Extraordinarias20.01.2018
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Las causas por las que el Gobierno no pudo abrir el Congreso en extraordinarias
Por Mauricio CantandoEl acuerdo con el peronismo dialoguista entró en crisis y se agravó con los DNU. Diferencias con la Ciudad.

Los referentes legislativos de Cambiemos retornaron el martes de sus vacaciones y pronto volvieron a las playas con una certeza: tras la traumática sanción de la reforma previsional,  será difícil dar grandes batallas en el Congreso este año.

"Sólo tendremos leyes con debates abiertos y participativos", fue la consigna que los diputados Emilio Monzó y los senadores Luis Naidenoff y Federico Pinedo le comunicaron a los pocos pares que atendían. Venían de escucharla en la primera reunión de gabinete ampliada del año. La próxima será en un mes, ya en el retiro espiritual de Chapadmalal. 

Entretanto, Mauricio Macri echó leña al fuego con nuevos DNUs que enfurecieron al peronismo dialoguista, mote asignado a los bloques referenciados en los gobernadores que  le ayudaron estos años a tener leyes, aunque no tanto como él hubiera querido.

Macri quiere que los legisladores no sean protagonistas y sólo debatan leyes con amplios consensos y sin riesgos. Y está dispuesto a resolver los temas cruciales por decreto. 

Desde sus casas o sus remansos vacacionales, los peronistas no K cruzaron llamadas y hasta hubo un comunicado del Bloque Justicialista en contra del mega decreto de reforma del Estado.

Ya hablan de una mini cumbre informal en Salta, donde trabaja full time Pablo Kosiner, jefe del BJ, artífice de los avatares de la reforma previsional en las jornadas prenavideñas.

Juan Manuel Urtubey, que está por viajar a Davos con Macri y dice que intentará sucederlo en 2019, deja que Kosiner sea confortativo, hasta que Rogelio Frigerio se enoja de verdad.

"¡No controlan a sus legisladores!", le gritó el ministro en aquella cumbre de diciembre, que destrabó la reforma previsional. El gobernador se reía.

Miguel Pichetto también está activo y molesto por la temporada de decretos presidenciales, que incluyeron nombramientos de embajadores. Cuentan con protección parlamentaria por una audaz maniobra de Emilio Monzó y un trámite fugaz que está por completar Gabriela Michetti, recién arribada de una gira oficial por Israel, Suiza e Italia.

Cuando sus compañeros abran sus celulares, Pichetto saldría con otro comunicado de rechazo a los DNUs compulsivos. Y para fines de febrero, quiere una foto con su bloque y el de Kosiner. 

Graciela Camaño, Nicolás Massot y Pablo Kosiner.

Fastidioso, en sus diálogos con gobernadores comenzó a sugerir una rápida definición del candidato presidencial para tirarlo a la cancha, como tarde, después del mundial de fútbol.

No saldría de Urtubey, Juan Schiaretti o Juan Manzur: el primero se propone y no tiene reelección en Salta, el cordobés cae mejor entre sus pares pero no muestra interés y el tucumano se anota por las dudas, aún sin entusiasmar. Eso sí, ninguno se postula a cuatro vientos.

Los reclamos de siempre

La construcción de una mayoría legislativa no parece fácil para Cambiemos. Sin levantar demasiado la voz, los gobernadores empezaron el año acusando a Macri de privilegiar a Vidal con fondos para obras e ignorar la ayuda que dieron para aprobar las leyes económicas. Tal no es más que ansiedad.

Los siempre polémicos repartos de fondos habrían sido parte de la cumbre entre Pichetto y Frigerio, letal para que el Gobierno desistiera de llamar a sesiones en febrero.

El escenario es cuanto menos paradójico: Cambiemos engrosó sus bloques tras la elección legislativa pero se muestra con menos dominio de los recintos que nunca antes.

