Latinoamerica16.04.2017
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La persistencia populista
Por Ignacio Fidanza
La irrupción de López Obrador en México y Beatriz Sánchez en Chile, más la vigencia de Cristina Kirchner hablan de un fenómeno persistente.

Los cadáveres saludables del populismo se ríen por estas horas de la muerte que les vaticinó cierta derecha apresurada. La implosión del régimen chavista no parece afectar la irrupción de una segunda ola de izquierda en Latinoamérica, que hasta ahora logró encapsular el desastre de Nicolás Maduro como una anomalía venezolana, a la que en el mejor de los casos se le destina una saludo fraternal -y distante- con alguna vaga condena al imperialismo.

Se podrá discutir si estamos ante un populismo que regresa en una versión domesticada y acaso más amable con el mercado -si esto fuera posible-, pero la evidencia de la persistencia de esa corriente política es contundente, irrumpiendo incluso en países que se suponían "a salvo" de esas expresiones.

El caso más resonante por el impacto que tendrá no ya en la región, sino en el mundo, es -no podía ser otro- México. Un revitalizado Andrés Manuel López Obrador rompió amarras con el centroizquierdista PRD y creó Morena, su instrumento electoral, personalista y más radical, que le sirvió para denunciar la "mafia del poder" o la "partidocracia", el lugar maldito donde se unen las cúpulas del PRI, el derechista PAN y el mencionado PRD, para expoliar a México. El libreto es conocido. Lo inauguró Hugo Chávez, cuando barrió con el sistema político de Venezuela. Mucho antes, Perón hizo algo parecido, aunque distinto. El peronismo siempre fue difícil de encasillar.

Se podrá discutir si estamos ante un populismo que regresa domesticado, más amable con el mercado -si acaso fuera posible-, pero su persistencia es evidente, irrumpiendo incluso en países que se creían "a salvo" de esas expresiones. 

López Obrador al mando de la segunda economía de Latinoamérica, socia de Estados Unidos y Canadá, aquella donde el neoliberalismo superó todas las tormentas, promete ser un espectáculo a la altura del arribo de Trump a la Casa Blanca.

Hoy, el creador de Morena lidera las encuestas con una comodidad que no registraron sus dos intentos previos de conquistar la Silla del Aguila y hasta los magos de Wall Street lo cortejan. Se ve que el populismo le sienta bien. Por el contrario, el gobierno del libremercadista Peña Nieto, se hunde en las encuestas y a nadie encandila ya con las reformas del desteñido "Pacto por México".

En Chile, la histórica Concertación, en su fracasado remix bacheletista de la Nueva Mayoría, corre el riesgo de quedar sepultada por el Frente Amplio de la periodista Beatriz Sánchez, una suerte de Podemos transandino, que como en España, se nutre de los perdedores de la utopía del bienestar capitalista.

Es verdad que hoy el puntero en Chile es el ex presidente Sebastián Piñera, pero el fenómeno político es la irrupción del Frente Amplio que viene de conquistar la intendencia de Valparaiso -la segunda ciudad del país-. No es un tema menor. Chile es acaso uno de los países de la región donde el capitalismo de libre mercado se gestionó con mayor eficacia y alcanzó su consenso más amplio, extendiendo su primacía programática desde la socialdemócrata Concertación hasta la derecha dura de Piñera.

Ahora, esta fuerza de jóvenes, estudiantes e intelectuales de izquierda, pone en entredicho ese consenso, justo cuando la elite de Chile cree estar -finalmente- en las puertas del desarrollo. El fracaso de Bachelet no sólo permitió el regreso de Piñera, sino el surgimiento de una izquierda a la izquierda de la presidenta, que quedó a medio camino de la socialdemocracia heredada y un populismo explícito.

En Argentina, la vigencia electoral de Cristina Kirchner, hasta ahora invulnerable a la prolija exhibición de corrupción, bolsos repletos de dólares y cuentas en paraísos fiscales, también se enmarca en ese paisaje regional. La ex presidenta lidera las encuestas en la provincia de Buenos Aires para las elecciones legislativas de Octubre. No es un logro menor: Esa geografía concentra el 40 por ciento del electorado del país.

En Brasil sucede algo parecido. El presidente Temer se abrazó a una agenda ultra reformista para volver a enamorar a los mercados y sacar a Brasil de la recesión. Hasta ahora no logró el objetivo planteado. Por el contrario, su administración ya tiene índices de aprobación peores que aquellos que justificaron la destitución de Dilma Rouseff por "inviable". Lo que obliga a preguntarse si acaso el derrumbe de la presidenta del PT no fue producto de esa misma tozudez dogmática, que hoy encuentra en Temer su segunda fase estilizada.

Una retirada que no ocurre

Así, esa nueva derecha que acaso imaginó en Macri un líder que anticipaba una ola regional, se ve forzada a convivir con un populismo que se niega a retirarse o a la autocrítica, y prefiere entretenerse recordándole a cada paso el lado flaco de su modelo.

Una derecha que chocó de frente en Ecuador con el triunfo del heredero de Correa.

Es decir, lo que ocurre es algo nuevo que ya no se explica con la comodidad de vaticinar un nuevo giro en el péndulo ideológico de la región, que pasa del Consenso de Washington al chavismo estatista y de ahí vuelve a la derecha.

Trump, el Brexit, el ascenso de Marine le Pen -y ahora por izquierda, de Mélechon-, ya anticipaban que las cosas no iban a ser tan simples.

