Eduardo Curia29.03.2014
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“La devaluación marcó la saturación del esquema de atraso cambiario 2010-2013”
Por Ignacio OsteraEl economista repasó la política económica de la última década y rescata el "modelo competitivo productivo" del 2002-2007.

Eduardo Curia es abogado por la Universidad de Buenos Aires y llevó a cabo estudios de Economía Superior en la Universidad Católica de La Plata. Dirige el Centro de Análisis Social y Económico (CASE), ubicado en un antiguo edificio de tres cuerpos en el microcentro porteño.

Siempre ligado al peronismo, fue asesor económico de la CGT y ocupó el cargo de viceministro de Economía a comienzos del mandato de Carlos Menem. Actualmente trabaja con sindicatos y diversas cámaras empresarias.

Acaba de publicar su último libro “El quiebre del modelo macroeconómico del desarrollo 2003-07 y la incertidumbre hacia el futuro". (Editorial Dunken)

Es uno de los mayores defensores de lo que llama “el quinquenio 2002-2007” que estuvo signado por un tipo de cambio “competitivo desarrollista”, que a partir del 2010 el gobierno abandona por uno que toma al dólar como ancla antiinflacionaria principal. Esa mala decisión, dice, fue la que derivó en la crisis de reservas que todavía atraviesa al país.

En su última publicación, Curia busca polemizar con quienes hablan de una década "totalmente ganada" o "totalmente perdida", se muestra cauto ante la estabilidad cambiaria que logró el gobierno en estos últimos dos meses, y teme por un futuro no muy lejano en el que los dólares abunden, en donde el país podría sufrir lo que se conoce como “enfermedad holandesa”.

¿Cuál es el planteo que desarrolla en su último libro?

El objetivo básico es romper la idea dominante de que la famosa década larga, o es una década totalmente ganada y homogénea en cuanto tal, o perdida, o desperdiciada en tanto tal. Y después los que dicen que la crisis actual es producto de la década perdida, mientras que los que defienden una “década ganada” no tienen una explicación demasiado evidente o clara de por qué el tema actual.

Mi tesis sería que no hay tal homogeneidad en la década. Hay algunos trazos obviamente en común, porque la administración Kirchner-Kirchner fija la referencia, con un discurso que puede ser también constante. Pero lo cierto es que en la médula económica partiendo de la macro, ha habido una discontinuidad estratégica tajante.

¿Quiere decir que hay un punto de ruptura?

Exacto. La primera es la matriz 2003-2007 vinculada íntegramente a la megadevaluación del 2002. Y después lo que yo llamo el período 2010-2013. A su vez, la crisis posterior, lo que viene a fines de 2013 a hoy, es subproducto del esquema 2010-2013. Este fenómeno írrito es subproducto de ese esquema económico que tenía una matriz que casi era la inversa del 2003-2007, si uno compara cada una de las variables entre los dos modelos.

¿En el medio hay dos años de transición?

2008-2009 fueron años peculiares. 2008 desde ya lo que yo señalaba que el propio modelo que yo llamo competitivo productivo que fue muy exitoso, de los mejores quinquenios en la historia argentina, si no se hacía cierta adecuación o “service”. 2008 desde ya que no se hace el service, está el conflicto con el ruralismo, un hecho tocante. Después está el arranque, está el vórtice de la crisis mundial que se transmite al 2009. Esos dos años, por sus peculiaridades, no son tan entitativos para el análisis, aunque no digo que no son importantes. No son tan relevantes para este cotejo de posturas.

Porque además es un cotejo de posturas entre heterodoxos. En mi último capítulo critico a otras teorías de carácter heterodoxo. Yo soy neodesarrollista, como Frenkel o Ferrer. Después llegaron otras corrientes heterodoxas que dieron cierto respaldo teórico al modelo 2010-2013, recomendando políticas muy negativas que llevan a este no va más.

Hay una especie de orientación o giro pragmático de Kicillof. Hoy está conduciendo un esquema llamemosle devaluatorio, con sus más y con sus menos, tasas de interés altas, viendo que el salario no se exceda…

Si bien no se termina de encuadrar, esto es un esquema bien contrapuesto de lo que él recomendaba incluso con los otros asesores que rodean a la presidenta en el 2011, que son las que le hacen perder el tren al gobierno. 

Porque ese era el momento de la devaluación. Cristina había logrado un triunfo importante y tenia poder político como para comprometerse en el asunto, convocar sectores, encarar una devaluación de cierta entidad y un programa antiinflacionario.

Pero las recomendaciones que prevalecieron fueron otras, y de ahí viene el tema del cepo cambiario que todos conocemos.

¿La crisis de ahora es consecuencia del cepo?

