Santa Fe18.04.2018
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Tres hombres en busca de una reforma constitucional
Por Garret Edwards
Bonfatti, Binner y Lifschitz buscaron actualizar la Carta Magna santafecina auto excluyéndose de la reelección. ¿Es suficiente para evitar el riesgo de caudillismo?

Estamos en Roma. El año es 1921. Luigi Pirandello, un dramaturgo que en 1934 terminaría recibiendo el Premio Nobel de Literatura, estrenaba una obra de teatro que haría historia: "Seis Personajes en Busca de un Autor". Haciendo culto del absurdo, jugaba con las relaciones entre autores, sus personajes y la forma en la que se hacía teatro. La reacción del público fue dividida, algunos llegaron a acusarlo de loco. El paso del tiempo le daría su justo lugar, y reconocería en los guiones de Pirandello la astucia en identificar algo que otros aún no habían descubierto.

"Cuando nace un personaje, éste adquiere de inmediato su independencia, incluso de su propio autor. Una independencia tal que puede ser imaginado por cualquiera hasta en situaciones que el autor nunca había soñado para él; y es así que adquiere para sí mismo un significado que el autor nunca pensó en darle", decía uno de los personajes de Pirandello. Tres hombres en busca de una reforma constitucional es en Santa Fe nuestro equivalente actual.

Si bien es cierto que la última reforma constitucional en Santa Fe data de 1962, y que la deuda de su actualización ha acompañado a cuanto gobierno ha ocupado la Casa Gris, al menos, desde la reforma más reciente de nuestra Constitución Nacional en 1994, no menos cierto es que el debate por el tema de referencia ha sido una permanente en los tres gobiernos socialistas: Hermes Binner (2007-2011), Antonio Bonfatti (2011-2015) y, ahora, Miguel Lifschitz (2015-2019).

Con ahínco, Binner fue contundente cuando intentó, durante su mandato como gobernador, propiciar la reforma de nuestra Carta Magna santafesina. Expresó que él se abstendría de la chance de ser reelecto si se agregaba la posibilidad de ser ungido nuevamente en el cargo que ya ocupaba. Fue más allá y, en una demostración de honestidad intelectual y ética profesional intachables, manifestó que si había jurado por una Constitución desempeñar fielmente su cargo, no podría jamás beneficiarse por las reglas de una Constitución por la cual él no había sido elegido.

Por otra parte, los aportes de Bonfatti tampoco se alejaron demasiado de la idea de su antecesor de reformar la Constitución Provincial, aunque los mismos resultaran inútiles y, a la distancia, se vean apagados, tenues y cansinos. El actual diputado provincial y presidente de la Cámara de Diputados de la Legislatura Provincial sigue en la línea trabajada en su tiempo y ha declarado que "2018 es un año propicio para la reforma constitucional". Ni antes ni después se refirió Bonfatti de manera expresa a cómo podría llegar a afectarle personalmente una cláusula que permitiera la reelección consecutiva. Al día de hoy, ya ha cumplido con el período de descanso inmediato obligatorio; quizá le preocupe menos que antes.

Más cerca temporalmente, el actual gobernador de la Provincia de Santa Fe, Miguel Lifschitz, marcó desde el día cero en su puesto que la reforma constitucional era, para él, primordial. En un principio dijo que si su potencial candidatura para una reelección se convertía en obstáculo para modificar y agregar en la Constitución todas las cosas buenas que le hacían falta, se haría al costado y no pondría trabas -algo que no parece ser tan así en pleno año 2018, cuando el ambiente se va caldeando de camino a las elecciones en 2019-.

Nadie niega que hace falta actualizar en algún momento futuro nuestra Constitución Provincial en ciertos puntos neurálgicos: reconocimiento de la autonomía municipal, constitucionalización del Consejo de la Magistratura, limitaciones en los mandatos de todos los cargos electivos que hoy no tienen fin, unicameralidad de la Legislatura Provincial, entre otros tantos de mayor, igual o menor jerarquía. Uno no puede no preguntarse si vale realmente la pena hacerlo ahora, con el riesgo de que la Ley Fundamental santafesina pierda su mejor valladar contra los caudillismos vernáculos: la imposibilidad de reelección consecutiva del gobernador.

"Si tan sólo pudiéramos ver de antemano todo el daño que podemos causar por el bien que creemos estar haciendo", se lamentaba otro personaje de Pirandello en la seminal obra de comienzos del siglo XX. Tres hombres en busca de una reforma constitucional que, probablemente creyendo que están buscando el bien, puedan terminar haciéndonos caer en el infierno.

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