Diputados 06.04.2017
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Tras el paro, los radicales reflotan la "ley Mucci" contra la CGT
LPOLa presentó una diputada e impide las reelecciones en los gremios. El recordado fracaso de los 80.

Como en los albores del retorno democrático, la UCR rechazó el paro de la CGT de este jueves y anunció un proyecto de ley para limitar el poder de los jefes sindicales, similar al que redactó y no pudo sancionar Antonio Mucci, ex ministro de Trabajo de Raúl Alfonsín, 

La encargada de presentarlo fue la diputada cordobesa Soledad Carrizo, pero no estuvo sola: Como en pocos temas, los diputados radicales se unieron para despotricar a los líderes sindicales.

"Si el PJ gobierna, hay dirigencia sindical que toma sedantes. Si gobierna otro, toman anabólicos y tratan de empujarlo. Invocan la pobreza que dejaron", afirmó Mario Negri, jefe del interbloque Cambiemos.

Carrizo propuso limitar las reelecciones de los jefes sindicales para que los gremios "vuelvan a tener democracia interna" y sumen la "legitimidad que han ido perdiendo por sostener prácticas y metodologías viejas, entre ellas la de perpetuar en la conducción a las mismas personas durante décadas".

El proyecto propone modificar la ley 23551 de 1988, la única reforma sindical que Alfonsín pudo aprobar durante su gestión y que según Carrizo quedó a mitad de camino.

El ex presidente radical venía de fracasar en el Congreso con la ley promovida por su ministro de Trabajo, que proponía renovar la totalidad de las autoridades sindicales, incorporar minorías y fiscalizar estatal para los comicios sindicales.

En aquel entonces, la mayoría radical la aprobó en Diputados pero el PJ hizo valer su dominio del Senado para rechazarla, en una histórica muestra de poder del sindicalismo.

Con minoría en ambas Cámaras, los radicales pidieron hoy retomar esa historia, aun cuando temprano supieron que el ministro Jorge Triaca había atacado a la CGT con una resolución para transparentar las elecciones sindicales, con exigencias como no presentar candidatos "inhibidos" judicialmente y ampliar el cupo femenino.

La unidad radical con este tema la ratificó Ricardo Alfonsín, uno de los diputados más reacios a seguir la agenda de la Casa Rosada, pero que no pudo evitar sentir en la piel las consecuencias de un país paralizado.

"El problema de los trabajadores no lo resuelve ni una huelga ni tampoco puede hacerlo el Gobierno por sí solo. Es una necesaria la contribución de un tercer actor: el empresariado".

"Es necesario institucionalizar el Consejo Económico y Social. Solo el diálogo entre los trabajadores, la política, y el empresariado permitirá hallar los acuerdos que permitan la superación de las dificultades económicas y sociales heredadas", concluyó Alfonsín.

El santafesino Mario Barletta fue más duro. "Hay algunos dirigentes gremiales que durante 12 años no abrieron la boca y fueron a aplaudir a la Casa Rosada y ahora salen como los grandes defensores de los trabajadores. Gran parte de los gremialistas son una mafia; sólo se preocupan por hacer caja".

Luis Petri, quien llegó a diputado de la mano de Julio Cobos, volvió a ser el radical más macrista y habló de conspiración: "En los dos últimos meses el empleo está creciendo y la economía se está recuperando. El sindicalismo argentino, quiere que al gobierno le vaya mal. Este paro demuestra disconformidad, la cuestión es si hay razones objetivas para hacerlo", denunció.

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Luis Petri y Mario Barletta y los demás radichetas y por supuesto el macrismo y etcétera, viven, al decir del inefable y ya fallecido poltíco catamarqueño Vicente Saadi, en una nube nó de úbeda, nó de ébola, sino de pedo. Nadie se pregunta por qué nació el sindicalismo en el mundo capitalista. Nació para defenderse de la explotación acérrima que utilizaban las corporaciones para explotar al trabajador y que aún hoy están en plena vigencia. Y esto nos lleva a considerar que el gremialismo es simplemente la punta del iceberg de los conflictos económicos que la mar de las veces se transforman en políticos cuyos contendientes son el capital y el trabajo y cuya simbiosis permite que la sociedad avance. ¿Pero por qué esta teórica sociedad vive permanentemente en conflictos? ¿Podría decirse que las corporaciones empresarias de todo tenor, especialmente, en nuestras latitudes, se niegan a pagar sueldos acordes y realizar los aportes correspondientes en virtud de su ambición desmedida de lucro? Y digo esto porque en los países nórdicos el estado le solicita al empresariado hasta el 70 % de sus ingresos y no existen problemas. Todo el sistema marcha aceitadamente. El empresario vive bien y progresa y la base de trabajadores lo hace de igual manera. Supongo que para esta sociedad, a lo tanguero, podría decirse que el músculo trabaja y la ambición, y más que la ambición, la avaricia descansa. Nuestros empresarios evaden como ratas que evidentemente son, explotan al máximo a sus trabajadores y consideran, como siempre digo, que las clases altas y ricas al país lo entienden como de su propiedad, por lo que proceden a explotarlo como las mineras y dejando tierra arrasada por doquiera. Y si hablamos de corrupción, podría decir que los doscientos cincuenta mil casi llegando a los trescientos mil millones de dólares que se encuentran en el exterior de ilustres argentinos, no pertenecen a los gremialistas y según tengo conocimiento no hay, por el momento, ninguno que figure en las listas de Julián Assange. Convengamos además que la institución gremial, como tal, es independiente y privada con relación al estado como lo son aquellas que representan al sistema empresario y corporativo. Convengamos, asimismo, que pueden elegir a sus representantes tanto como lo determinen sus estatutos y que pueden administrarse como se les cante como lo hacen la Sociedad Rural o la Unión Industrial Argentina. Convengamos que si son, a su vez, corruptos sus dirigentes, diría, sin temor a equivocarme, que no lo son tanto como la dirigencia corporativa privada y en el ámbito político que supimos conseguir. Y aquí podríamos utilizar el viejo refrán o axioma social que dice: haz lo que yo digo pero no lo que hago o aquel otro, el muerto se asusta del degollado. ¡Qué hipócratas este raterío y demuestra palpablemente como está conformada, en general, la sociedad nativa. Lpmqlrmp.
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En el medio, cual turista escandinavo, se encuentra Mauricio Macri, el presidente del Tercer Gobierno Radical.
La Argentina blanca y la Argentina morena. Mientras lo supera la sucesión de acontecimientos, Macri trata de entender. Algo fascinado porque recibió el oportuno espaldarazo de decenas de miles de argentinos blancos. Los que salieron por las calles del barrio para brindarle el apoyo que termina por confundirlo. Aún más. Al extremo de instalarle la falsa idea de que conquista, al fin, el ?control de la calle?.
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Sus cómplices peronchos en la guarida del congreso, se van a oponer con uñas y dientes, al nuevo avasallamiento a los "compañeros sindicalistas"!!!
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"no pudo evitar sentir en la piel las consecuencias de un país paralizado" escritor alto gay
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En los últimos 12 años hicieron 5 paros si no me equivoco