Opinión
Laboratorio Cerro: claves de un éxito arrollador
Por Augusto dos Santos
Templanza, confianza y segmentación. El camino de un laboratorio del versus entre la virtualidad y el mundo real en las campañas políticas.

El 31 de enero, Blas Reguera se convierte en Presidente de Cerro Porteño con el mayor volumen de participación de electores en la historia del futbol paraguayo. Nunca ninguna organización similar convocó a tantos afiliados para una victoria tan contundente. El camino fue un laboratorio del versus entre la virtualidad y el mundo real en las campañas políticas.

En agosto del 2025, su contendor, Carlos Rejala era el dueño del territorio. Nadie le disputaba. Era el crítico implacable de una gestión a cargo de Juan José Zapag que avanzaba con el pantano a la altura del pecho. Era el redentor que habría de devolver al ciclón sus viejas glorias apuntando al corazón del problema: la ausencia de éxito deportivo.

Para entonces, Rejala era como Mufasa, parado en el peñasco y enunciando a Simba: "Mira, Simba. Todo lo que toca la luz es nuestro reino"... sin saber que el mal manejo de ese territorio, justamente, terminaría siendo su derrumbe.

Allí es donde irrumpe en el escenario un candidato diametralmente distinto: Blas Reguera Riquelme, el sí era nieto heredero de un rey león de la política y la gobernanza de Cerro Porteño, Blas N. Riquelme, quien lejos de disputar a Rejala el territorio de la estridencia, cuando -aparentemente- el mejor camino parecía ser la crítica demoledora contra el oficialismo, guardó la tabla de surf, parafinada y adecuada a la temperatura del agua. 

La fidelidad del voto afiliado 

 Prefirió la puerta del éxito en las campañas políticas: darse tiempo para conocer el territorio y salir luego a caminar sus valles y senderos. Con la misma síntesis objetiva determinaron que ese camino tendría un potente nombre, que representaba éxito deportivo y confianza en la gestión: Cerro Primero.

Efectivamente, mientras el ex diputado y sus discípulos aumentaban la carga de dinamita y explosionaban sin cesar, apostando todas sus fichas a la posibilidad que la luna que le restaba a Cerro Porteño termine de eclipsarse totalmente con un fracaso deportivo estruendoso en el campeonato 2025, en las carpas de Blas Reguera la opción fue encaminar el rumbo hacia la reina de todas las reinas de la efectividad electoral: la segmentación y el abordaje especifico de demandas. 

Entonces todo empezó, como deberían empezar todas las campañas: con una encuesta desalmadamente neutral, desprovista de todo maquillaje, que debe siempre responder a la frase dramática: "a ver, contame toda la verdad". Y así fue. Allí se impuso la templanza del candidato de Cerro Primero, quien no perdió la calma ante la instalación de "candidato oficialista" con que le atosigaban.

Reguera asumió ser candidato a Presidente de Cerro en total conocimiento de la ventaja que tenía para si Carlos Rejala pero con la clarísima estrategia de buscar otro camino.

Ese camino fue recogido del estudio demoscópico de segmentación del asociado azulgrana. A partir de ese momento, meses antes de diciembre, quedaban en claro para este sector varias premisas:

a) Reguera tendría una foto mucho más nítida del escenario,

b) ese escenario describiría la enorme fragilidad de una apuesta exclusivamente aferrada al discurso de destrucción del oficialismo,

c) esa línea de base permitiría a Reguera tener un mapa preciso sobre con quiénes dialogar y sobre cuáles demandas dentro del mundo azulgrana,

d) le permitiría derrumbar mitos sobre "lo que quiere escuchar" el pueblo de Cerro, y por último,

f)lo más importante, la campaña de Reguera sabía a partir de tal diagnóstico que Rejala hablaba para un segmento que parecía mayoría en las redes sociales, pero estaba lejos de serlo en el territorio societario.

El equipo ganador de Cerro.

Con una calma digna de Mel Gibson interpretando a William Wallace, en Braveheart (1995), Reguera asumió el riesgo de ser cuestionado por no detonar críticas contra el oficialismo con la expresión emblemática de tal película ("esperen, esperen...") por una razón muy sencilla: el camino era el dialogo con las bases societarias, en cada uno de sus territorios, en cada barrio y ciudades.

A ello se sumaba una definición identitaria clara: era el sector que representaba la confianza en un manejo solvente, sólido y con garantía gerencial para el Club.

Para ello nada mejor que potenciar la oferta de Reguera con un emblemático empresario del mundo del combustible, Lucho Ortega, que venía investido de tales argumentos, sumando al mismo tiempo a un joven representante del mismo mundo empresarial, Tote Riquelme, con éxitos indudables en la expresión industrial y con la misma genética cerrista de Reguera. Con ellos se terminó de transmitir el gran concepto de la campaña que expresado de la manera más lisa y llana seria: "a estos tipos sí podemos confiar el manejo de nuestro club".

El camino era el dialogo con las bases societarias, en cada uno de sus territorios, en cada barrio y ciudades. A ello se sumaba una definición identitaria clara: era el sector que representaba la confianza en un manejo solvente, sólido y con garantía gerencial para el Club

A partir de los nuevos estudios que demostraban que el principal activo de este sector era la confianza de los electores socios, ya quedaba claro que el discurso arrollador y por momentos agresivo del adversario iba terminar siendo un aporte para la propia campaña de Reguera. Para diciembre ya parecía la culata de un viejo bus con la leyenda "tu crítica me fortalece".

Con propuestas sencillas, ancladas exactamente en las aspiraciones de los socios expresadas en estudios, Cerro Primero, avanza anunciando: éxitos deportivos, respeto, innovación y buen gerenciamiento del club. Estas consignas representaban milimétricamente la aspiración de todos los estratos socioeconómicos y etarios que integran la masa societaria del Ciclón.

La suma de Rubén Recalde fue otra acción estratégica del movimiento, fortaleciéndose con el aporte de adherentes del mismo, pero más que nada afirmando el mensaje de solidez y confianza desde otro elemento seductor para los electores: la unidad de fuerzas. La inclusión de una vicepresidenta mujer, Carolina Bestard, arropó el proyecto con un dato interesante de inclusión en el que el adversario que aparentemente representaba el cambio no había pensado.

El final de la historia es tan conocido como la conclusión de la película Los 10 mandamientos (ya que estamos en cinematográficos): una elección no gana quien genera más ruido en las redes sociales, sino aquel que mejor conoce el territorio y esencialmente quien mejor sabe qué está pensando cada segmento de tal territorio en este momento.

El camino a 2028

Si todo dependiera de las redes, Rejala no sería Presidente de Cerro sino el rey que miraba su reinado hasta donde toca la luz como en The Lion King, porque su gestión digital fue estupenda y él era un candidato con carisma, pero las cosas no funcionan así en la vida real de las campañas. Parece paradójico, pero a la postulación electoral más política le faltó política.

En el 2016 escribimos un artículo de opinión titulado "Abrazo mata tuit", hoy ha cambiado todo, pero no ha cambiado lo esencial: el manejo demoscópico del territorio y la comunicación de respuesta segmentada de las demandas derrota siempre a los profetas de "el pueblo quiere", sin saber qué quiere en realidad. 

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