comercio exterior04.04.2017
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El escándalo de las carnes en Brasil: ¿falsa alarma?
Por Carlos Steiger
Los funcionarios brasileños respondieron rápidamente y restituyeron el flujo de exportaciones. ¿Argentina perdió una oportunidad única? Algunas reflexiones.

El pasado 17 de marzo estalló en Brasil el escándalo denominado "Carne Débil" cuando se dieron a conocer los resultados de una investigación de más de dos años de antigüedad, llevada a cabo por la policía federal de Brasil. Las pesquisas sacaron a la luz una cadena de corrupción que involucraba a inspectores sanitarios y plantas frigoríficas de carne, donde a través del pago de coimas se autorizaba el despacho al mercado, tanto interno como externo, de carnes que no reunían los estándares sanitarios y que suponían graves riesgos para la salud de los consumidores, ya sea de Brasil o de los países compradores.

Esto llevó a la clausura de 21 plantas frigoríficas y a la detención de 11 inspectores sanitarios, como también de gerentes y dueños de los frigoríficos involucrados.

Al hacerse públicos estos acontecimientos, inmediatamente China, Hong Kong, Chile y la Unión Europea (UE) suspendieron sus operaciones con Brasil. Se frenaron todas las operaciones de exportación, con cifras que suministra el Ministerio de Comercio Exterior de Brasil, dando cuenta de la caída total de las ventas y la magnitud del problema.

Los precios de las acciones de JBS y BRF, gigantes de la industria involucrados en este escándalo, cayeron un 10% en el BOVESPA. El mismo presidente Temer, por un lado trató de dimensionar el real impacto del problema y, por otra parte, estimó un daño en las exportaciones de Brasil de carne vacuna y aviar del orden de los 1.500 millones de dólares.

Hay que tener en cuenta que Brasil es el mayor exportador mundial de carne vacuna y aviar, por un valor de US$ 12.000 mil millones de dólares entre las dos carnes. En el caso de la carne vacuna, Brasil exportó en el año 2016 por valor de US$ 5.500 millones de dólares, mientras que en el 2015 había exportado por US$ 5.900 millones de dólares.

En términos comparativos, la Argentina en el 2016 exportó carnes vacunas por US$ 1.043 millones de dólares, lo que significó un importante incremento del 20% sobre el 2015, pero que refleja de alguna manera la pérdida de participación de la Argentina en el comercio mundial de carnes vacunas, incluso considerando las diferencias de tamaños de los dos países.

En los meses de enero y febrero de 2017, Brasil había exportado 216.423 toneladas (lo que Argentina está exportando en un año), y como consecuencia de este escándalo se paralizaron todos los negocios de los países compradores.

Ante esta situación, se manejaron tres escenarios posibles. Uno de ellos preveía una desconfianza hacia la carne vacuna que produjera una caída de su consumo, afectando a todos los exportadores por igual.

El otro hablaba de que solamente sería Brasil el afectado y que esto dejaría un espacio a ser cubierto por sus competidores. Teniendo en cuenta que Brasil exporta los mayores volúmenes a China, Hong Kong, Egipto, a precios relativamente bajos, parecía que los países del Mercosur- Argentina, Uruguay, Paraguay- eran los que en este escenario estarían en mejores condiciones de ocupar el espacio vacío.

El tercer escenario posible, que aparentemente es el que se está dando, es que Brasil solucione el problema, asegurando la calidad y sanidad de sus carnes, restableciendo el comercio, y sólo dejando como costo una alerta para Brasil y pérdidas por los embarques y negocios cancelados mientras duró el problema.

Respuestas de Brasil y reacción de los mercados

El presidente Temer se encargó de cuantificar la magnitud del problema diciendo que estaban involucradas en el escándalo sólo 21 de los 4.800 establecimientos faenadores, que sólo 11 de los 11,000 empleados del gobierno que trabajan en sanidad animal estaban comprometidos en hechos de corrupción y que de los 21 frigoríficos involucrados sólo 6 habían exportado en los últimos 60 días.

Por otra parte, y para dar garantías, JBS suspendió las operaciones compra y faena de ganado en sus 36 plantas. Además, se realizaron intensas gestiones diplomáticas en los países compradores para garantizar la calidad de los envíos de carne brasilera.

China, Chile, Egipto y Hong Kong reabrieron sus mercados en menos de 15 días. La UE no cerró, pero analizará el 100% de los embarques de todas las plantas. Las exportaciones cayeron a la mitad.

Según números recién conocidos, las exportaciones de carnes vacunas en el período del 13 al 19 de marzo fueron de USD 14 millones diarios de promedio por 3.447 toneladas por día, cantidades muy similares a las registradas antes de la denuncia del día 17, es decir, USD 13,4 millones y 3248 toneladas por día para los primeros 12 días del mes.

Para la semana del 20 al 26 de marzo, los embarques cayeron a poco más de la mitad, para USD 8 millones y 2000 toneladas por día. Estos números son mucho más representativos que el que dio vueltas por todo el mundo y que indicaba que de USD 63 millones diarios se cayó a 74 mil, donde se referenciaba al registro de un solo día (22 de marzo), ni bien estalló la crisis.

La rápida respuesta de las autoridades brasileras parecen haber dado sus frutos. El impacto no ha sido tan grande como se pensaba, aunque ha tenido costos en materia de credibilidad para el país y algunas ganancias de corto plazo, como el caso de Paraguay.

Tan sólo una semana después de hacer pública la información que provocó la crisis, las negociaciones y las pruebas remitidas por las autoridades brasileñas dieron sus frutos y la mayoría de los países involucrados dio marcha atrás y volvió a habilitar la importación de productos cárnicos brasileños, con la excepción de las plantas directamente involucradas.

