El cartismo avanza en el "Día de la Iglesia Evangélica" tras la reunión de Peña con los obispos
El coloradismo impulsa un proyecto para declarar el 31 de octubre como el "Día Nacional de la Iglesia Evangélica". La iniciativa busca consolidar el respaldo político de las bases religiosas que acompañaron al Ejecutivo desde antes de las elecciones. Con este reconocimiento formal del Senado, el oficialismo refuerza su sintonía con otras denominaciones cristianas, incluidos los sectores ultraconservadores.
La iniciativa de cuatro senadores colorados apunta a institucionalizar la fecha que conmemora el inicio de la reforma protestante impulsada por Martín Lutero en 1517 para reconocer el "aporte histórico y espiritual" de las comunidades evangélicas en el país. La fecha ya es celebrada en Chile, desde 2008, y Argentina, luego de su incorporación en 2024.
Peña pidió una reunión con la Iglesia y los obispos reclamaron por las políticas sociales
La medida parlamentaria, apadrinada por figuras prominentes del ala conservadora del cartismo, como Gustavo Leite, Orlando Penner y Lizarella Valiente, contrasta con el reciente cónclave que el presidente Santiago Peña mantuvo junto a su gabinete con la cúpula de la Conferencia Episcopal Paraguaya. En la reunión, los líderes de la Iglesia exigieron mayor atención ante las falencias en las políticas sociales.
Durante el encuentro con la jerarquía católica, encabezada por el cardenal Adalberto Martínez y el monseñor Pierre Jubinville, el tono no estuvo exento de recriminaciones. La Iglesia exigió respuestas ante la precaria situación sanitaria, la crisis de las comunidades indígenas y la corrupción pública. El Ejecutivo debió admitir sus propias deficiencias y Peña se comprometió a seguir el diálogo con la curia local.
Este doble movimiento evidencia la fina orquestación política del oficialismo para administrar distintos frentes religiosos en simultáneo. Mientras agiliza concesiones hacia el sector evangélico, Honor Colorado intenta contener el malestar histórico del clero tradicional, que todavía mantiene una influencia política importante.
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El acercamiento con las bases evangélicas no representa un hecho aislado dentro de la estrategia del oficialismo. Desde el inicio de su mandato, e incluso antes, la administración de Santiago Peña ha transitado por un camino de marcadas contradicciones ideológicas. Las promesas de campaña iniciales incluyeron la derogación total del convenio educativo con la Unión Europea, que tuvo que ser suavizada antes de avanzar en el tratado de libre comercio.
Aquel compromiso con los sectores autodenominados "provida" y evangélicos sufrió dilaciones que fueron duramente castigadas por los líderes religiosos. Sectores influyentes calificaron la falta de acción inmediata como una traición política imperdonable. Para enmendar la relación, el propio mandatario debió asistir a ceremonias en templos clave como el Centro Familiar de Adoración, una de las congregaciones más influyentes.
En paralelo a estas tensiones confesionales, el cartismo ha impulsado iniciativas legislativas calcadas de manuales internacionales de ultraderecha. Un ejemplo claro fue el intento de restringir y fiscalizar fuertemente las operaciones de las organizaciones no gubernamentales (ONG) en territorio paraguayo. Estas acciones respondieron directamente a directrices compartidas con redes conservadoras transnacionales, como lo reveló en exclusiva LPO.
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La articulación de estos proyectos estuvo encabezada por figuras de Honor Colorado dentro del Parlamento, como Leite y Valiente. Su rol orgánico dentro de la bancada refleja la disciplina impuesta para blindar la agenda dogmática del sector.
La estrategia del cartismo se inserta dentro de un esquema geopolítico afín a corrientes de extrema derecha ya conocidas. El paralelismo con los movimientos liderados por Jair Bolsonaro en Brasil o Donald Trump en Estados Unidos resulta inocultable. En ambos casos, las iglesias evangélicas operaron como estructuras de movilización electoral masiva.
El oficialismo mantiene vasos comunicantes con organizaciones globales como Capitol Ministries, cuyos operadores, como el pastor Miguel Ortigoza, buscan incidir directamente en carteras sensibles como Educación y Ciencias. La intención es disputar el contenido de la currícula pública bajo preceptos estrictamente religiosos, lo que genera permanentes fricciones en la estructura técnica del Estado paraguayo.