expresa el comunicado de APSEN es un ejemplo claro de eso. "Le pertenezco versión diplomática", bromeó de si mismo un diplomático de trayectoria.

La Cancillería que viene

 Entonces, ese dispositivo puesto para limar y aislar a Mondino y garantizar la línea dura supuestamente perdida ya no tiene sentido con una figura que sabe procesar los intereses de la cúpula de gobierno. 

Con eso parcialmente saldado, el desafío de Gerardo Werthein será construir un equipo de gestión que le permita controlar la situación sin sobresaltos en un ministerio que todos los que lo transitaron en las últimas semanas lo definen como una olla a presión. El equipo que lo acompañe probablemente sea el que viene trabajando en Washington para luego analizar a los diplomáticos que quedaron de la gestión que se fue.  

¿Será el fin de la intervención de Karina? ¿Qué rol ocupará Ursula Basset? Con Mondino sin confianza ni autoridad para alguna política es una cosa pero ahora nadie tendrá que explicarle al nuevo Canciller hacia donde tiene que ir la política exterior del gobierno.

El Jefe de Prensa Gerardo Bartolomé, el director de Asuntos Latinoamericanos, Mariano Vergara y el secretario de Economía Internacional, Marcelo Cima, son quienes sobrevivieron al equipo inicial que ayudó a armar Jorge Faurie con la intención de rodear a la canciller sin experiencia en el cargo. La continuidad de ellos es un tema a resolver 

"No hay confianza con el PRO y la UCR y no existen diplomáticos libertarios. Tiene que armar con gente de confianza que aún no tiene", apuntan.

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Con este cuadro, Werthein tiene el desafío de recuperar la autoridad perdida para neutralizar a los que buscan más protagonismo, reclaman mas espacio y lotearon el ministerio en pos de sus intereses con la luz verde de la Rosada.

En paralelo tiene la misión de encarnar los valores de la nueva política exterior libertaria aliada de Estados Unidos e Israel con el riesgo de abandonar temas sensibles de la tradición diplomática como Malvinas o votar en contra del desarme nuclear en Medio Oriente y liderar el pragmatismo con los países importantes con los que se gestionó un acercamiento como China y Brasil. 

El factor Trump seguramente sea decisivo para saber que rol ocupará Milei en la etapa que viene, dado que en los planes del gobierno está la posibilidad de ser el alter ego del republicano.

El equilibrio entre talibanes y burócratas no una será tarea sencilla. Se requiere poder, conducción y equilibrio, tres elementos que el nuevo Canciller parece tener. 

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