Peronismo14.11.2017
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Los senderos que se bifurcan
Por Ricardo Rouvier
A la oposición le falta ordenar una propuesta autónoma y diferenciada para no ser furgón de cola del oficialismo y cumplir su rol.

El panperonismo hoy expresa sus estrategias en diversidad y contradicción. Sin embargo, esta no es la primera vez. Mientras el kirchnerismo ensaya una resistencia jacobina intentando defender la democracia y la república puesta en peligro por el gobierno de Macri; en cambio, los gobernadores, varios intendentes y legisladores, se sientan con el Gobierno a dialogar y negociar. Ya convivieron así el peronismo político y los gremios combativos ante el gobierno de Alfonsín; luego terminarían unidos.

Para el peronismo más opositor, el estado de derecho no sólo está en peligro, sino que ya ha resbalado por el autoritarismo de un gobierno que no duda en provocar la muerte de Santiago Maldonado o de inventar una causa de homicidio en el caso Nisman. Está asistido en su queja, por la iniciativa y energía de un progresismo que siempre fue crítico del movimiento creado por Perón y Evita, pero que ancló su adhesión en la figura de Cristina a partir de la fusión lograda por el kircherismo, en una representación como la de la Senadora electa que es tan peronista como independiente del peronismo. Este sendero de una oposición dura, sistemática, tal vez desemboque en una fuerza política de izquierda, con más votos que la izquierda tradicional pero lejos del poder y poniéndose en línea con otros fuerzas de la región que sufren la derechización del sur del continente.

El otro peronismo, reunido principalmente en el interior del país, se disciplina detrás del resultado electoral, del doble resultado: 2015 y 2017; y considera que el movimiento liderado por CFK terminó su ciclo. Este peronismo de gobernadores, intendentes y legisladores en la topografía clásica derivada de la Revolución Francesa, se ubica a la derecha del kirchnerismo; cosa que al peronismo tradicional lo tiene sin cuidado apoyado en la matriz movimientista.

Este peronismo ha elegido la disputa legislativa o la mesa de negociaciones como para expresarse en oposición; atento al clima colectivo develado por el voto. El kirchnerismo, en cambio, eleva la denuncia apuntando a pulverizar los cristales del orden del gobierno de Cambiemos, asumiendo un rol de vanguardia de una sociedad que no responde, ahora, a sus convocatorias. Buscan presionar hacia una convergencia entre la recesión económica y la indignación de los ciudadanos. La búsqueda de consenso es por presión y decisión, en cambio el otro camino es ir armando una reconstrucción peronista ocupando la avenida del medio. Hay también una diferencia de timing; mientras el k. imprime mucho vértigo al escenario político, el peronismo no k. opera sobre la conciencia de que éste no es su turno sino que hay que esperar que el tiempo logre la unidad. Saben que la reconstrucción del peronismo va a demorarse y esperan que el kirchnerismo se vaya diluyendo.

En todos los casos, cada camino tiene su lógica, su racionalidad. En el kirchnerismo su posición de máxima responde a un sustrato ideológico no suficientemente puesto sobre la mesa, y que es antihegemónico, no solamente a nivel nacional sino mundial; lo que hace que toda negociación con el poder instituido es sospechosa de conciliar con el enemigo. Sería bueno develar el propósito estratégico de tanta energía. Ahí hay otros componentes que involucran afanes y anhelos totalizadores.

Esta racionalidad está muy lejos de muchos dirigentes políticos, sindicales peronistas, inclusive entre aquellos que convivieron y apostaron por el kirchnerismo. Algo los unía antes y era la consecuente voluntad de poder; una vez que se dejó el gobierno era obvio que las diferencias debían asomar. Pero en este punto, no se puede dejar de mencionar que el peronismo debe actualizarse y discutir un proyecto de país, y superar la pura negatividad de una política (como fueron las últimas legislativas) que no hace propuestas y que sólo lo que busca es devorarse al adversario.

Sobre la mesa, el Gobierno Nacional pone su agenda. Los puntos a discutir son importantes, en la medida que se juega la coparticipación con las provincias y la persecución de los ingresos, de los que menos tienen, respecto de los gastos, la reforma impositiva y la reforma laboral; al mismo tiempo se mueve en política con más fluidez y habilidad de lo que lo que suponía. En el comienzo se le adjudicaba torpeza en sus acciones y en sus dichos y algunas de esos traspiés ocurrieron, mientras entre bambalinas la estrategia política funcionaba.

En definitiva, Macri pretende el desarrollo de las fuerzas productivas; para lo cual quiere asegurarle a la burguesía una tasa de ganancia atractiva en un marco político ordenado. Gran parte de la dirigencia peronista está de acuerdo con dicho propósito sin descuidar su perfil distintivo e histórico. El equilibrio entre los deseos y las posibilidades es inestable y requiere de la política para evitar el abismo, en que caímos varias veces.

La CGT y la dirigencia peronista en su mayoría dialogan con Macri. Los gobernadores que no son de Cambiemos, por convicción, o por conveniencia, tienen que ir al pie. A la oposición le falta ordenar una propuesta autónoma y diferenciada para no ser furgón de cola del oficialismo y cumplir su rol.

Hay, sin duda, una contradicción entre una voz que dice que este gobierno es una dictadura y los que participan de un diálogo ancho entre regiones y entre sectores.

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