Corrupción05.11.2017
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Macri frente a un conflicto esencial: Justicia, Impunidad y Poder
Por Ignacio Fidanza
La detención de Boudou activó un debate denso sobre la manera de combatir la corrupción.

 Un conflicto neurálgico empieza a tocar el nervio de la política: La relación del poder con la justicia. La desmesura del espectáculo punitivo de un ex vicepresidente arrancado de la cama para ser exhibido descalzo, esposado, en ropa de dormir y con la mirada perdida de un animal golpeado, detonó una carga subterránea.

Macri hasta ahora no tuvo una política judicial. En la intemperie, se limitó a aferrarse a un republicanismo remanido: El gobierno no interferirá con el accionar de la Justicia. Y en todo caso, buscó aprovechar lo que se podía aprovechar. Las fotos y videos del vicepresidente, también de difundieron desde chats del Ministerio de Seguridad.

El problema, obvio, es que no estamos ante un sistema impecable que sufría distorsiones del poder, ahora removidas. Aún en el caso que fuera auténtica la manifestación prescindente del actual Gobierno, su efecto inmediato es liberar de conducción política las peores y mejores prácticas del mundo judicial. El resultado no es necesariamente mejor y no parece casual que en su reciente paso por Buenos Aires, Felipe González advirtiera sobre los riesgos de un gobierno de jueces.

Impunidad, poder y justicia es un triángulo de los más complejos, ante el que sería prudente abandonar la propaladora de lugares comunes que el macrismo aplica cada vez que se tropieza con un debate denso.

Macri hasta ahora no tuvo una política judicial. En la intemperie se aferró a un republicanismo remanido: El Gobierno no interferirá con el accionar de la Justicia. Una prescindencia que no aborda la complejidad de un sistema dañado. 

Esa liviandad acaso le impidió calibrar en toda su dimensión el fallo Irurzún de la Cámara Federal, que disparó la sucesión de detenciones de los últimos días. Allí, sintetizando, se dispuso que en causas de corrupción, ya no importa si el investigado está a derecho o no hay peligro de fuga, igual se lo puede detener en base a una presunción en su contra: Como funcionario o ex funcionario podría disponer de las relaciones y recursos para entorpecer la investigación. Una presunción que aplica aunque ni siquiera esté procesado, como ocurrió en el caso Boudou. No hay que ser abogado para percibir hasta donde lleva ese razonamiento.

Los actuales ministros de Agricultura, Energía y Finanzas -por citar algunos-, los titulares de la Aduana, la AFI y la Anses, uno de los vicejefes de Gabinete, el secretario de Comercio Interior y otros funcionarios macristas, todos con denuncias por presunta corrupción, podrían ser detenidos mañana mismo, si esto no fuera la Argentina.

Macri y su círculo más cercano tienen frente a este envenenado saludo del futuro, una reacción cultural. Lo que molesta es lo brutal. Prevalece lo estético por sobre lo jurídico o político. El problema es Lijo -por poner un nombre-, que gira sobre si mismo y se ofrece al nuevo tiempo sin discreción. Exponiéndose, pero también exponiendo. Gente bien como el fiscal Plee, con quien a lo sumo se pueden intercambiar sugerencias amables, son un reemplazo ideal para los tiempos que vienen.

O sea, discutimos personas, modos y hasta pertenencia social. Si fuéramos ¿optimistas? podríamos intuir que estamos ante la construcción de una nueva elite. Una generación modernizante, moderada y preparada, que busca retomar el camino de una grandeza perdida en la primer mitad del siglo pasado. Algo de eso trasuntan los discursos de Macri.

Una selectividad moral que se explica en el repliegue de Carrió en su histórico rol de denunciante del poder. Retroceso que incuba la tensión latente al interior del actual proceso: Los detenidos son kirchneristas, pero se trata de apenas una etiqueta de un dilema mayor, como se articula el poder con aquellos que deben juzgarlo.

