EEUU16.02.2017
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Filtraciones: Qué hay detrás de la rebelión de los espías contra Trump
Por Hernán SarquisEl republicano se vio jaqueado por filtraciones que sospecha provienen de las agencias de inteligencia.

La debacle del general Michael Flynn, quien hasta el lunes se desempeñaba como consejero de seguridad nacional para el presidente Trump, se suma a una serie de problemas graves en la joven administración. El último mes estuvo signado por las filtraciones que desde la primera semana de su mandato ocuparon los titulares de los medios. Un síntoma de la terrible relación que el presidente mantiene con las agencias de inteligencia.

Desde antes de tomar posesión, Trump se mostró hostil ante esa comunidad, principalmente por haber revelado que el gobierno ruso intervino en su favor durante la elección. En su momento el magnate recordó que esas agencias que cuestionaban su triunfo eran las mismas que en 2003 mintieron para justificar la invasión en Irak.

Trump hizo algo peligroso: acudió a Twitter para descargar su ira y declarar una guerra abierta contra la FBI y la NSA, a quienes hizo responsables de las filtraciones. 

Las primeras filtraciones serias llegaron un par de días después de que Trump tomara posesión. El siguiente lunes los medios publicaron información sobre las conversaciones que el presidente había tenido durante el fin de semana con diversos jefes de Estado. Se divulgó la hostilidad con Peña Nieto y la pelea con el primer Ministro de Australia, Malcolm Turnbull, a quien Trump le habría colgado el teléfono después de reclamarle un acuerdo firmado por Obama para recibir refugiados en Estados Unidos.

Tras la historia de este martes publicada por el New York Times, donde se reveló que funcionarios de alto nivel de la campaña de Donald Trump estuvieron en contacto con agentes de inteligencia rusos, el presidente acudió a su Twitter para descargar su ira y declarar una guerra abierta contra la FBI, la NSA y otras instituciones de la comunidad de inteligencia.

"Información está siendo entregada de manera ilegal a los fallidos New York Times y Washington Post por la comunidad de inteligencia (¿NSA y FBI?)", disparó el Presidente abriendo un conflicto de escala impredecible al interior de su administración.

Pero la relación no siempre fue tan mala. Fue James Commey, director del FBI, quien propinó uno de los últimos golpes mediáticos a Clinton cuando, durante la recta final de la elección, reveló que reabriría la investigación de los correos electrónicos de la candidata.

El verdadero escándalo aquí es que información clasificada está siendo entregada de manera ilegal por [la comunidad de] "inteligencia" como si fueran dulces. ¡Muy anti americano!

Trump intentó suavizar las cosas con la comunidad de espionaje al poco tiempo de tomar posesión. Su primer evento como presidente fue visitar en Langley la sede central de la CIA, donde dio un discurso frente al muro de estrellas, un monumento que conmemora a cada uno de los agentes que han muerto en la línea del deber, trabajando para la agencia.

Para los agentes el muro es casi un lugar sagrado, y a muchos les molestó escuchar a Trump vociferar como acostumbra sobre nimiedades como el tamaño de la audiencia durante su toma posesión. La disculpa por sus declaraciones contra la CIA que muchos esperaban nunca llegó, y el hecho de que llevara a su propia audiencia para que aplaudieran molestó aún más a los presentes.

Ya desde antes de la toma de posesión se difundió que Trump se negaba a recibir los resúmenes diarios de inteligencia, y en su lugar mandaba al vicepresidente Pence. Se sabe también que el presidente ha pedido que sus informes no pasen de una cuartilla y de preferencia vengan ilustrados con mapas, "al presidente le gustan los mapas", declaró una fuente al New York Times.

La semana pasada las filtraciones continuaron. El Times publicó una extensa nota detallando el caos y la inexperiencia al interior de la flamante organización. "Por las noches los asesores trabajan a oscuras porque no saben operar los controles en la sala de juntas", reportó el diario.

La nota dibujó a un Trump preocupado por su impopularidad que durante las noches mira obsesivamente CNN, quejándose de la injusta cobertura de los medios mientras recorre los pasillos de la Casa Blanca vistiendo sólo una bata. Una y otra vez, los reportes que salen de la residencia oficial pintan a una administración incompetente e incapaz de llegar a acuerdos.

Irónicamente el Observer, el diario que fuera propiedad del yerno de Trump, publicó una nota del periodista John Schindler que advierte "una revuelta de espías contra Trump".

Se filtró también, por ejemplo, que la célebre orden ejecutiva donde Trump nombró a Bannon como miembro permanente del Comité de Seguridad Nacional, ni siquiera fue leída previamente por el presidente. Fue hasta después del escándalo de la entrada de Bannon al exclusivo comité, y del rotundo fracaso del muslim ban, que Reince Priebus, el Jefe de Gabinete, instituyó un programa de diez pasos para controlar las órdenes antes de que lleguen al escritorio del presidente. Un programa similar al que todos los presidentes antes de Trump tuvieron.

