Paraguay
Intervención en Paraguay, un mensaje a la región
Por Augusto Taglioni
Estados Unidos inició una purga del sistema político paraguayo forzando la renuncia del vice. ¿Un nuevo método de intervención en la región?

Estados Unidos decidió intervenir en la política paraguaya. Lo hizo de la manera más insólita y elemental: con un embajador leyendo un comunicado del Departamento de Estado donde se arrojan acusaciones gravísimas contra pesos pesados del sistema político. Esto comenzó el 23 de julio cuando el embajador estadounidense en Asunción, Marc Ostfield, informó que el ex presidente, Horacio Cartes, pasaba a integrar la lista de los "significativamente corruptos".  ¿Se imaginan al embajador en argentina Mark Stanley haciendo lo propio contra Cristina o Macri?

Cartes no es una figura cualquiera. Hace, al menos, una década es el dirigente más importante del país y uno de los empresarios más poderosos con vínculos en toda la región. Tiene buena parte del poder en el Partido Colorado, maneja los tiempos en el Senado, controla estamentos estratégicos de la Justicia y se mueve como quiere entre grupos económicos. Hay denuncias fuertes por contrabando en la Fiscalía, que la oposición dice que Cartes maneja, pero no movió ni un sola carpeta para investigarlo a pesar de la presión internacional. 

Renuncia el vicepresidente de Paraguay luego de que EEUU lo acusara de "significativamente corrupto"

Pero la cosa no se detuvo ahí. Ahora, nuevamente el embajador, sumó como nuevo protagonista de las acusaciones de Washington al vicepresidente y candidato a la presidencia, Hugo Velazquez. La misma caratula: "Significativamente corrupta" y vínculos con el terrorismo. Lo sacaron de la cancha en cinco minutos, ya no es vicepresidente y mucho menos candidato. 

Lo que impacta es el método, ya no se trata de los golpes Estado como los orquestados por Estados Unidos en la década del 70 o más cerca, lo que en el progresismo latinoamericano denomina como "Lawfare", sino una simple declaración del Departamento de Estado calificando a un dirigente político de "significativamente" corrupto. 

Lo que impacta es el método, ya no se trata de los golpes estado orquestados por Estados Unidos en la década del 70 o más cerca, lo que en el progresismo latinoamericano denomina como "Lawfare", ese mecanismo de coordinación judicial y mediática supuestamente diseñado por Washington para sacarse de encima líderes populares de izquierda. 

Esto es otra cosa, una simple e inapelable declaración del Departamento de Estado calificando a algún dirigente de "significativamente" corrupto. Una metodología que tal vez termina de explicar lo que muchos no comprenden en esta región y que indica que Estados Unidos es más pragmático de lo que muchos creen, incluso para modelar escenario políticos favorables a sus intereses. 

Marc Ostfield, embajador en Paraguay.

Este caso muestra que Estados Unidos intervino para iniciar una transición dentro de un aliado histórico como los colorados paraguayos.  ¿Para qué? Hay varias lecturas posibles que recorren las oficinas de los principales dirigentes políticos del país guaraní. El primero tiene que ver con pre-formatear el sistema político en su conjunto para alinearlo a sus intereses.  Descarta a Horacio Cartes y Velazquez, defiende y sostiene a Abdo Benítez y posiciona a Santi Peña, candidato de Cartes pero también un cuadro del Wilson Center que Estados Unidos considera propio. 

Lo mismo corre para la oposición, donde Efrain Alegre y Soledad Acuña también son del agrado norteamericano por encima de las alternativas más de izquierda expresada por Fernando Lugo y su candidata, Esperanza Martínez. Para ser más directo: es una purga del partido hegemónico y la oposición principal, ni más ni menos. 

Estados Unidos intervino para iniciar una transición dentro de un aliado histórico como los colorados paraguayos. ¿Para qué? Tal vez buscó pre-formatear el sistema político en su conjunto para alinearlo a sus intereses. Descarta a Horacio Cartes y Velazquez, defiende y sostiene a Abdo Benítez y posiciona a Santi Peña, candidato de Cartes pero también un cuadro del Wilson Center que Estados Unidos considera propio. 

El pretexto, sin pruebas ni archivos declasificados de la CIA ni de ningún tipo de organismo, para iniciar esta ofensiva fue el nexo de los apuntados con organizaciones terroristas como Hezbollah y su presencia en la Triple Frontera, donde Estados Unidos quiere instalar una base militar. Ese fue el Rubicón que hizo que el Departamento de Estado tomara esta decisión. Tal vez, el primero de varios. 

La experiencia de Donald Trump se orientó en el garrote para desplazar a Nicolás Maduro del poder y logró alinear a los gobiernos de entonces a través de estructuras como Prosur o el Grupo de Lima. Estados Unidos, a través de la OEA, tuvo un rol importante en el golpe contra Evo Morales de 2019 en Bolivia y se presume que fue quien ordenó a sus aliados no dejar aterrizar el avión del presidente depuesto, como reveló LPO. Trump y su secretario de Estado, Mike Pompeo, celebraron "la renuncia" de Evo y se comprometieron a "acompañar un nuevo proceso electoral". 

Con la llegada de Biden al poder eso pareció cambiar. La agenda climática y el perfil "progresista global" lo acercó a Alberto Fernández, Gabriel Boric o Gustavo Petro y el cambio parcial de política con Venezuela le otorga un mayor rol a la Celac. En estos años, la Casa Blanca parece priorizar más la capacidad de los liderazgos de evitar la continuidad de estallidos sociales (como los que ocurrieron en Chile y Colombia en 2019 y 2021), los vínculos con el terrorismo (como se expresa en su actuación en Paraguay o en la felicitación a las autoridades argentinas por retener el avión con iraníes para dejarlo bajo la inspección del FBI a pesar del pataleo de Maduro) y la creciente relación con China, algo que en el corto plazo es más complejo de evitar.

Esto no significa que EEUU no mire con atención la serie de victorias de izquierda en el Cono Sur sino que las variables para configurar su sistema de relaciones puede haber cambiado.  Juan González dio recientemente en un acto de sincericidio (ver video) que "hace 40 años hubiesen intentado sabotear a Petro" pero aclara que eso es parte de un pasado de Guerra Fría. Lo que viene está en proceso de desarrollo.

La relación con China es más complejo de evitar pero no quedan dudas que habrá mayor monitoreo. En la sala de prensa de la cumbre del Mercosur en Paraguay mientras Uruguay defendía con uñas y dientes el acuerdo de libre comercio con China por fuera del bloque, varios se preguntaron: "¿Cómo le cae a Estados Unidos que estos quieran un acuerdo de estas características con China en el corazón del Mercosur?". Uruguay debería mirar lo que pasa con su vecino. 

Es evidente que si Cartes o Velazquez fueran progresistas ya tendríamos entre nosotros comunicados del Grupo de Puebla y afines denunciando una mano del imperio frenando procesos de transformación. Es claro que la trama de intereses que defiende Estados Unidos es más complejo que las anteojeras ideológicas o partidos políticos determinados, eso obliga a mirar cada movimiento con mayor rigurosidad para no sorprenderse si los enemigos del "imperio" de ayer terminen siendo los aliados de hoy. A priori, es una buena manera de empezar a leer las relaciones internacionales. 

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