Pero al mismo tiempo es muy propio del PRO, acaso previsible en una fuerza con identidad en formación, creer que los problemas políticos se crean y resuelven abordándolos desde lo personal. Reemplazar un jodido por una divina, puede ser tan saludable como peligroso, según lo que se busque. Porque no se trata de estar cómodo, sino de cómo y para qué, se opera sobre una realidad dada.

Y eso es lo que enfrenta el país, ahora sí, en su más amplio alcance. ¿El Mani Pulite italiano y su remedo brasileño son el modelo deseado de "purificación" de la política argentina? ¿Transitamos una trayectoria similar? ¿Cómo les fue a esas potencias? ¿Qué vino tras la redención?

En un espejo perfecto de ciclos pasados, vimos en las últimas semanas solaparse procesamientos y detenciones de ex funcionarios, con vertiginosos sobreseimientos y faltas de mérito para los actuales. Ya lo vivimos. Con Menem, De la Rúa y Kirchner. No es nuevo.

Son problemas complejos, porque seguir como veníamos tampoco es solución. ¿Quién puede negar el poderoso mensaje que envía comprobar que los intocables también terminan tras las rejas? ¿Pero lo hicimos bien? ¿Es acaso importante hacerlo bien? ¿El modelo es tan sencillo como lo que se ve: Mientras seas gobierno impunidad, luego prisión?

La tentación fundacional y el pragmatismo del día a día, nombre por nombre, son extremos de la misma distorsión. Decir que la raíz es la debilidad de las instituciones, la tranquilidad de un placebo. No hay respuestas sencillas para problemas complejos. Al menos en política.

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Venían a salvar la República y por lo que se nota están manejando a uno de sus tres poderes. Supongo que con presiones y carpetazos. Al menos deberían tratar de disimular un poco. Y no sobreseer continuamente a los propios, mientras condenan a los ajenos. No todo es blanco o negro. ¿Todos los funcionarios actuales lavadores en paraísos fiscales son inocentes? ¿Todos los funcionarios anteriores son corruptos?de ¿Cualquier juicio por corrupción debe tardar 10 años o más? Lo que tengo claro es que esta forma de democracia no es sustentable.
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Todos los CODIGOS DE PROCEDIMIENTOS DEBEN PONER PLAZOS CIERTOS, A LOS JUECES, O ESTOS DEBERAN SER DESTITUIDOS.
Es una norma basica, que si no existen normas, no existen responsabilidades.
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No comulgamos con la experiencia e interpretacion que podria darle el hispano, con fundamentos y experiencia, pero SI APOYAMOS A UN GOBIERNO DE LOS JUECES al estilo americano.
Ello lleva implicito, prima facie, una necesaria adaptacion y capacitacion de la totalidad del sistema educativo, de formacion, seleccion, y ejercicio del PODER JUDICIAL DE LA NACION, y de las Provincias.
Solo servira de ejemplo, el trartamiento de la detencion de l fallido presidente independentista de Catalunya. En Bruselas, los plazos maximos para decidir, conforme a la ley, sin interpretaciones, estan claramente acotados. Debemos comenzar por eso.
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LEAN MIS LABIOS...
ES UNA FRASE, que en la potencia del norte, tiene su significado. y es lo que les digo a todos, pidiendo que se esfuercen en tratar de comprenderlo, Y LE DEN DIFUSION.
Es MUY DISTINTO, la interpretacion que le da el "gallego cuadrado" Felipe Gonzalez, a la interpretacion y practica que se le da en E.E.U.U. al concepto "GOBIERNO DE LOS JUECES"
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Fidanza esta nota es una operación qlo desenmascara. Quiere instalar un debate corrido del verdadero asunto que es que la justicia opera bajo la conduccion política del macrismo.
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Eso es lo que pasa cuando la apolítica ññega al poder. Chocolate por la noticia