Estados Unidos02.03.2017
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La humillación que no puede olvidar Trump
Por Hernán Sarquis
Anunció que no asistiría a la cena que tiene casi 100 años de tradición. Allí nació su obsesión por la Presidencia.

La cena de corresponsales de la Casa Blanca es un evento anual con casi 100 años de historia en Washington en que la sociedad de corresponsales y la administración en turno se reúnen en una gala anual para -como aseguró la asociación de periodistas- "celebrar la primera enmienda".

En algunas ocasiones la cena se ha cancelado, por ejemplo, en 1942 por la Segunda Guerra Mundial, o en 1951 cuando el presidente Truman consideró que los tiempos eran muy inciertos para una celebración. En 1981 Reagan no pudo asistir. Unas semanas antes le habían disparado saliendo del hotel Hilton en Washington.

La tarde del sábado Donald Trump informó desde su cuenta de Twitter que no asistiría a la cena, lo que provocó burlas y críticas por parte de los usuarios en redes sociales, quienes lo vieron como un acto de cobardía. Es tradicional desde los años ochenta que la asociación de periodistas invite a un comediante a conducir el evento y hacer un roast (discurso cómico donde el orador se burla de un personaje, generalmente presente) del presidente en turno utilizando eventos recientes de su administración. A su vez, el presidente hace un roast de los miembros de la prensa política de Washington o de algún otro invitado al evento.

"No atenderé la cena de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca este año. ¡Les deseo a todos lo mejor y que tengan una gran noche!" -Donald Trump.

A la cena no le han faltado escándalos. En 2006 el comediante invitado ante George W. Bush fue Stephen Colbert, quien entonces conducía The Colbert Report, un noticiario en el que satirizaba a comentaristas de la derecha, como Bill O´Reilly. Esa noche Colbert -en su personaje de opinador ultra conservador- se burló de temas delicados para Bush: la guerra en Irak, que ya era vista como un rotundo fracaso; la imagen de texano sencillo con la que Bush se arropó, a pesar de provenir de una de las familias más prominentes del país; se burló también de la tendencia de Bush a organizar sesiones fotográficas en lugares de desastre, como la célebre ocasión en que dio un discurso en el SS Abraham Lincoln, recién llegado de apoyar en la guerra de Irak, de pie frente a un letrero gigante que decía "Misión Cumplida", justo antes de que las bajas en aquella nación se dispararan.

Colbert se burló especialmente de la popularidad del presidente, que en aquel momento apenas rozaba el 32% de aprobación. "No les haga caso", dijo el comediante y hoy conductor del eterno Late Show, "sabemos que las encuestas son sólo una colección de estadísticas que reflejan lo que la gente piensa en realidad, y la realidad tiene una tendencia a ser liberal", bromeó.

En 2011 Barack Obama asistió a su tercera cena de corresponsales y uno de los asistentes era Donald Trump, quien había dedicado los últimos años a atacar a Obama y cuestionar su ciudadanía, acusándolo de haber nacido en Kenya y no en Hawái. Durante su discurso, Obama, quien es reconocido como un maestro de la comedia amateur, destruyó a Trump ante miles de asistentes y millones de televidentes. El video se hizo viral y al día de hoy es uno de los discursos (o stand up sería un término más apropiado en este caso) más vistos y compartidos de los ocho años que Obama estuvo en la Casa Blanca.

Después de informar que Hawái había publicado su certificado de nacimiento, Obama dijo que "esta noche, por primera vez, voy a publicar mi video oficial de nacimiento". En la pantalla gigante apareció la icónica secuencia del Rey León en la que el bebé Simba es alzado por Rafiki y presentado ante sus súbditos. "Quiero aclarar a la mesa de Fox News, eso fue un chiste", dijo Obama con toda seriedad e impecable oficio cómico, provocando una explosión de risas. "Ese no fue el video real, eso fue una caricatura para niños", dijo irónico.

Los periodistas, políticos y celebridades aplaudieron al unísono a Obama, mientras la cámara se enfocó en un Trump encorvado en su silla, con un gesto inexpugnable.

Más adelante Obama bromeó con un "rumor" que había escuchado sobre su entonces contrincante Mitt Romney, quien habría aprobado seguro de salud universal en su estado, una medida anti republicana. "Alguien debe investigar el asunto", dijo Obama, "y conozco al hombre ideal: Donald Trump, que está aquí esta noche". Los periodistas, políticos y celebridades aplaudieron al unísono, mientras la cámara se enfocó en un Trump encorvado en su silla, con un gesto inexpugnable.

"Sé que nadie está más contento ni más orgulloso de dejar en paz este asunto del certificado de nacimiento que The Donald, y eso es porque finalmente puede regresar a los asuntos que importan, como si fingimos la llegada a la luna, o qué pasó realmente en Roswell, y ¿dónde están Biggie y Tupac?", embistió Obama. De nuevo Trump puso su sonrisa falsa y asintió mientras las cámaras se enfocaban en él y en los miles de asistentes que aplaudían al presidente.

"Fuera de broma, todos conocemos tus credenciales y tu amplia experiencia", continuó el ataque Obama, "por ejemplo, hace poco en un episodio de Celebrity Apprentice, el equipo de cocina de los hombres no logró impresionar a los jueces de Omaha Steaks", dijo. "Usted Sr. Trump reconoció que el problema era falta de liderazgo, entonces no culpó a Lil John o Meat Loaf, sino despidió a Gary Busey; y este es el tipo decisiones que me mantendrían en vela por las noches", a esta altura los asistentes explotaron en ovaciones. "Bien manejado, señor, bien manejado", remató Obama.

Muchos creen que esa noche nació la obsesión de Trump con conquistar la presidencia, y al mismo tiempo devolverle el favor al hombre que lo acababa de humillar públicamente ante millones de espectadores. Trump es célebre por su incapacidad de reír y su nulo sentido del humor. Hoy, seis años después, aunque Trump terminó por conquistar la presidencia, parece que aún no logra conquistar las inseguridades que esa noche quizá lo impulsaron a perseguirla en primer lugar.

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