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Tras la renuncia de Pelosi y el papelón de McCarthy, California pierde su histórica influencia en el Congreso

La salida de la demócrata que presidió la Cámara durante 20 años afecta de manera especial al Estado que gobierna Newsom. Un escenario inédito.

Cada día que pasa, se confirma: la renuncia de Nancy Pelosi dejó un vacío enorme en el Congreso. La mujer que ejerció la presidencia de la Cámara de Representantes durante 20 años declaró antes de irse que era hora de una nueva generación de líderes y ese proceso parece haberse iniciado en las filas demócratas. 

La asunción del afroamericano neoyorquino Hakeem Jeffries, de 53 años, en lugar de Nancy Pelosi, la consagración de la abogada Katherine Clark en el segundo puesto de poder y la elección del californiano Pete Aguilar, de 43 años, como número 3 de los demócratas indican que hay una apuesta fuerte de los demócratas por abrir paso a las nuevas generacione y lograr un contrapeso para un presidente de 80 años como Joe Biden.

Sin embargo, Pelosi ejerció un doble rol porque fue durante años la oradora del Congreso, el sitio que Kevin McCarthy codicia desde hace mucho tiempo y que le cuesta conseguir como a nadie en el último siglo.

El golpe a McCarthy en el Congreso profundiza la grieta interna y ven que los republicanos no pueden volver a gobernar

El papelón del republicano que falló en sus primeros 11 intentos de obtener el respaldo de sus compañeros de bancada provocó una revuelta inédita en las filas de su partido. La profunda división que afecta al GOP se potenció tras las elecciones de medio término que perdieron los candidatos de Donald Trump en los estados clave. Mirado desde Washington, el ex presidente no pudo disuadir a los rebeldes que hasta hace poco lo veneraban. Pero en clave estadual, la consecuencia es otra: por primera vez en décadas, California pierde poder en el Congreso.

McCarthy y Pelosi, separados por el republicano Mitch McConnel.

El Estado de larga tradición demócrata tiene un particular rechazo por la figura de Trump. Hay casos como el de Lanhee Chen, el candidato fallido de los republicanos a controlador en California, que intentaron atraer a una franja más amplia de votantes y revelaron que no habían votado por Trump. Pero tampoco eso dio resultado: Chen perdió ante la demócrata Malia Cohen, 55% a 45%. La tendencia es marcada y se advierte con claridad en que ningún republicano en California ha ganado un cargo estatal desde 2006.

El papelón de McCarthy profundizó la grieta interna entre los republicanos. Pero en clave estadual, la consecuencia es otra: por primera vez en décadas, California pierde poder en el Congreso.

La ambigua estrategia de McCarthy con respecto al ex presidente acaba de mostrar sus límites. El acuerdo entre ellos no sirvió hasta el momento para beneficiar a ninguno de los dos. El candidato a ocupar el lugar de Pelosi se mantuvo leal a Trump a su manera y Trump buscó sin éxito lograr que los republicanos rebeldes del Freedom Caucus lo apoyaran.

En el estado que gobierna Gavin Newsom lamentan de manera especial la partida de Pelosi. Aunque el latino californiano Pete Aguilar ocupará el tercer lugar en la estructura demócrata en el Congreso y será el hispano con mayor poder en la historia del Congreso, la derrota de los demócratas en las elecciones para la Cámara de Representantes y la renuncia de Pelosi generan un doble cimbronazo.

Pelosi y McCarthy esperan los resultados de California para saldar la disputa por la conducción de la Cámara

El resultado que ya muchos advierten es que, sin darse cuenta, California está perdiendo la influencia decisiva que tuvo en las últimas décadas en el Congreso. Acostumbrada desde hace mucho tiempo a que uno de sus representantes ocupe la posición más alta en la Cámara, California puede estar resignando parte del poder que logró acumular en el escenario nacional. Ese repliegue no solo va a tener consecuencias para el gobernador demócrata sino que puede representar menos beneficios para los habitantes del Estado.

Nadie, ni el más antirrepublicano de los demócratas, imaginó jamás que McCarthy iba a tener que pasar por un proceso de humillación histórica como el que le toca vivir, ante la revuelta de sus propios compañeros de bancada. Sea cual sea el resultado final, el daño ya está hecho. Aunque McCarthy logre finalmente su objetivo, asumirá condicionado por su propio partido y con un poder diluido en comparación con el que Pelosi acaba de dejar. El costo será para los republicanos pero también para California. Hace dos meses, tal vez intuyendo un escenario menos traumático, el gobernador Newsom se refirió al tema. "California es consciente de que tendremos que ser más proactivos como estado en términos de nuestros esfuerzos en Washington, DC", dijo en noviembre pasado. Nadie esperaba que sus palabras fueran tan proféticas.