23.04.2014
(2)guardarlectura zen
San Francisco y el Lobo
Por Martín Rodríguez
Francisco como un límite a las políticas de derecha. La falsa idea de un nuevo Juan Pablo II que venía a “disciplinar” los populismos.

Hay dos lugares comunes circulando en la prosa política: el fin de la era light de Massa y el giro a la ortodoxia económica del gobierno nacional. Ambas cosas darían cuenta de un giro generalizado hacia la derecha. Sea por convicción o por la situación, lo cierto es que la propia agenda del gobierno (FMI, control del narcotráfico, paro nacional o “debate” por la regulación de la protesta social) se ha corrido de un modo que parece marcar el pulso del desenlace del gobierno: hacia el centro. El gobierno también adapta su política económica a una pragmática que le impone no perder más reservas, endeudarse, combatir inflación, etc. Pero es innegable: el gobierno termina el mandato con la agenda de los otros. Diciendo y haciendo sobre las cosas negadas (inflación, dólar, inseguridad, control social). ¿Qué otros? De eso se trata ahora.

La diferencia entre Massa y los políticos opositores de esta década es que Massa le pone la agenda a los medios. La diferencia entre Massa y los políticos en este año papal, es que Massa no puede, no quiere, no lo dejan, tener su foto con Francisco. Massa no es menos de derecha o más de derecha que Macri, Capitanich o Scioli, lo que tiene, lo que juega, es una autonomía política. Todos coinciden con que esa imprudencia (aún por derecha) es la que atemoriza a muchos hombres del establishment, porque no se trata de ideologías sino de temperamentos. ¿Cómo quieren que sea el “nuevo hombre” es más importante que cómo quieren que sea el “nuevo orden”? Las ideas cambian, las personas no tanto, es el razonamiento del promedio empresarial de este tiempo.

Massa, en este escenario “derechizado”, siente que puede hablar de lo que le gusta hablar. Más penal y normativo su discurso, menos social. La avenida del medio tenía una referencia: la clase media baja, el trabajador formalizado, la clase media alta asustada. La clase media.

Mientras el gobierno camina sigiloso el mundo financiero en busca de crédito, el principal peronista opositor caminó por los Estados Unidos de América, reviviendo la mística de unas nuevas relaciones carnales.

¿Sigue siendo light? Su discurso de mano dura y la gira por Estados Unidos parecieron patentar el fin de su versión descremada. En el primer caso, con una ganancia de popularidad básica para quien no habla desde el Estado y asocia el sentido común a la mano dura. En el segundo caso, en medio del déficit energético del país, mostrando que la vuelta a las relaciones con Estados Unidos también se hace en un contexto de promesas enterradas: ¿con Venezuela no se cerraba el anillo energético? La política regional es un camino más lento y complejo económicamente que lo que dicen sus frugales productos culturales.

Sin embargo el problema no parece ser el de “estar a la derecha del kirchnerismo”. Porque el kirchnerismo, de hecho, se encargó (con obsesión) de fumigar las posibilidades de que haya algo a su izquierda, y siempre miró con buenos ojos el espejo de tener una derecha creciente. Nunca fue un proyecto “atrapa-todo”. El problema para cualquier político puede ser ahora estar “a la derecha del Papa”. ¿Es el ex jefe de la oposición un hombre de derecha? ¿Es ahora Francisco un imán electoral y por eso algunos políticos kirchneristas y no kirchneristas ruegan bendición? ¿Tiene Francisco y la Iglesia argentina una agenda para el post-kirchnerismo? Mi percepción es que Francisco y su Iglesia resultan ahora más un límite a las derechas políticas que un límite a las izquierdas políticas, salvo, claro, en esos cuatro o cinco temas en los que el clero cree que no hay acuerdo posible (aborto, etc.). 

La teoría de que Francisco se trataba de un nuevo Juan Pablo II que venía a disciplinar el continente descarriado del Populismo fue falsa: y muchos de esos funcionarios y decanos tuitstars volvieron sobre sus pasos a borrar sus pecados ideológicos de 140 caracteres. Cristina empezó su Era Pragmática cuando calibró por primera vez la naturaleza política de la Iglesia de Bergoglio: conservadora pero no liberal, por lo menos.

Bergoglio en su conversión a Francisco pasó de “jefe de la oposición” a la revelación del secreto de una desobediencia: cuántos amigos tuvo en el kirchnerismo aún durante su penitencia, cuando el chiste oficial pasaba por “federalizar” el Tedeum. Desde dirigentes partidarios hasta referentes de las organizaciones sociales cultivaron la amistad secreta.

Conocemos del papa su versión durante el kirchnerismo. ¿Cómo será el papa durante un próximo gobierno? Nadie lo sabe, pero hay quienes con preocupación imaginan alguna "sensibilidad", por ejemplo, hacia lo militares presos por delitos de lesa humanidad. Hombres de tercera edad. Esperemos que ese vaticinio no se cumpla.

Según Juan Pablo Cafiero (embajador argentino en la Santa Sede) el líder regional que Francisco más admira es Rafael Correa. Su formación y rebeldía, dice. El presidente ecuatoriano, formado por los salesianos, conforma el sincretismo perfecto de un antiabortista de izquierda, de la izquierda estatal del siglo 21. Francisco se hizo Papa cuando Europa empezó a recibir el efecto “negativo” de la primavera árabe: un complemento más a la inmigración constante desde los países primaverales y balcanizados. Su impulso se logró: una alineación de las Iglesias europeas hacia la apertura inmigratoria. La primera agenda de Francisco es la de una Europa en crisis. Y el papa no cree en el proselitismo religioso, sí en la atracción. Contra los “cristianos tristes”, contra una “Iglesia del no” (no hagas esto, no hagas aquello), tal como la describe, propone una especie de vidriera de actos y gestos que imanten viejas y nuevas ovejas. Su despliegue ha sido hasta ahora en una dirección humanitaria que lo ubica en un lugar incómodo para la elite política europea: la que administra una enorme crisis.

Ese Papa que sintió “patadas en el alma” cuando vio cómo linchaban a un presunto ladrón en Rosario, no escribe estribillos para la canción del miedo. Difícil estar a la derecha de quien fuera presentado como el jefe espiritual de la oposición al kirchnerismo durante diez años.

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No estoy tan de acuerdo con la idea de que el kirchnerismo haya estado obsesionado en fumigar toda posibilidad a su izquierda. Por lo demás, es una mirada muy interesante.
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Francisco no quiere recibir a Massa .,