Gobierno20.03.2017
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Depresión en el país del micro-ajuste infinito
Por Martín Rodríguez
Los dilemas de Macri y el capitalismo en la Argentina peronista. Doma y erosión del sistema.

La pregunta parece ingenua o cínica: ¿se discute en la política argentina el capitalismo, es decir, "el fin del capitalismo"? Tenemos democracia ("¿qué más quieren?", decía Charly García en 1983), ¿pero existe en nuestra democracia, con su crisol de instituciones, una discusión de semejante radicalidad? Mi respuesta es que no. O por lo menos no, en el promedio de la sociedad argentina hoy. La democracia tiene otro aspecto radical: votar cada dos años. Como bien dijo Jorge Asís hablando del gradualismo del ajuste de Cambiemos: "hay que dejar de votar por diez años", así no se pagan los "costos" de un ajuste. 

Lo mismo dijo en otro gaffe, la vicepresidenta Gabriela Michetti, que a veces funciona como voz del subconsciente sublevado de Cambiemos. La pregunta tras el 2001 (ni siquiera tras doce años de kirchnerismo) es: ¿se puede ajustar? Por ahora el gobierno cree en una fórmula lánguida: el micro-ajuste infinito. A eso puso a Nicolás Dujovne. Algo que los empuja al error (como con los jubilados) pero que los hace caminar en esa sola dirección. Imposible no deprimirse en un país así.

El Gobierno cree en una fórmula lánguida: el micro-ajuste infinito. Algo los empuja al error (como con los jubilados), pero los hace caminar en una sola dirección. Imposible no deprimirse.

Empecemos por la izquierda literal. El buen desempeño del FIT, su maduración electoral y su aggiornamiento discursivo, puede ser valorado incluso en los términos en los que esa misma izquierda rechaza la valoración: en que "hacen sistema". Discuten salarios, empleo, derechos humanos, violencia de género, destrucción ambiental con vocabularios frescos de cara a la sociedad, con políticos emergentes como Myriam Bregman o Nicolás del Caño o tradicionales como Néstor Pitrola. Oxigenan el sistema político, el Parlamento, porque se han decidido a participar de la conversación pública sin hacer el cuento del pastorcito que nos repite que viene el Lobo. Incluso, fueron los mejores usuarios de la reforma política y las PASO. Pero es una izquierda (trotskista) que aceptar ganar batallas aunque no se gane ya la guerra.

Rodolfo Walsh en su libro "¿Quién mató a Rosendo?" puso en boca de un dirigente vandorista una frase letal: Nuestra clase obrera no es clasista. Ese "defecto" vandorista finalmente era la piedra en el zapato del andar argentino: no crear el anti capitalismo sino la contradicción de ser una parte del poder (y del capitalismo). Lo que el peronismo representa no es ni fue nunca el anti capitalismo sino el derecho al capitalismo. Eso hizo peronista también a Menem, con su neoliberalismo plebeyo. Si el kirchnerismo fuera un cuestionamiento radical a la propiedad privada hubiera echado su suerte al mar. De hecho, el intento de erosionarlo moralmente pasó más por apuntar su "capitalismo de amigos" (Cristóbal, Lázaro, Electroingeniería) que sus políticas anticapitalistas. El nudo gordiano de la "ley de medios" (madre de todas las batallas culturales) planteaba una adecuación razonable a un monopolio desproporcionado. No hay empresas como Clarín en ese "mundo civilizado" (en el que se ampara justamente Clarín).

Doma y erosión

Digamos que el problema con la CGT, con los populismos, y con el kirchnerismo también, es justamente su cuidadoso límite a pesar incluso de sus retóricas encendidas: no plantean sacar los pies del plato capitalista, sino sumar pies a ese plato. Es, en los términos de Erik Olin Wright, una mezcla de "doma" y "erosión" por dentro del capitalismo. ¿Cómo explica la "doma"? Con el ejemplo de las gastadas socialdemocracias europeas y su pretendida humanización del capitalismo. 

El ministro de Finanzas, Luis Caputo celebra el acercamiento al Reino Unido, junto a ministro de Comercio, Greg Hands.

En la agonía de su gobierno, Cristina televisaba la inauguración de una fábrica de chicles, detallaba los datos de la inversión (privada) y elogiaba las políticas que construían las condiciones de mercado (interno) que hacían viable esa inversión.

