EEUU17.01.2018
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Los alcaldes de Nueva York y Los Ángeles ya compiten por la candidatura demócrata
Por Hernán SarquisQuieren romper con la tradición: Nunca un alcalde fue electo presidente de los Estados Unidos.

Los demócratas tienen grandes planes para las legislativas de noviembre de 2018. Calculan que tras dos años de descalabros y humillación global bajo el control absoluto de los republicanos, los electores les entregarán las llaves del Capitolio para ponerle un alto a las políticas que Donald J. Trump y sus aliados han impulsado desde que llegaron a la Casa Blanca.

Concentrarse en 2018 es el mantra con el que estrategas, candidatos y comentaristas políticos se acercan a noviembre, sin embargo, es difícil no tener la vista puesta en 2020 cuando el inquilino de la Casa Blanca es alguien como Trump. La cantidad de presidenciables demócratas es tal que requeriría unos 20 artículos como este para mencionarlos a todos, pero hay dos en particular que llaman la atención, en parte por sus credenciales progresistas y en parte porque -si alguno logra conquistar la Oficina Oval-se convertiría en el primer alcalde presidente en la historia de Estados Unidos.

El alcalde que más cerca estuvo fue Michel Bloomberg, cortejado hasta por republicanos para que evitara el arribo de Trump a la Casa Blanca. Pero el ex mayor de New York, eligió dar un paso al costado y regresar a su emporio de la comunicación. Hoy su tiempo pasó y son dos jóvenes alcaldes demócratas los que buscarían el trofeo mayor.

Garcetti es un político pragmático que cree en los cambios incrementales, moderados. De Blassio por otro lado trabaja una línea más audaz, al estilo de Bernie Sanders

Eric Garcetti ya tiene varios "primeros" en su vitrina de trofeos. Es, por ejemplo, el primer judío-mexicano-italiano-americano en ocupar la alcaldía de Los Angeles, quizá la segunda ciudad más importante de Estados Unidos y capital del estado más rico y progresista del país. Es también, a sus 46 años, el alcalde más joven que ha tenido aquella ciudad.

Del otro lado del continente, a 4 mil kilómetros, está Bill De Blassio, alcalde de New York que, con 56 años y 1.96 metros de estatura, se reeligió en noviembre pasado con un 66% de los votos y una lista nada despreciable de logros progresistas en la llamada capital del mundo.

De Blassio llegó a la alcaldía en 2014 con una plataforma y un mensaje muy similar al que casi pone a Bernie Sanders en la presidencia en 2016, y aunque su administración no ha sido tan audaz como se esperaba, sí ha alcanzado logros incuestionables, como la implementación de kindergarten gratuito para todos los niños de la ciudad, o la construcción de un exitoso programa para que las personas de bajos recursos obtengan casas, o la eliminación del programa stop-and-frisk en el que la policía de la ciudad detenía a personas -principalmente latinos y afroamericanos- y las revisaba de manera agresiva sin justificación alguna.

Mientras tanto Garcetti es descrito como un gobernante pragmático que tiene más fe en los pequeños cambios incrementales que en las grandes propuestas y discursos populistas, a diferencia de De Blassio, que es un célebre prometedor.

El alcalde de Los Ángeles, Eric Garcetti

En Los Angeles Garcetti ha logrado poner en marcha un plan para reducir la adicción automotriz de los habitantes de esa metrópolis extensa y cruzada de freeways, construyendo ciclovías y un mejor sistemas de transporte público. También logró crear miles de nuevas viviendas y está intentando meter un impuesto especial para los grandes desarrolladores que sería usado para construir todavía más.

De Blassio frente a Garcetti

A pesar de sus credenciales, De Blassio tiene un problema catastrófico: parece que a nadie en su partido le simpatiza. Un texto reciente en Politico Magazine reveló que "amigos y aliados literalmente ruedan los ojos cuando escuchan que el alcalde de New York está intentando ir al plano nacional otra vez".

