Petroleo08.05.2015
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El rol de Pichetto en la maniobra de ahogo a la petrolera Apache
Por Antonio RossiA la jugada de Kicillof revelada por LPO, se sumó la no renovación de las concesiones rionegrinas.

 La compra de los activos y concesiones que tenía la filial local de la petrolera norteamericana Apache por parte de la reestatizada YPF estuvo precedida de un “movimiento de pinza” que la administración kirchnerista desplegó en forma simultánea con el gobernador de Río Negro, Alberto Weretilneck y el senador nacional, Miguel Angel Pichetto.

La maniobra de presión ejercida desde el gobierno nacional -tal como reveló LPO- consistió en negarle a Apache el ingreso al programa de estímulo para la producción gasífera denominado “Plan Gas Plus”.

Por medio de esa iniciativa, las petroleras que aumentaban sus extracciones de gas por encima de los niveles de 2012 se aseguraban el cobro de un precio de US$ 7,50 por MBTU (la unidad de medida de comercialización del gas) frente al promedio de US$ 3,50 por MBTU que venían facturando en el mercado interno.

Con el fin de garantizar ese ingreso de US$ 7,50 por MBTU, se instrumentó un nuevo esquema de subsidios para que las “petroleras habilitadas” pasen a recibir del Estado la diferencia entre el precio de incentivo y los valores pagados por los usuarios locales.

Pese a que cumplía con los requisitos para ser sumada a la lista de “beneficiarias”, todos las solicitudes de Apache fueron frenadas por el ministro de Economía, Axel Kicillof, dejando a la empresa en inferioridad de condiciones frente a las restantes petroleras que podían acceder a las compensaciones estatales por sus producciones excedentes.

La otra movida de ahogo a Apache para que acelere la venta de sus áreas a la petrolera conducida por Miguel Galuccio tuvo lugar en la provincia de Río Negro.

Las concesiones que Apache tenía en esa provincia representaban--por los niveles de producción y actividad de los pozos-- alrededor del 60% del total de los activos que terminó comprando YPF.

En territorio rionegrino operaba dos áreas hidrocarburíferas: “Estación Fernández Oro” (EFO)--la más grande y la de mayor potencial productivo-- y “El Santiagueño” (ES). En tanto, el 40% restante del “paquete” de activos de Apache estaba compuesto por otras 30 concesiones de distintos calibres en las provincias de Neuquén y Tierra del Fuego.

Para bajarle el precio final de compra a Apache, Galuccio necesita que las autoridades de Río Negro no aprobaran la extensión de las concesiones que venían renegociando desde mediados de 2013.

Lo que estaba en juego era una prórroga anticipada de 10 años para la concesión de ES que expiraba en setiembre de 2015 y otra similar para el área de EFO que tenía vencimiento en agosto de 2016.

Tras varias meses de negociaciones, los directivos de Apache le presentaron a los funcionarios locales una propuesta que tenía tres puntos salientes: un plan de inversiones por US$ 1.000 millones hasta 2026, un desembolso de casi US$ 100 millones para el fisco rionegrino al firmar los contratos y participaciones accionarias para la provincia del 14% en EFO y del 25% en ES que iban a reportarle un ingreso adicional a las regalías de US$ 25 millones anuales.

Si la provincia le renovaba las concesiones, el precio de los activos de Apache se iba a multiplicar, como mínimo, por tres. Así en lugar de los US$ 817 millones que terminó pagando, YFP hubiera tenido que juntar alrededor US$ 2.400 millones para poder quedarse con los yacimientos y concesiones de Apache.

Con la ayuda de Pichetto, Galuccio logró convencer al gobernador Weretilneck para que no suscriba la renegociación que tenía en marcha con la petrolera norteamericana.

A fines de diciembre de 2013, el gobierno rionegrino procedió a descartar oficialmente la propuesta de Apache con el argumento de que resultaba “insuficiente” para los intereses de la provincia.

Cuarenta y dos días después—el 12 de febrero de 2014—, YPF anunció que había cerrado la adquisición de Apache por un monto total de US$ 786 millones y la absorción de una deuda bancaria de US$ 31 millones.

Diez meses después y luego de comenzar a operar los yacimientos de Apache bajo la denominación comercial de Yacimientos del Sur (YSUR), Galuccio acordó en diciembre de 2014 con Weretilneck una amplia y generalizada extensión de todas las concesiones de YPF y de la nueva empresa por el lapso de una década.

La incorporación de los activos de Apache le permitió a YPF salir a mostrar un incremento en la producción de gas del 15% y un aumento en las reservas del orden del 14% que no hubiera podido lograr por sus propios medios.

Además, la operación con la petrolera norteamericana tuvo otro capítulo que generó varias dudas. Tras acordar con Apache, Galuccio le vendió de inmediato tres bloques que había recibido en Vaca Muerta a la petrolera Pluspetrol –de las familias Poli y Rey—a cambio de US$ 270 millones.

Entre los bloques cedidos a Pluspetrol se encuentra “La Calera”, un área de gran potencial sobre Vaca Muerta ubicada en el medio de Loma Campana –el polo productivo de shale oil que YPF explota con Chevron—y Aguada Pichana, el reservorio neuquino de shale gas, cuya operación lidera la francesa Total mediante una UTE con YPF, Wintershall y Pan American Energy.

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