Éste fue el caso de China, Hong Kong, Chile y Egipto, países que dejaron de lado la suspensión a todos los productos cárnicos exportados por Brasil y pasaron a inhabilitar sólo a las de las 21 plantas involucradas en el escándalo, entre las que una minoría son exportadoras. Otros destinos, como la UE, EEUU, entre varios más (como Argentina y Uruguay) habían anunciado la suspensión sólo de las plantas investigadas. Ese es el camino que ahora está tomando la amplia mayoría de los compradores.

JBS, por su parte, la semana pasada anunció la suspensión de la faena en 33 de sus 36 plantas en Brasil por tres días y dijo que a partir de la corriente retomará la producción, pero a un ritmo menor (65% de la capacidad instalada). Éste estará dado por la forma en que reaccione el consumo interno brasileño.

En síntesis, la tormenta parece haber pasado y la rápida respuesta de las autoridades brasileras parecen haber dado sus frutos. Aparentemente el impacto no ha sido tan grande como se pensaba, aunque ha tenido costos en materia de credibilidad para el país, pérdidas de exportaciones (cuando se publiquen las estadísticas de marzo veremos la magnitud real de las pérdidas) y algunas ganancias de corto plazo, como el caso de Paraguay reemplazando en algunas operaciones a Brasil en el mercado chileno y algunas compras de China en otros mercados.

¿Hubiera sido una oportunidad para Argentina?

Una vez conocido el problema en Brasil en la Argentina, surgieron distintas voces tratando de estimar las consecuencias favorables o desfavorables de este episodio sobre la ganadería argentina. Entre las consecuencias desfavorables se pensó que Brasil se podía asimilar a todo el Mercosur, con consecuencias negativas para todos los países, pero esta amenaza no se concretó.

Entre las oportunidades se planteó la posibilidad que la Argentina pudiera aprovechar parte del enorme déficit que hubiera provocado la salida de Brasil del comercio exportador.

Recordemos que Brasil exporta alrededor de 1.080.000 toneladas peso producto (no confundir con exportaciones res c/hueso) y Argentina exportó 157.000 toneladas pesos producto, con una producción total de carne de 2.500.000 de toneladas, frente a los 8.000. 000 de toneladas de Brasil.

Argentina ha ido perdiendo desde el año 2006 participación en los mercados internacionales por políticas internas que planeaban el conflicto entre consumo interno y exportación, con la excepción del 2009, año en que las exportaciones llegaron a 600.000 toneladas, con una gran participación de vacas y conservas como resultado de la liquidación de stocks.

Hoy la Argentina exporta alrededor de 230.000 toneladas res con hueso, lo cual representa un 9% de su producción total, frente al 20-25% que tradicionalmente se exportaba. Desde hace 8 años no se cumplen con los embarques de la cuota Hilton que es el negocio de mayores valores y rentabilidad para los exportadores y donde la carne argentina tiene un precio premium en el mercado.

Toda esta situación se da a partir de la pérdida de más de 10 millones de cabezas en el stock vacuno, resultado de la reacción de los productores ante las señales del gobierno kirchnerista que no iba a permitir que la presión exportadora elevara los precios de la hacienda, implementando ROEs (que dieron lugar a negocios oscuros), retenciones a las exportaciones, cepo cambiario y en algunos casos la prohibición de exportar.

A partir del 2015 comienza un cierto proceso de retención de vientres para recomponer algo de los 10 millones de cabezas perdidas y se estima que cuando se publiquen los datos de Senasa en marzo, el stock habrá recuperado unos dos millones de cabezas llegando a los 53 millones, lo cual puede hacer presumir una mayor oferta futura y mayores exportaciones. Aunque todo esto llevará su tiempo.

En el corto plazo la Argentina sólo hubiera podido aprovechar una muy pequeña parte del espacio que hubiera dejado Brasil, por insuficiencia en la oferta para exportación. Lleva 8 años sin cumplir con la cuota Hilton.

Una de las grandes limitantes para el aumento de las exportaciones (incluidos los incumplimientos de cuota Hilton) es la muy baja participación de novillos pesados en la faena, cuya cantidad ha disminuido dramáticamente, dado que el consumo interno (90 % de la demanda ) prefiere hacienda liviana. 

Las medidas de diciembre del 2015, tales como liberación del cepo y ajuste cambiario, eliminación de retenciones; dieron competitividad a la industria frigorífica, pero no se tradujo en un incremento substancial de las exportaciones en el 2016 (un 20 % partiendo de valores muy bajos), aunque pareciera repuntar en los primeros meses del 2017.

Por otra parte, se percibe que se ha perdido parte de la competitividad, ya que el tipo de cambio en el 2016 se ha ajustado muy por debajo de la evolución de una serie de cotos internos e incluso del precio del novillo en dólares que es el más caro del Mercosur y resta competitividad a la industria, además de otros costos que han subido en dólares (mano de obra, energía, transporte).

En definitiva, en el corto plazo la Argentina sólo hubiera podido aprovechar una muy pequeña parte del espacio que hubiera dejado Brasil, por insuficiencia en la oferta para exportación. Si bien el gobierno está dando señales que apuntan a dejar funcionar libremente los mercados para que la ganadería argentina puede recuperar las posiciones perdidas, este proceso va a llevar su tiempo, teniendo en cuenta los horizontes temporales de los ciclos ganaderos que son más largos que los ciclos agrícolas.

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Ademas de los volúmenes, existe una diferencias en las calidades.
China importa carnes de menor calidad de la que produce Argentina.
Brasil produce carne de sebu y de otras especies que no de corte igual que las variedades argentinas.