De Blassio por razones un poco incomprensibles tiene enormes dificultades para conseguir apoyos dentro del Partido Demócrata

Su liderazgo en el partido es nulo. En meses recientes el alcalde ha hecho apariciones públicas en lugares como New Hampshire y Iowa -estados claves para un aspirante presidencial-y la respuesta de sus compañeros de partido ha sido poco entusiasta, por decir lo menos. Acaso consciente de esa dificultad, De Blassio ha negado en repetidas ocasiones que esté interesado en la presidencia para 2020

"Es risible pensar que la respuesta a Trump vaya a venir de un alcalde progresista a quien los progresistas no quieren apoyar y a quien los alcaldes no quieren", declaró un operador del partido demócrata, en referencia al mayor de New York.

Garcetti, por su parte, fue descrito por el columnista Alexander Nazaryan como alguien que "entiende que la política es el arte de lo posible", y se trata de mejorar las vidas de las personas no a través de grandes desplantes, sino de gestos modestos.

De Blassio en un acto con Bernie Sanders al inicio de este año

Ambos alcaldes han negado estar tras la presidencia al tiempo que hacen obvios gestos que los contradicen. La crítica tradicional en Estados Unidos para candidaturas de ese tipo es que un alcalde no está preparado para los monumentales retos a los que se enfrenta un presidente, aunque quien ocupa el cargo en este momento nunca administró nada más complejo que su relativamente pequeño negocio familiar.

De Blassio, para muchos de sus compañeros de partido, "sólo está interesado en sí mismo". Lo describen como arrogante, aunque nadie parece capaz de señalar exactamente por qué. Un alcalde entrevistado por Politico simplemente respondió que no sabía por qué nadie quiere al alcalde que debería ser uno de los líderes de su partido.

Hay 23 estados con menos población que Los Angeles, si yo fuera gobernador de cualquiera de ellos nadie descartaría mi candidatura presidencial, se quejó Garcetti

Otros apuntaron a su falta de definición. En la más reciente Conferencia de Alcaldes que tuvo lugar el año pasado en Nueva Orleans, se discutía si los gobiernos municipales debían confrontar en conjunto a Trump y sus políticas contra los indocumentados. De acuerdo con reportes, De Blassio habría propuesto unirse para -en señal de protesta- rechazar cualquier recurso para infraestructura que Trump quisiera enviar.

"No estoy seguro de que debamos confrontar a la administración Trump. No estoy seguro de que no debamos hacerlo tampoco", dijo finalmente el alcalde de Nueva York. "Típico de De Blassio", comentó un demócrata.

"No creo que sea una locura", dijo el ex director de comunicaciones de Obama, Dan Pfeiffer, sobre la idea de un alcalde presidente. "Las definiciones tradicionales de elegibilidad están vueltas de cabeza. Las fortalezas que servían a alguien para sustentar una campaña presidencial ya no están basadas en el currículum. Obama había servido dos años en el Senado cuando se lanzó a la presidencia", recordó el especialista, que en la era Trump se ha convertido en una de las voces líderes de la llamada resistencia.

"Existen 23 estados que tienen poblaciones más pequeñas que Los Angeles", dijo en su defensa el alcalde angelino. "Si yo fuera gobernador de cualquiera de esos 23 estados, creo que la gente no descartaría [mi posible candidatura]".

 Eric Garcetti en un acto con bomberos 

"Tenemos un puerto, un aeropuerto, servicios municipales -no nombrados sino elegidos por voto-y yo presido una autoridad de transporte que mueve a 10 millones de personas, creo que es más grande que 43 o 45 estados. Así que no es una cuestión de si los alcaldes podemos. La gente quiere resultados y quieren gente que haya producido resultados".

En el último año Garcetti ha viajado a lugares como Florida, Louisiana y New Hampshire para pronunciar cuasi discursos de campaña.

Como sea, está por verse el rol que estos dos alcaldes tendrán en las próximas elecciones de noviembre, una escala inevitable para cualquier proyecto que proponga desalojar a Trump de la Casa Blanca.

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