Es consecuencia de que ese esquema macro en el que el tipo de cambio es ancla y por ende hay atraso real, prociclicidad fiscal, expansión fiscal en el ciclo alto, puja de ingresos sin mayor encuadre, inflación efectiva alta, y política monetaria totalmente dependiente de lo fiscal.

Ese esquema, que es contrapuesto a todas las ideas del modelo competitivo productivo del 2003-2007 es el que lleva a la restricción externa. Eso se patentiza en la parte final del 2011. Después llega la eclosión, donde hay otros factores que se juntan, por ejemplo la salida de capitales de la última parte de 2011 es en gran parte porque perciben el problema que se estaba planteando, de atraso cambiario y pérdida sistemática de reservas. Después para el resto es sólo cuestión de no quedarse atrás.

Cuando la decisión que se toma es ratificar el atraso cambiario, no queda otra que ir al cepo, si uno no tiene dólares que le presten. Que para mí es un esquema harto disfuncional en su sentido global: no resolvió la falta de dólares ni por asomo sino que al revés, lo que queda demostrado es que el drenaje de reservas persistió.

Pero con el cepo en el 2012 las reservas cayeron menos.

Sí, pero hay que recordar que el último año en que se suman reservas es el 2010, cuando suben un 9% y las reservas llegan a U$S52 mil millones. De ahí en adelante, hay pérdida de reservas.

Se puso límites a la demanda, pero el goteo siguió. El continuun llega a su punto de saturación a finales de 2013 cuando el esquema dice “no va más”. Como no va más, a mi entender se termina haciendo lo inverso de lo que era la prédica. La prédica decía “no devaluaremos”. Bueno, también ya se venía devaluando. Cuando con Fábrega y Kicillof se da un cierto salto cualitativo es porque la cosa no va más.

Primero fueron a un esquema de cerrar canales de demanda de dólares lo más posible. Ahora tienen que ir a un planteo en donde se busque la oferta de dólares. ¿Quienes ofertan? Los exportadores, y si entran capitales. Ahí está el juego.

Acá está el Dios dirá. El hecho mismo, el valor enormemente simbólico que tiene el proceso devaluatorio en curso es que retrasa o dilata el obituario del esquema anterior. Porque hay retraso cambiario, hay restricción externa, es decir no alcanzan los dólares para el funcionamiento de la economía, y se pierden reservas sistemáticamente.

¿Se freno la corrida?

El esquema es como que encuentra, en lo transitorio, un relativo equilibrio. Es obvio que estamos frente a un dólar que está eternamente en turbulencia. Parece haber establecido un dólar fijo o casi fijo por un tiempo, el haber movido el tema de la venta de dólares directos o indirectos a los bancos, con bonos, y el acuerdo con las cerealeras. Pero sigue habiendo restricción de importaciones, o sea que sigue aplicándose el cepo y todo eso hace que haya una estabilización del tema de las reservas. Y hace pensar en un puente hasta el período de cosecha de la soja.

Eso hace pensar que el Banco Central pueda comprar cierta cantidad de dólares adicionales. Pero no está claro el horizonte del esquema o sistema. La devaluación, si se suma la ultima parte del 2013, cuando Fábrega acelera la aceleración, más lo de enero, la devaluación es de aproximadamente del 23%. Enseguida empieza a ser erosionada en parte por el tema inflación, y aún quedan preguntas abiertas sobre política fiscal y el tema salarial para ver como sigue la inflación. En base a eso uno se pregunta cómo sigue la política cambiaria.

Porque tampoco el salto del 23%, aunque yo me plantara ahí, es demasiado contundente. Ese porcentaje si bien implica una mejora notable, para mí dista bastante de lo que es un tema más de óptimo competitivo. Con lo cual si encima pierde después entidad real, la cosa –espero que no-, tiene el peligro de volver a fojas cero.

En el libro usted menciona un dólar de más de $8,50 para volver a los valores de competitividad del quinquenio 2002-2007

Desde el cierre del libro, con cierta actualización esto ya supera los $9 largos. Considerando diciembre enero febrero hay un desplazamiento por sobre los $9 para volver a esos valores.

Yo reconocí la mejora. Pero tampoco es una mejora muy entitativa, con lo cual si se empieza a erosionar, queda como una cosa muy chirla.

El modelo 2003-2007

¿Cuales eran los rasgos principales del quinquenio 2003-2007 que después se perdieron?

Primero, el tipo de cambio competitivo como locomotora y no como ancla. El tipo de cambio real alto es visto como una pauta por excelencia para el crecimiento y la sustentabilidad en dólares del crecimiento. Con tipo de cambio alto existen ciertos aranceles, reintegros, y también están las retenciones. Eso le daba al tipo de cambio básico un plafond tanto para sustituir importaciones como para exportar, lo que no quiere decir que baste con eso, pero da un pedestal formidable. Sin ese pedestal, se hace muy difícil.

