Gualeguaychú

Entre la expectavia y la nostalgia, la UCR le cambió el color a Gualeguaychú

Comidas, reencuentros y proselitismo. La previa de la Convención que parece decisiva.

Aunque el calor no cede, en Gualeguaychú ya no esperan turistas. Concluido el carnaval, la mayoría de los locales de la costanera están cerrados, los balnearios tienen espacios vacíos y en el centro no se oyen tonadas de otras latitudes.

Pero para asombro de los lugareños, el radicalismo, el partido que dejó de ser protagonista de las presidenciales hace tiempo, reanimó la ciudad de las plumas y los caderines con lo que más disfruta: debates, peleas y, sobre todo, recuerdos.

“¿Esto lo paga el Comité?”, bromeaba una joven en uno de los pocos restaurantes que aún atiende frente al río. Acompañaba a su padre, experimentado convencional que por un rato volvía a su salsa entre anécdotas de discusiones y armado de listas.

El resto de las mesas creaban una especia de subcomité: el diputado jujeño Miguel Giubergia cenaba con otro grupo de amigos y la ex diputada María Luisa Storani repasaba historias de militancia junto a mujeres de todas las edades.

Por la costanera circulaban figuras del partido a baja velocidad, como para pispiar qué correligionario andaba suelto. Las cenas se interrumpían a cada rato con una escena repetida: un convencional, por lo general entrado en años, se acercaba a reencontrarse con un par y estrechaban un abrazo fraternal en medio de las mesas.

“Ahora me voy a ver que me ofrecen los candidatos”, se escuchó a uno de ellos, feliz por el retorno del protagonismo.

Era extraño pensar que de esa gente que exhibía más nostalgia que euforia saldrá hoy una decisión clave para la elección presidencial. Pero así parece.

El senador Oscar Castillo, de Catamarca, tampoco ocultó la emoción del encuentro con viejos militantes, con besos y abrazos incluidos. Les importaba que había sido de sus vidas y no tanto la suerte de la Convención.

“Hay muchos convencionales que recién sabrán que votan mañana y les dicen que sí a todos. Porque no entienden bien la discusión y esperará a escuchar los argumentos. Es raro, pero por primera vez en mucho tiempo será importante lo que se hable. Nada está cocinado”, resumían desde el entorno de una de las figuras claves de esta tarde, mientras saboreaban un helado.

Julio Cobos fue el más tribunero: cerca de la medianoche, caminó toda la costanera escoltado por una decena de personas y hasta un camarógrafo, que seguían sus pasos para que nadie lo creyera uno más.

Cuando decidió la sede, Sanz olvidó que Gualeguaychú fue uno de los epicentros de la pelea por las retenciones móviles y Cobos es una marca registrada de la victoria gaucha tras aquellos días de furia.

El ex vice disfruta con su clásica sonrisa congelada cada vez que alguien se acerca a hablarle. “Mirá que seguimos con el problema de Botnia”, le recuerda un anciano, en referencia a la pastera finlandesa que derrama sus desechos desde Uruguay. “Claro, yo estuve”, le recuerda Cobos. En aquellos tiempos era radical K.

El casino es una de las luces de la costa que no se apagó con el fin del carnaval. Y anoche había muchos radicales, algunos ex legisladores, apostando unas fichitas antes de volver al hotel. Un rato de distinción, antes de volver a sentirse parte de la escena política.