Mark Fisher en su "Realismo capitalista" flota alrededor de una frase de Frederic Jameson ("es más fácil pensar el fin del mundo que el fin del capitalismo") y compone un muestrario de síntomas en el campo de la educación y la salud mental para describir un orden que produce ansiedad en sujetos sólo gobernados por la búsqueda incesante de satisfacer su deseo (de consumir). Dificultades para aceptar una autoridad, para entender dónde termina el horario laboral, sobreexplotación y trastornos de ansiedad. Fisher habla de "Realismo capitalista" en el centro del mundo, como un orden que se naturaliza, que no se representa, la contracara perfecta de la monumentalización de los viejos órdenes del siglo 20. Ya en el título plantea su juego de espejos con el "Realismo Socialista". El capitalismo nos puede llevar al fin del mundo, pero el mundo no nos puede llevar al fin del capitalismo.

Pedagogia PRO

Argentina y la región, vivieron los últimos años un ciclo de gobiernos de izquierda o populistas. Pero en Argentina "el modelo", el "populismo", más allá de sus retóricas y fetiches, se movía en la fantasía de un consumo posible, cada vez más posible, cada vez más amplio. En Argentina la consigna populista no podía haber sido "Socialismo del siglo 21", ni la declaración de "Estado Plurinacional", sino un simple "Capitalismo para todos". 

Argentina y la región vivieron gobiernos de izquierda o populistas, pero en Argentina empujaba la fantasía de un consumo posible. Cambiemos viene a derribar esa idea con una pedagogía que dice que el capitalismo no incluye.

¿Qué pasó este último año? Desde que gobierna Cambiemos llevamos meses discutiendo el corazón del consumista. Aquello que se desprende en la frase malograda de González Fraga, donde detecta en la sociedad un ciudadano inocente al que "le hicieron creer" que podía comprar tal o cual cosa. Cambiemos no parece la pedagogía capitalista, sino la pedagogía de que el capitalismo no es gratis, no incluye. Por las buenas dice: premiar el mérito. Por las malas dice: ajustar el Estado. Entramos a la era de lo que Richard Heinberg llama "sociedad del post crecimiento".

Menem con su 1 a 1 o Kirchner con su "crecimiento con inclusión" dibujaron el límite insoportable de la jineteada democrática: ¿cuál es el convencimiento más duro en la política argentina? Creer en el derecho a consumir.

Más que lo deseos soberanistas, igualitaristas o desarrollistas (Malvinas, YPF, AUH), más que las batallas culturales (disolvieron la ley de medios sin que volara una mosca), en Argentina lo invencible es el deseo: andá a convencer a alguien que no tiene derecho a comprar un celular. 

El consumo no es en ningún caso, y menos en la Argentina, la simple realización de la mercancía, la consumación del circuito puro de acumulación de capital que recorre y organiza el capitalismo, sino un nudo de experiencias en el que se enrollan las experiencias de las clases trabajadoras, las presiones sindicales que las cristalizan en salarios y beneficios, la realidad y los placebos de la movilidad social ascendente, es decir, una forma encarnada y multi-sensorial de un pacto mas o menos explícito sobre los derechos. No es por nada que deprimirlo es un poco un atentado a la dignidad. 

