Mexico Cambia

El tsunami AMLO o una democracia mayor de edad

El knock-out a un tablero político anquilosado. Dieciocho años de la alternancia. Los desafíos de López Obrador.

No hay nada más nocivo para una nación que la comodidad de un sistema político que no siente la amenaza de una alternancia. Por eso, si el triunfo de Vicente Fox fue el nacimiento de la democracia moderna en México, esta victoria de Andrés Manuel López Obrador es el paso a la mayoría de edad. Los tiempos de la ciudadanía se aceleran, los reclamos son más profundos, también los desafíos.

Los números son demoledores, sobre todo cuando se repasa la historia de Morena. El tabasqueño desplegó una nueva fuerza política nacional en tan sólo cuatro años, una tarea titánica que culmina con una victoria de punta a punta, con el apoyo de territorios muy reticentes a su ideología, y con una incipiente red de gobernadores que serán aliados claves en la construcción de esa nueva gobernabilidad.

Quizás el efecto más interesante de este tsunami que generó AMLO es que forzará a un tablero político anquilosado a replantear sus dogmas. Habrá discusiones de fondo en el PRI y en el PAN, los dos grandes derrotados en esta contienda, pero también en organizaciones empresarias, sindicales y movimientos sociales.

Hay escenarios que parecen inevitables. Anaya se enfrentará a una guerra intestina frente a panistas que se sintieron destratados en la construcción de su candidatura. El PRI tendrá que definir si retoma la senda que propone la "vieja guardia" o si hay vida para una tecnocracia que construyó la matriz económica de México en las últimas tres décadas. Ni hablar del PRD, que quedó marginado a un vergonzante papel de satélite electoral.

En estos últimos meses, en las mesas donde se debate de política, apareció como nunca el fantasma del populismo, esa pesadilla que para un sector importante de mexicanos se traduce en Venezuela. Otro desafío que enfrentará el nuevo Presidente, como una lupa que observará su modo de conducir y de tomar decisiones en los primeros meses de Gobierno. Hay un México que hoy perdió en las urnas, pero pide consensos y serenidad.

Quizás el efecto más interesante de este tsunami que generó AMLO es que forzará a un tablero político anquilosado a replantear sus dogmas

No parece casual que AMLO haya dedicado gran parte de sus primeras palabras como Presidente electo para despejar esos temores. "No seremos una dictadura", dijo. Repitió así la misma frase que ya había enunciado en su cierre en el Estadio Azteca. "No habrá expropiaciones, y se respetarán todos los derechos y las libertades", agregó.

Con esos mensajes, López Obrador demuestra que ha recogido esa preocupación de una porción de la sociedad que no lo acompañó en las casillas, acaso una señal positiva de que no caerá en la tentación del "cheque en blanco", error que muchos líderes cometen después de arrasar en un proceso electoral. Un camino razonable, el de seguir tendiendo puentes con otros sectores de la vida política de México.

Esta victoria desde luego abre interrogantes. El más importante es el rumbo económico que tomará el nuevo gobierno. ¿Será posible sostener la invaluable estabilidad macro que se logró en los últimos sexenios, al mismo tiempo que se detona un proyecto de desarrollo y se combate a la enorme desigualad que reina en México? Carlos Urzúa será un factor clave para encontrar esa respuesta.

En estas mismas líneas se explicó que la nueva etapa de pragmatismo electoral de AMLO permitió un ensanchamiento ideológico de Morena, que como todo proyecto que ambiciona el poder, necesita sumar aliados desde diversos sectores del arco político. El tabasqueño -en su nuevo rol de Presidente- deberá ahora ordenar, administrar y equilibrar a esos grupos, muchos con miradas antagónicas, mientras gestiona su vinculación con gobernadores y operadores legislativos de la oposición.

Todavía se están contando los votos, pero es posible que Morena consiga una eventual mayoría en el Senado y en San Lázaro. Aun así, los cambios más profundos -que requieren reformas constitucionales-, necesitan de dos tercios de las cámaras, y el aval en las legislaturas estatales. López Obrador deberá transitar sus primeros años en un diálogo permanente con la oposición.

Se vienen meses de una apasionante transformación, que pondrá a prueba la capacidad de la sociedad mexicana de cerrar las grietas que siempre dejan procesos electorales tan intensos. El llamado de López Obrador a una "reconciliación nacional" es un primer paso en un sentido correcto.