Editorial
La política ausente
Por Ricardo Rouvier
Se ha producido una brecha entre el Gobierno y sus bases electorales, y ha alentado a los opositores a aumentar su esperanza para 2019.

Hay momentos en que la política se recorta sobre el fondo del escenario político, aparece como una demanda silenciosa de los ciudadanos y como una ausencia o sombra de la política profesional. Hoy el vacío es más evidente en un oficialismo enredado en sus propias soluciones. La sociedad con su manera de expresarse, requiere la firmeza de un timón decididamente agarrado por quien se ha elegido. El pasaje está preocupado y amargado porque hay incertidumbre en el trayecto; la tripulación muestra desorientación y falta de dominio sobre los instrumentos.

La política es un concepto abstracto cargado de valor que se materializa en las decisiones del Príncipe, de sus colaboradores, sus aliados y de sus adversarios, que, como un navío, navega tanto en mares tranquilos como en el temporal. Ahora hemos entrado, una vez más, en aguas turbulentas que no permiten visualizar los puertos de llegada. La coyuntura vuelve a devorarse el largo plazo.

Cambiemos, alianza electoral que tiene su núcleo duro en el PRO hoy embretada en la gobernabilidad, ha desandado como en el juego de la Oca varios casilleros. En algunos ámbitos circulan imaginariamente los nombres de Eduardo Duhalde y Roberto Lavagna, como una cita de espectros para el caso de naufragio. Otros profetizan que vamos a pasar de ser un país culturalmente bimonetario, a realmente bimonetario.

Se ha producido una brecha entre el Gobierno y sus bases electorales, y ha alentado a los opositores más activos a aumentar su esperanza de que podrán ganar en el 2019. Por estas horas la única buena noticia para el Gobierno sigue siendo que la oposición también tiene problemas con la política, con la edificación de la política. Pero es indudable que la izquierda, el progresismo y el kirchnerismo aspiran a un derrumbe del oficialismo, aunque nadie dice cómo será "el día después".

El marketing político es importante, aunque el nombre remita a pasta dental o yoghurt, pero la política es más que importante, es imprescindible. Y el Gobierno que prometió muchas cosas desde antes de ganar y durante el tránsito, hoy comprueba que tiene las manos vacías y el plan Marshall no viene. También dijimos después de octubre que el principal adversario al oficialismo no era el panperonismo sino la economía. Era fácil anticiparlo, muchos sabíamos que los mercados iban a hacer lo suyo sin ninguna concesión emotiva. Se erraba cuando se sobreestimaba a un Macri como fracción de la hegemonía mundial; comparado con lo que Macri vale para dicha hegemonía.

La corrida internacional estimulada por un Trump, quien juega a la perinola cargada que marca siempre "tomatodo", fue un disparador externo de un reacomodamiento internacional de las finanzas. Se logró el objetivo: fortalecer el dólar y debilitar al resto de las monedas. La concentración del poder indica que marchamos no hacia el G20 sino hacia el G2: EEUU y China; enemigos y socios.

El peso lideró la devaluación comparado con el resto del por la vulnerabilidad de una gestión ineficaz. Una gestión para la cual la palabra "industria" fue exótica durante dos años y medio. Hay mucha más energía ocupada de las finanzas que de la economía productiva.

El fortalecimiento del dólar a nivel internacional, y sobre todo en nuestro país, marcaba por otro lado el hundimiento de declaraciones hasta el hartazgo de funcionarios en todo este tiempo, que pasaron a constituir material para los trabajos prácticos de la facultad sobre el tema de la posverdad.

La Argentina exhibía su debilidad, que para el Gobierno fue la señal buscada de subordinación al escenario internacional que marchaba a contramano del interés nacional; y este nuevo escenario se impone con su crudo pragmatismo. Cada vez, es más difícil para los países dependientes encontrar un lugar en el mundo que permita construir políticas de Estado progresistas y alianzas defensivas.