Trump ha mostrado su frustración con las filtraciones en repetidas ocasiones. Cuando Flynn se vio forzado a renunciar el presidente tuiteó frustrado: "La verdadera historia aquí es ¿por qué hay tantas filtraciones ilegales saliendo de Washington? ¿Estas filtraciones ocurrirán cuando esté lidiando con Corea del Norte etc.?".

Los problemas no se limitan al pleito con las agencias y a las filtraciones. Irónicamente el Observer, el diario que fuera propiedad del yerno de Trump, Jared Kushner, publicó una nota del periodista John Schindler que advierte "una revuelta de espías contra Trump".

"Nuestra comunidad de inteligencia [formada por quince agencias al servicio del presidente] está tan preocupada por los problemas sin precedentes de la administración Trump -no sólo altos funcionarios con nexos preocupantes al Kremlin, hay cuestionamientos sobre si el equipo Trump es competente- que están comenzando a ocultarle información a la Casa Blanca, porque nuestros espías no confían en ellos".

Se trata de una preocupación legítima. Un senador demócrata que fue recibido junto a otros por Trump en el Salón Oval tuiteó una foto en la que se ve tirado en el escritorio del presidente un pen drive negro con el sello de secretos de Estado.

Misma inquietud que generó que viera en vivo con una tablet el lanzamiento de misiles de Corea del Norte junto al primer ministro de Japón Abe Shinzo en su club de La Florida, en medio de cientos de invitados. Ahí mismo discutió el evento ante personas que no sólo no tenían credenciales de seguridad, sino que en algunos casos no se sabía quienes eran.

Trump con el primer ministro japonés

La Política Online habló con una fuente cercana al Departamento de Estado y familiarizada con el trabajo de la comunidad de inteligencia, formada por 15 organizaciones distintas, entre ellas la CIA, la DEA y el FBI. La fuente advirtió que la relación y las declaraciones que Trump ha hecho en contra de sus propias agencias son inauditas para un presidente de los Estados Unidos.

El presidente ha enviado un mensaje claro, explicó el especialista, "vamos a esperar y a ver que prueben su valor para mí. Esa actitud es lo que lo ha enemistado con las agencias"

"En parte creo que su actitud es entendible para un millonario empresario de Nueva York que trae una mentalidad de outsider y de cuestionarlo todo". El especialista explicó que la actitud de Trump, de cuestionar todo lo que forma parte del sistema, "a veces puede servir a su agenda, pero en otras ocasiones hace olas, especialmente en su relación con la comunidad de inteligencia".

El presidente ha enviado un mensaje claro, explicó el especialista, "vamos a esperar y a ver que prueben su valor para mí. Esa actitud es lo que lo ha enemistado con las agencias".

La fuente advirtió que a diferencia de lo que han hecho otros presidentes, Trump ha politizado el trabajo de estas agencias, lo que resulta contraproducente para la seguridad tanto de los Estados Unidos como del resto del mundo.

"La labor de estas agencias debe ser externa de los partidos. Es gente acostumbrada a trabajar fuera del espectro político. Su actitud hostil terminará por explotarle de regreso, y ese es el peligro. Si no podemos confiar en que el presidente confíe en sus sistema de inteligencia, esto va a tener un impacto grave en la seguridad nacional", explicó.

El especialista contó que al interior de esta comunidad hay además una sensación de que están siendo tratados como organismos externos de la burocracia, "como si fueran el Departamento de Agricultura", enfatizó. "Estos son individuos a los que no les gusta estar en el ojo de la opinión pública, y cuando hablan de manera tan hostil de ellos, sienten que no aprecian su trabajo y los riesgos que toman para hacerlo".

 El jefe de la CIA, Mike Pompeo, al jurar en el cargo 

La fuente de LPO habló también de la ironía que un presidente republicano sea el que esté conduciendo la batalla en su contra: "Muchos de los miembros de estas agencias de hecho simpatizan con las posturas y la agenda del Partido Republicano".

Respecto a si veía posible que las filtraciones estén saliendo de las propias agencias del Gobierno, la fuente no lo descartó: "Siempre es una posibilidad real. Si las cosas se ponen mal existe ese peligro. Es posible, si tienes un empleado molesto en una organización tan grande, que ese empleado salga a filtrar información, especialmente en el ambiente de las agencias dedicadas a recabar inteligencia".

Si tienes un empleado molesto en una organización tan grande, es posible que salga a filtrar información, especialmente en el ambiente de las agencias dedicadas a recabar inteligencia

El especialista, sin embargo, explicó que también le parecía que algunos medios estaban sacando de su justa proporción el tema, en específico el interés por ligar a funcionarios de la administración con personas de otros países, usando el término "nacionales del exterior" (foreign nationals) para agregar misterio y dudas.

"Parecen estar clavados en relacionar a gente como Flynn con extranjeros como si fuera algo sospechoso. ¿Pero en qué contexto? ¿Qué tipo de extranjeros? ¿En qué condiciones? Me parece que algunos columnista y opinólogos de televisión están explotando estos temas para afectar los esfuerzos diplomáticos de esta administración".

"Si operamos desde la paranoia, no vamos a llegar muy lejos", concluyó.

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