La verdad es que usted tiene un esquema que crece prácticamente y sin mentiras casi al 9% anual. La creación de empleo es impresionante, sobre todo empleo privado e industrial. La industria crece al 11% anual, la inversión se duplica en ese período, están los llamados superávits gemelos, superávit fiscal bastante auténtico, comercial externo y corriente muy importantes. En rigor se produjo un notable desendeudamiento externo incluso con ese pago grande al FMI en el 2006, pero acumulando reservas a lo pavote. Las reservas crecían salvo el año de ese pago, a más del 30% por año.

Con lo cual se tenía una matriz con una inflación que era más alta que la de los 90’, pero menos que la que después aparece.

Ese esquema a mi entender por estas razones que explico en el libro, las ventajas son entitativas. Es una matriz que igual, insisto, yo dije que no podíamos seguir así. Lo que ha funcionado muy bien no significa que la continuidad sea lineal. De ahí el tema del "service". En el tema fiscal yo decía “cuidado porque nos estamos ablandando”, en el tipo de cambio también, hay que ser más estricto en la cuestión inflacionaria. Hay que ser más claros en la política de ingresos y la política salarial.

Estaba el tema ya de la infraestructura, la cuestión petrolera un poco perfilándose, la necesidad de un plan de sustitución de importaciones en un sentido serio y orgánico, planteado de manera rigurosa de exigencias de estándar, de balance de divisas, porque sino me sale el tiro por la culata (sustituyo pero en realidad estoy desustituyendo).

¿Algo más planificado, como le gustaba decir a Kicillof?

Yo diría algo más relacionado a una coordinación orgánica. A veces planificación en la concepción de algunos significa un intervencionismo más de la cuenta. Yo apunto al sector público en coordinación con el sector privado.

Ahí entran las cadenas de valor, que me parece que es el tema básico. Por eso digo, cuando uno sustituye y analiza la experiencia de países que tuvieron más éxito en la materia como los asiáticos, con un análisis del producto que comulgue con la cadena de valor internacional. El tema de precio accesible, cuidado de los procesos, de estándares de productos y procesos. Voy a sustituir un producto con medida de protección ad hoc pero yo se que habrá cosas que más bien voy a desustituir.

Es un esquema complejo, sobre todo cuando uno necesita sustitución difícil, no la fácil. Bienes más sofisticados, de capital, etc. Ahí uno ve las diferencias. Se plantea la rigurosidad que exige un esquema de sustitución de importaciones serio, orgánico, y que rápidamente tiene que decantar en exportaciones. Porque si se quedan limitados al mercado interno son de difícil sustentabilidad.

¿Eso fue lo que pasó históricamente en la Argentina?

El economista Marcelo Diamand dice que frente a la sustitución de importaciones de fines del 40’, 50’, que era muy mercadointernista, no le prestaba mucha atención al tema exportador, sólo había cosas marginales. El decía “acá hay un problema de la industria”, que tiene que avanzar en conseguir sus propios dólares para sustentar su desarrollo, para tratar de exportar.

Él decía que había que dar los estímulos pertinentes para que eso ocurra. Que no es cuestión de sustituir a cualquier costo. Y al mismo tiempo que el tipo de cambio para los exportadores sea más alto. Y sobre todo el tipo de cambio industrial que yo llamo el tipo de cambio de equilibrio desarrollista.

¿Cuál es ese tipo de cambio? ¿Uno alto para que la proteja o uno bajo para poder importar insumos?

La industria debe tener la capacidad de sustituir y de exportar. Ese es el elemento que da la diferencia, porque si uno tiene la visión no sólo de mercado interno, sino también la visión de mercado externo, hay posibilidad de economías de escala, que por ejemplo fueron importantes en el desarrollo asiático. En ese esquema uno no necesita tener un tipo de cambio bajo para importar. La industria se podría arreglar porque el tipo de cambio alto lo proteje naturalmente frente a la sustitución. Usted tiene que tener esquema de protección natural frente a exportaciones competitivas, no que haya un racionador, que es el esquema de los últimos años.

Poner un dólar y ciertos aranceles y reintegros. Donde usted tiene ese esquema que le da protección de base y le da pie para exportar y tener economía de escala para mirar al mundo. En ese marco usted se puede bancar pagar las importaciones de capital. La carga de la importación, donde uno diría me embroma me gustaría un bien de capital más barato, en el contexto es mucho mejor esta señal positiva que se puede tranquilamente aceptar que esto también rige para estos rubros.

¿Entonces, qué caracteriza al modelo que empieza en el 2010?