Concentra una bancada de diputados aún mayor a la última de Cristina Kirchner como presidenta y no logra un grupo de aliados para confiar, al menos como le gustaría a Macri.

El kirchnerismo, además, está agazapado a la espera de arruinarle los planes al Gobierno al primer tropiezo, como aquel primer intento fallido de la reforma previsional.

Los legisladores de los gobernadores están furiosos por los decretos y lo hicieron saber. Conversaron toda la semana y podrían planear una cumbre. En Cambiemos admiten que Macri no se acostumbró a la negociación permanente y prefiere ignorarlos todo lo posible. 

"El problema es que no logramos acostumbrar a Mauricio al Congreso. La Legislatura porteña la controlaba a gusto (Cristian) Ritondo, que hablaba con (Horacio Rodríguez) Larreta. En la Nación no es tan lineal", se resigna un legislador macrista, que lo conoce de aquellos tiempos.

Y en la Nación es distinto. Los aliados quieren mimos permanentes (sobran reclamos de obras del presupuesto 2017 jamás iniciadas o trabas en la asistencia previsional), un costo político  mínimo (las bravuconadas de Elisa Carrió a leyes acordadas lo complican todo) y si se los consagra árbitros de las votaciones retocarán los textos hasta el final. A Macri le fastidia esa dinámica, pero sólo puede evitarla con un quórum holgado.

Legisladores de Cambiemos no entienden cómo no lo busca con un trabajo fino sobre "votos sueltos", aquellos sin patrones a la vista, que no son tantos como en otras épocas, pero están. Un dato: casi todos los senadores del PJ sin jefes gobernadores votaron en contra de la reforma previsional y nadie los llamó. 

Hubo más indicios para pensar que los legisladores no serán protagonistas: a varios opositores les avisaron que quizá puedan mantener presidencias de comisiones importantes, porque se van a usar poco y nada.

Una sería Comunicaciones, donde esperaban la prometida ley de convergencia, pero finalmente no llegará hasta 2019. Este año, la regulación de la fibra óptica y la TV satelital seguirá remendándose con decretos.

La relación del Ejecutivo con el Congreso se está reformulando junto al propio Gabinete. Flamante secretario de Fortalecimiento Institucional, el lilito Fernando Sánchez habla con legisladores desde diciembre y tiene diálogo diario con Mario Quintana,  enlace con el Congreso preferido del presidente.

Por gestión de Sánchez, por ejemplo, se regularon algunos vetos de Macri y habría sido clave en la suspensión de las extraordinarias, que Peña había garantizado en conferencia de prensa después de navidad.

"No hubo reuniones y con el clima que terminó el año será difícil sesionar rápido", se lo oyó decir al ex diputado en la Rosada hace unas semanas. Y lo escucharon. 

Claro que su tarea principal será contener a Elisa Carrió, agazapada por el calor pero con aviso de vuelta en marzo. Por sus ojos pasarán las reformas judiciales, que el Gobierno suele negociar sin problemas con el PJ pero no con ella.  Para cualquier otra ley que piensen enviar, habrá un funcionario que la llame. Una ayuda para el presidente. 

El lilito ya eclipsó a la peñista Lucía Aboud, secretaria de relaciones parlamentarias desde diciembre. Se restringirá a seguir la agenda del día da día, cuando exista, y podrá destacarse con la agenda institucional, otro de los escasos programas parlamentarios avalados para 2018.  "Labura mucho, pero no es política", aclaran los diputados que ya la frecuentan. 

Será relevante además si Guillermo Dietrich logra ser ministro de Infraestructura y toma roles que hoy concentra Frigerio.

De todos modos, el ministro del Interior seguirá como nexo obligado con el parlamento, porque tiene la misión de apurar a los gobernadores si se hacen los distraídos y difícilmente alguién pelee por robarle ese rol. Saben que es complejo. 

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Parece que al peronaje, le molesta mucho tomar de su propia medicina...