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La hegemonia sigue siendo de la dicotomía socialismo-capitalismo porque se niegan otras formas de superar la discusion respecto al concepto de propiedad.
Provengo de una expresion de la DEMOCRACIA CRISTIANA, casi en desaparicion, pero que al menos en la prrovincia de Corrientes tomo rumbos populares y se vio ratificada por la eleccion de FRANCISCO un cura peronista al frente de la Iglesia Universal...
Que tiene que ver esto con el analisis anterior?? que los cultores de la polarizacion CAPITALISMO-SOCIALISMO niegan la importancia del socialcristianismo...
desde el Concilio Vaticano II la doctrina cristiana viene pregonando que no se puede anular la propiedad privada, pero tampoco se la puede reconocer como un derecho absoluto.
Esa es la linea que toma el propio Peron y queda plasmada en la Constitucion del ´49... esa es la que asumen los partidos democristanos de la posguerra... con un abanico de posibilidades de integracion tanto con formas del capitalismo y con formas socialistas... la principal diferencia con la socialdemocracia es su apuesta a las formas asociativas, al cooperativismo y a no renunciar al rol rector del estado en materia economica y social. Esto ultimo obligados en todo caso por la crisis de posguerra.
Seria bueno que los analistas tomen en serio estas definiciones para no caer en esquemas tan simplistas...
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Debería haber un Indica Nacional de la relación Clase/Productividad/Consumo. Ese triángulo regula el modelo de país que se busca. Los "anda a agarrar la pala" acaso verían que al mismo esfuerzo, un pobre produce más y consume menos que un rico. Es mucho pedir analizar ese triángulo? Los "estado sacame de pobre" verían que si están en la clase baja el nivel de productividad deberá ser más elevado para salir de pobres que el de un rico para consumir incluso mucho menos... y acaso sospecharían que si no pueden mover la variable de productividad para mover la de consumo... el temita de la conciencia clasista empezaría a ocupar los ratos libres que llenan con tinto y choripan. Bueno, por algo se empieza.
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Martín Rodríguez: Decinos como va a seguir gobernando MM después de Octubre de este año, cuando pierda por goleada las elecciones. ¿Renuncia? ¿Se suicida? ¿Le agarra un acv?. Este gobierno impresentable ya llegó a su fin. Caput.
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Una cosa es tener derecho a comprar un celular y otra es tener derecho a TENER un celular. Esta era la pedagogía del kirchnerismo, hacernos creer que teníamos derecho a TENER casa, auto, vacaciones, etc. Esto en el fondo fomentaba la violencia ya que si no teníamos determinados bienes era porque alguien se quedaba con ellos.
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Una cosa es tener derecho a comprar un celular y otra cosa es creer que se tiene derecho a TENER un celular. Esta era la pedagogía del kirchnerismo, nos hacía creer que teníamos derecho, no a comprar sino a TENER ya sea casa, auto, vacaciones, etc. En el fondo fomentaba la violencia ya que si no teníamos determinados bienes era porque alguien se quedaba con ellos.
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Cuando se habla de los 12 años de gobierno kirchnerista, entiendo, se incluyen los primeros cuatro años en los cuales el salario formal promedio de la economía era de u$s 300 a u$s 600 mensuales. CFK asume el Gobierno en diciembre de 2007 con un salario mensual de $2.042 y un u$s a 3 aprox.
En enero de 2017 el salario formal promedio de la economía es de $21.048 y asciende a u$s 1349 mensuales. Hablamos de dólares reales ya que hoy los $15.60 por dólar es un precio real en un mercado libre y único de cambios.
Aquí se puede seguir la evolución del salario real:
http://www.trabajo.gov.ar/downloads/seguridadSoc/INF_RIPTE.pdf
O sea hablar de que ahora no se fomenta el consumo, que cayó sólo 1,4% en 2016 por la baja del PBI (arrastrado por Brasil), es falso.
La suba de los salarios formales en 2016 fue del 33% frente a una inflación anual nacional del 36%.
En CABA fue superior, sí, del 40%, por la suba de tarifas. En ese contexto con una baja del PBI del 2,3%, los trabajadores la sacaron baratísima y este año van a recuperar el poder adquisitivo perdido y ganar más poder adquisitivo.

A esto tenemos que agregar que los 8 años de políticas pro-consumo consistentes en apreciar lo más posible el tipo de cambio y elevar lo más posible el gasto público, algo insostenible en el largo plazo, acumularon una inflación de alrededor de un 500% acumulada y destruyeron la posibilidad del crédito a largo plazo.

Muy lindo el consumo pero ningún trabajador pudo ir al banco, pedir una hipoteca y pagarla a 20 años con tasas razonables y la manera de acceder a la propiedad fue mediante sorteo por PROCREAR, préstamo familiar herencia o vivienda social.

Este Gobierno no sólo sostiene un modelo con salarios razonables sino que alienta la inversión con tarifas más razonables y creó el sistema de los préstamos hipotecarios ajustados por UVA, a 20 o 30 años, un sistema en el cual no pierden ni acreedor ni deudor y por el cual se puede prestar a largo plazo. Ya se colocaron $3.500 millones en esos créditos y el crecimiento es silencioso pero exponencial.
Esa es una batalla cultural muy superior a subsidiar la luz, el gas y el agua para que sobre plata para comprarse un jean o salir a comer afuera y darse gustos a corto plazo.
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Atentado a la dignidad fuè el uno a uno de Menem,fuèron los doce años del Kichnerismo fue una reevoluciòn imaginaria donde el consumo era un espejismo dificil de sostener,y hoy se està pagando.
Serìa bueno que en el anàlisis periodìstico cuando comentan los perìodos de gobierno comenten su final y que fuè lo que suscediò.,Serìamos màs honestos,y dejarìamos ese famoso doble standar,que cuando le toca a uno mismo nunca es culpable.
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CFK rumbeo bien el pais , crear un capitalismo nacional con protección social
La historia Argentina es la lucha entre liberales y nacionalistas
Despues del efecto Cambiemos, sirve d enseñanza q los liberales volvieron y no aprendieron nada.
Y la mayoria d los argentinos tampoco.
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Muy bueno. Comparto.
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Mh, bien escrito pero demasiado literario, muy "a la Sarlo". Me encanta la literatura y su metalenguaje, pero es necesario ser más claro y no divagar en el análisis político.