Se pasa de una visión popular a una visión más bien populista. Donde, como decíamos antes, el dólar se transforma en un ancla y hay retraso cambiario.

En el año 2010 como veníamos de la crisis mundial del 2009, las exportaciones tienen un rebote, crecen al 13%. Después ya van a caer casi perpendicularmente. Pero las importaciones llegan a aumentar hasta el 50%, que es cuando ahí se decide poner las licencias no automáticas que luego fueron reemplazadas por las DJAI.

Eso uno tiene que reconocerlo, porque con cambio bajo, sin esas medidas un montón de rubros industriales hubieran sido depredados. Uno lo puede entender en el conjunto, pero en definitiva no se resuelve el tema de los dólares. Como las exportaciones tampoco tienen estímulo, las del agro sí funcionan, las industriales se concentraron en el sector automotriz, y más bien las industriales lo que han hecho últimamente es tratar de no perder mercados, porque con el retraso cambiario no tienen vuelo para luchar en un mercado mundial, que aparte no es un mercado demasiado feliz en cuanto a la demanda.

Por eso las exportaciones industriales tendieron a caer.

Este esquema también se le da el tema de que el costo laboral es altísimo en dólares sin que esto signifique que sea un poder adquisitivo tremendo. Pero como costo laboral en dólares también es muy grande. Y es ovbio que en este contexto la capacidad de creación de empleo se vino abajo. Quien crea trabajo en los últimos tiempos es el estado que eso supone una productividad promedio tendiente a más baja.

A eso se le suma una inflación altísima que es la contracara del atraso cambiario. Hay que recordar que el dólar se movió un 4% en 2010 y 8% en 2011, con una inflación que estaba arriba del 20%.

¿El gobierno fijó el dólar porque sino la inflación se iba a más del 20%?

La inflación era mucho más baja con tipo de cambio alto, lo que muestra que era otro esquema de política antiinflacionaria donde hay una solvencia fiscal muy clara, política de esterilización monetaria, política monetaria que no era dependiente del sector público, como sucede después.

El otro esquema lo que hace es dejar las otras variables más libres y la que maniato es el tipo de cambio. La puja de ingresos me importa poco, que se resuelva por sí sola. Que se fijen salarios y precios no me interesa, inflación efectiva alta no me interesa, que el sector fiscal sea muy procíclico aun cuando el ciclo sea positivo tampoco me interesa, política monetaria dice “banco al gasto público” que crece a más del 30%, una barbaridad, y el gobierno dice “no me importa, porque total tengo el ancla cambiaria”. Están las tarifas también, pero en tema macro es el tipo de cambio.

Y este es el pecado mortal. Cuando uno queda prendido del elixir del ancla cambiaria, se pagan los costos.

Pero más allá de tipo de cambio, ¿acaso no hubo también “viento de cola”? Lavagna por ejemplo dice que se fue de la gestión con la soja a U$S200…

La situación económica mundial en el período 2003 2007 no es mala, pero no es la que se dio después. Uno puede decir tengo una situación de “brisa de cola” más que de ventarrón, a la que yo hago mis deberes, y le agrego mucho, porque por eso crezco al 9%. La Argentina se convierte casi en el país del hemisferio occidental que más crece. Lo que dice Lavagna es de una verdad absoluta. Frente a lo que todo el mundo dice, los precios de los commodities se empiezan a piramidar en la bisagra 2006-2007. Antes, decididamente no. Eran aceptables pero no piramidados. Los piramidados se instalan en el período posterior, salvo en la crisis del 2009, siguen altísimos, con la soja superando los U$S500. Eso Lavagna no lo tuvo. Tiene toda la razón del mundo Lavagna, que ha sido el mejor ministro de Economía de las últimas décadas.

No se puede reducir el logro que fue esa matriz de ese entonces al viento de cola.

¿La crisis de las reservas entonces es consecuencia directa del atraso cambiario?

Es una crisis derivada de la mala política macroeconómica. En este caso, el esquema 2010 2013 hecha traste al esquema 2003-2007. Es el inverso. Es el esquema el que llega a un punto de saturación. Cuando hay restricción externa, no alcanzan los dólares, mucho retraso cambiario y se pierden sistemáticamente reservas, se acabó. No va más.

A Kicillof no lo critico porque haya devaluado. Al contrario. Podré disentir en proporciones, en fórmula de gestión, pero lo felicito por la decisión en sí. Lo que no lo felicito es cuando él jugó antes con otros y creó la madre del borrego porque él justamente es uno de los ideólogos del esquema del 2010 en adelante. Es uno de los responsables que en el 2011 le hace perder el tren a la presidenta, cuando le dice “no devaluemos”.

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