No es sencillo desentrañar el futuro de un proceso que se está regenerando sobre las cenizas del fallido chavismo y que contiene expresiones muy disímiles, aunque bajo la bandera común de una retórica para los desencantados y excluidos de la corrección política y mediática.

No es sencillo desentrañar el futuro de u proceso que se está regenerando sobre las cenizas del fallido chavismo, bajo la bandera común de una retórica para los desencantados y excluidos de la corrección política y mediática.

Sí se puede intuir que estamos ante un problema de velocidades. La propuesta de exigir una paciencia nórdica mientras se va construyendo un camino de desarrollo -hasta inclusivo, porque no- en sociedades con agudas desigualdades; es cómoda sobre todo para el que está en el lado agradable del proceso, que ahora puede disfrutar con más amplitud de la mitad que "funciona" y que se ofrece como anticipo de lo que algún día, les llegara a todos.

Es un relato de progresiones estadísticas, en el que el mediano plazo se convierte en largo y este en inalcanzable. En el mejor de los casos se detecta un avance, pero circunscripto a geografías muy delimitadas, que en su contraste, acaso favorecen la irrupción de discursos más radicales que proponen introducir algún cambio en la manera de repartir las cartas, más que quedarse a esperar una buena mano.

Y esta apelación, vale tanto para el white trash del olvidado cinturón industrial de Estados Unidos, como para los habitantes de los inmensos conurbanos de las grandes ciudades latinoamericanas, que comparten no sólo un presente desangelado, sino la oferta de una vida de resignación responsable, con rienda corta.

Estamos claro ante un desafío político. La dificultad de las elites bien pensantes, para formular y sostener proyectos que expandan su base, que entusiasmen y que incluyan, a un ritmo razonable.

Y no ayuda que frente a esta dificultad se recurra a la demonización del populismo, al atajo fácil del maniqueísmo de "ellos son peores" o simplemente "malos" -la polarización en definitiva-; que lejos de mejorar la discusión, la empobrece. Un recurso que habla más de las propias carencias que de la supuesta superioridad técnica de lo que se ofrece.

Así, el centro racional se vuelve en esa operación discursiva, populista. Agita miedos, ya no discute hechos, números, ideas. Y contribuye poco entender lo que sucede, que hay detrás de esa búsqueda social que trata de sacudir un orden de expectativas extenuadas.

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7
La descripción "hasta ahora invulnerable a la prolija exhibición de corrupción, bolsos repletos de dólares y cuentas en paraísos fiscales", se ajusta perfectamente, pero a Mauricio Macri, te confundiste de nombre capo.
6
Fidanza mantiene la tradición familiar y olvida por completo los factores puramente económicos. Son estos los que hunden al catastrófico chavismo y despacharon al kirchnerismo. Malas gestiones de lo que por definición no alcanza, escasea:la riqueza. Fidanza habla, como buen amigo del populismo, como si "la rienda corta" fuera resultante de un esquema disciplinador para que "unos pocos se lleven mucho" y no de una escasez estructural y secular. Y desconoce, como todos, el factor demográfico. México va para 90 millones de habs, Brasil superó los 200 millones, Arg. los 43 millones. Latinoamérica podrá tener una clase media de dos hijos por familia o menos, pero sus clases populares superan el doble o triple de eso con facilidad. Y con una tasa de reproducción veloz, de tres generaciones cuando la clase media apenas si completa la segunda. Es el resultado de esto lo que vemos hoy en las mega periferias latinoamericanas, no el resultado de un modelo perverso, propio del capitalismo angurriento, de las elites y largo etc maniqueo que tanto gusta a Fidanza. Y a los argentinos como él, que son legión, amplia mayoría. Y todo esto sin entrar a discutir lo peor del populismo: su destrucción de libertades, como se ve hoy, ahora mismo, en Venezuela. No se trata de un discurso de almas bellas, es real, concreto y brutal. Ahí está, a la vista, en las calles de Caracas. No es para banalizar semejante concentración autoritaria del poder del Estado, un Estado policial, y hacerlo con una sonrisa canchera, como hace Fidanza. Pero de nuevo: se dirige a una Argentina que gusta mucho de ese modelo autoritario. El lo sabe, y la tribunea a conciencia.
5
El manejo del lenguaje que realiza el neoliberalismo es descarado. Cualquier gobierno que no se ajuste a sus principios es "populista", gobernar para el pueblo y no para sus minorías adineradas es lo que debería ser moneda corriente en todo el mundo, sin embargo estos sinvergüenzas han denominado este tipo de gobierno "populista" cuando debería denominar a los gobiernos neoliberales como "oligarquistas".
4
Estos fenómenos son posibles gracias a dos factores principales:
Mientras exista la desigualdad social, que genera pobres a raudales por un lado y un grupo de oportunistas que se enriquecen sirviendo al capanga de turno, dificilmente dejen de existir estos seudos "salvadores" de l patria!!
3
Usar el término "populismo" me parece que es errado y marca el pensar conservador del periodista.
el término correcto sería "popular"
2
En la memoria de los Argentinos quedan dos épocas de glorias económicas y sociales, son el gobierno de Perón y los Kirchner.
Macri pudo engañar una vez el electorado, la segunda el electorado lo castigará.
1
y si, la gente quiere comer, estudiar, progresar. Una lastima no se resigne a ser esclavo de las corporaciones y de las oligarquias regionales. Encima pretender tener futuro. Que osadia pretender ser ciudadanos dignos.