Hay cierta ingenuidad en la creencia que el capitalismo global tiene una mirada protectora para los países emergentes de gestión conservadora, por su aporte ideológico al sistema mundial. A veces se hace el cálculo fácil, de que Trump, Merkel, Macrón, la UE, la OEA , el FMI y la CIA se suman directamente, sin considerar las contradicciones secundarias y la disputa de las fracciones dentro del bloque histórico. En lo local, los sectores dominantes que apoyaron la candidatura de Macri no juegan como una amalgama homogénea sino que sobresale, como es habitual, la ausencia de una burguesía nacional dominante con cierta direccionalidad estratégica. Además, el capitalismo no se maneja con empatías, es muy riguroso en la persecución de su interés. Los mercados dan su veredicto sobre un país emergente, sea progresista o conservador, cuando la falta de confianza o las reglas del juego afectan el dispositivo de acumulación.

Se destacan las fracciones de clase e intereses, mercado interno, exportadores e importadores, los bancos etc., que reclaman al Gobierno por su tasa de ganancia, precios relativos entre la producción primaria y los productos industriales. Tienen diferentes miradas sobre cómo diseñar una etapa de crecimiento, pero tienen algo en común que los une, la oposición al populismo, la oposición a la intervención del Estado en la regulación de los mercados. Si una vez más vamos a estar esperando una cosecha salvadora en el ´19 es porque la política no puede pensar en grande a través de un plan de desarrollo; y a través de una gran concertación política y social.

Cambiemos y la pérdida de popularidad presidencial operan como pinzas para que el oficialismo se planteé cómo continuar para completar su mandato y tener alguna expectativa respecto a la reelección. La propuesta económica del Gobierno ha construido un verdadero laberinto, con muchas salidas falsas y errores manifiestos. Estamos caminado por el umbral de la estanflación, pero con paso seguro avanzamos hacia el empeoramiento, y los límites estarán dados por la protesta social y la incidencia que esto tenga en la gestión. Otra vez más aparece la política enmarcada en la falta, no en su abundancia sino en su escasez. El gradualismo resultó ineficaz para el círculo rojo y el tarifazo fue un shock para las familias y las pymes. Se acudió al FMI que pidió más velocidad. Pero el Gobierno va midiendo (¿midiendo?) la tensión de la cuerda, mientras quedan por el camino fallas, errores y ministros. Cuando el Gobierno piensa en la política, aparece inevitablemente el peronismo. Éste presenta algunos canales de acceso y otros muros de bloqueo y rechazo que apuntan directamente al Poder, a desalojar al oficialismo y ocupar su lugar. Esto no parece ni fácil ni accesible frente a una sociedad en la que sigue teniendo alguna vigencia el rechazo al pasado. Ese rechazo hoy no es igual a noviembre del año pasado, pero no se observa una disposición mayoritaria a "volver", no hay intención de reemplazar a Cambiemos por el kirchnerismo. El kirchnerismo sabe que debe seducir al no kirchnerismo para poder ser competitivo y superar el síndrome de la segunda vuelta.

CFK no habla y eso le genera algún beneficio en puntos de imagen, su voz no está entremezclada con el desconcierto cotidiano del oficialismo, pero, sigue siendo una frontera. El activismo k lo acerca más a la izquierda que a un peronismo que alberga también a su ala conservadora. Debe salirse de esa posición si quiere crecer.

Es decir que, por ahora, los caminos del diálogo y la negociación entre el oficialismo y el peronismo federal están abiertos. Cómo será el edificio a construir, no lo sabemos. Hay que recordar que Macri, desde los inicios, confirmó que su Gobierno no iba a ser de coalición, refiriéndose a la UCR. Aunque la extemporaneidad de Carrió inaugura, dos por tres, una plataforma paralela al poder central. Cuando Carrió no habla también mejora su imagen, a diferencia que cuando desparrama su egocentrismo desorbitado por la TV.

El fantasma de toda administración, cuando su capacidad de gobernabilidad amengua, es la coparticipación de las decisiones. Y el peronismo, con su larga experiencia, no ofrecerá servicios sin solicitar nada a cambio. Macri y sus principales asesores se espantan ante la palabra "cogobierno". El sector político del gobierno descree de los acuerdos y de aflojar en el verticalismo que impone el Presidente. En la intimidad repiten el pensamiento liminar: el peronismo y el radicalismo son anacrónicos y Cambiemos, o mejor dicho el PRO, es el futuro.

Toda la decisión que queda en el oficialismo se pone a prueba diariamente con la salud del dólar o frente a la demanda de los trabajadores organizados y los desocupados. La crisis pone al Ejecutivo contra la pared. Fue evidente que el exitoso paro de la CGT conformó a todos, incluido el Gobierno como aceptación de una protesta ordenada. El activismo en el paro estuvo a cargo, como ocurre generalmente, de la izquierda que tiene un poder de fuego limitado. Hugo Moyano hace su juego político y personal, pero mientras siga teniendo el bastón de Mariscal la renovación sindical quedará suspendida y la campaña electoral, por ese costado, afectada.

Por supuesto que el peronismo federal no pretende cogobernar ni destituir al gobierno, pero sí conoce la importancia de mantener una oposición ordenada y de ser alternativa en el 2019, o en el 2023; pero no quiere ser un simple partenaire en las elecciones del año próximo. Es indudable que si logra darse algún marco orgánico, incluido el PJ intervenido, se puede lograr un armado más institucional fijando reglas de juego de alternancias futuras. El peronismo no k y el oficialismo tienen por delante un emprendimiento central para el funcionamiento de la administración: el presupuesto. En esta oportunidad en el documento estará presente u omnipresente el FMI y la meta de déficit 0 para el 2020 no podrá cumplirse. Las disputas ahora, serán los recortes que Nación y Provincias deben realizar con la derivación hacia los gobiernos municipales, para que el gasto entre en el corset puesto por el organismo internacional.

El sector del peronismo integrado por legisladores, gobernadores y algunos dirigentes sindicales cuenta con poder real como para establecer un frente de negociación con el Gobierno y tienen en común que no quieren compartir su futuro político con CFK. Saben quién tiene más votos y pretenderán obtener parte de ese caudal, pero no al punto de compartir unas PASO. Tal vez esté en la imaginación del oficialismo y el peronismo federal reeditar el bipartidismo, dejando al kirchnerismo como una fuerza testimonial.

No hay que olvidar que en los armados políticos opositores que se agregarán están los movimientos sociales que apuntan a contar con mayor poder de convocatoria y avanzan también a dar un salto cualitativo organizativo. De indudable base peronista, pueden jugar un papel importante en el campo opositor y debe prestarse mucha atención a los movimientos sociales surgidos a partir del empoderamiento de las mujeres, que muestra la necesidad de observar los cambios culturales desde la política. El apoyo a Macri en el 2015 buscaba un orden, lograr la paz en una sociedad fatigada y enfrentada, y alcanzar el desarrollo económico. Hoy, gran parte de la ciudadanía y de los votantes de Cambiemos, están desilusionados. El boom económico no se produjo y advierten que el orden no es garantía de eficacia; pero por ahora no están dispuestos a elegir la vereda de la protesta.

Todavía no podemos proyectar probabilidades para el 2019. Hoy, el estado subjetivo de los ciudadanos está movilizándose, pero aún sigue habiendo obstáculos para que la oposición capitalice la pérdida de la confianza en el Gobierno. Y esos obstáculos tienen que ver con el pasado. La gran mayoría de los políticos tienen pasado en un país que atravesó varias crisis y lastimó la imagen de la dirigencia. Deberíamos tomar conciencia que la democracia recuperada no pudo lograr que casi ningún presidente haya dejado el gobierno con un alto nivel de prestigio, excepto Néstor Kirchner. Por eso algunos sueñan con candidatos que vengan de otra cantera que no sea de la política.

El Gobierno quiere seguir usando la polarización con la ex Pte., y existen dirigentes cercanos a CFK que creen que lo mejor es doblar la apuesta jugando la carta más fuerte, confiando que el paulatino deterioro de Macri lo hará vulnerable para el ballotage. Sería una jugada audaz, de alto riesgo pero no imposible.

Por supuesto que el escenario ha cambiado y que el Gobierno hoy no tiene los votos que tenía. El problema para Cambiemos es parar el drenaje, renovar la esperanza y seguir siendo la única opción viable para un electorado que acumula más negatividades que esperanzas.

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