Sin excusas para eludir el diálogo
Cristina no acepta discutir las retenciones pero el campo ratificó el fin del paro. Los hombres de Kirchner son la clave para desactivar una situación explosiva o empujar al caos.
Buenos Aires, lapolíticaonline, 08/06/08, 20:38
La solución del problema es sencilla y el gobierno ha decidido eludirla. El conflicto con el campo se disparó por la creación de las retenciones móviles. Cualquier salida posible a la actual crisis, debe entonces contemplar una discusión sensata sobre esta medida. Pero la Presidenta anunció en el diario La Nación: “Las retenciones a la soja no se negociarán”. Decir eso después de noventa días de protesta es asumir en esencia y en lo que importa, el discurso más intransigente de Néstor Kirchner.
Cuando el diálogo se agota surge la violencia. Está en la naturaleza de las cosas. No hay magia ni cronoterapia que por si sola resuelva las contradicciones de la sociedad. El gobierno apuesta así a la violencia. Lo hizo al alentar a los camioneros a bloquear las rutas, jugando a que la violencia del desabastecimiento pusiera a las ciudades contra el campo. Ya apuñalaron a un camionero. Incendiaron la camioneta de un productor. Balearon una compañía de granos. Lo que sigue es tan previsible como angustiante.
Claro que desde la fortaleza de Olivos y la seguridad de los helicópteros se puede pedir, como lo hace Néstor Kirchner, “paciencia oriental”. Total es la gente de a pie, la que vive de su trabajo, la que se despierta cada mañana con la mala noticia de un país que tiene todo para progresar, menos la sensatez de sus gobernantes.
El crédito ya es una ilusión. Imposible soñar con la vivienda propia. El sueldo se diluye bajo una inflación que el poder niega con la misma tozudez que lo lleva a ignorar la pobreza que crece. La economía se enfría, caen las ventas, hay desabastecimiento de productos claves, las fábricas dejan de producir y se destruyen puestos de trabajo ¿Qué clase de gobernante elige ese camino antes que ceder? ¿Cómo es posible que el orgullo personal, la vanidad, esté por encima del bien común?
Sin lugar para los tibios
Cuando la violencia golpea la puerta se termina el tiempo de los distraídos. La Iglesia pidió dos cosas: Que el campo suspenda las medidas de fuerza y que el gobierno convoque al diálogo. Las cuatro entidades, concientes que se enfrentaban la voluntad de sus propias bases, tomaron el viernes por la noche la decisión de anunciar el fin del paro. En ese momento debería haber llegado la convocatoria al diálogo.
Sin embargo, prevalecieron los reflejos mas retrógrados. Néstor Kirchner, junto a los gobernadores Daniel Scioli y Mario Das Neves, redobló la confrontación desde la tribuna, blindada de aplausos obsecuentes. Una pena. Otra oportunidad perdida. Las carreras políticas que esta pelea está consumiendo son apenas la consecuencia de problemas más serios y profundos. El dirigente que no vea que este camino conduce a ningún lugar, dejó de ser un dirigente por más que todavía disfrute de cierta escenografía del poder. El diálogo ya no es una elección. Es eso o la violencia.
Alfredo de Angelis lo entendió. Asumiendo la responsabilidad del momento trabajó sobre la resistencia de las bases y logró que aceptaran levantar el paro, con la idea de abrir el diálogo con el gobierno, mañana en la mesa que ofreció el Defensor del Pueblo, y que previamente tendió la autoridad de la Iglesia. Si los ministros convocados no concurren quedará claro que idea es la que prevaleció en el poder.
Si los dirigentes del peronismo –incluida la propia Presidenta- no se animan a enfrentar a Néstor Kirchner, apenas un hombre desorientado y enojado, es muy posible que en un futuro no muy lejano deban enfrentar situaciones mucho más peligrosas. Es lo que sucede cuando se renuncia a liderar los procesos sociales. Sobran los ejemplos en la historia. Se puede arriesgar que son palabras exageradas. Sería una bendición que así fuera. Pero las barajas que empieza a insinuar la realidad no tienen buena cara.
El trazo grueso de la historia
La responsabilidad acompaña los honores. No se puede pedir la misma prudencia a un productor o camionero a quien la plata ya no le alcanza, que a un gobernante. Si temen más perder el cargo o los favores del poder, que a la gente que los eligió, ya están perdidos.
No hay golpe de Estado ni conspiración, más allá de la que incuba Néstor Kirchner, conciente o no. En cualquier caso, en términos prácticos, da lo mismo. Pero el drama de la hora ya excede al ex presidente. Ahora la responsabilidad es de quienes no le ponen un límite. No hay excusas para ellos. No hay excusas para quien se escuda en el doble discurso de los aplausos públicos y los reproches reservados. Cuando el interés general está en juego se terminaron las especulaciones o se terminó el dirigente.
“No son dirigentes, son dirigidos sino pueden controlar a sus bases”, dijo Felipe Solá de los líderes de las entidades agrarias. Linda frase que muy bien vale para los que aplauden las diatribas semanales de la calle Matheu. Nadie comparte en el peronismo, ni siquiera el que se sienta a su izquierda, el diagnóstico y el camino que eligió Néstor Kirchner para enfrentar el conflicto con el campo. Y sin embargo, lo siguen apoyando.
La historia en situaciones críticas suele utilizar la brocha gorda. No se fija si el que se ubicó en determinado lugar lo hizo con mala cara o presionado, vaya a saberse porqué. Hay una responsabilidad última de todo hombre que es con su propia libertad. Más allá de los condicionamientos afectivos, económicos y de la propia ambición.
La riqueza de la situaciones extremas es que permiten hacer a un lado las pequeñas negociaciones que realizamos cada día, para ir a la esencia de lo que somos. Es eso lo que está en juego en estos momentos. El día después de las llamas, ya no tiene sentido pronunciarse sobre la verdad y lo justo.
¿Si renunciaron a escuchar su propia voz, porqué siguen diciendo que lo que hacen es Política? ¿Qué tiene que ver esta docilidad de ovejas hacia el matadero, con la actividad superior de conducir a los pueblos hacia un destino mejor?
Cuando se compromete la dignidad, suelen extraviarse los valores. A todos nos pasa. Pero reconocerlo suele ser un principio. Por eso, en estas horas críticas se pueden encontrar elementos auspiciosos. Se trata de un crisis que por primera vez en décadas no surge de una debacle económica. Son temas profundos los que se están hablando. Dignidad frente al poder y el dinero, un país federal, independencia de poderes. Son las bases mismas del proyecto que fue la Argentina en sus inicios, las que vuelven a la discusión pública. Tiene razón Néstor Kirchner cuando intuye que detrás de la protesta agraria hay un desafió a su modelo político. Porque ceder en las retenciones es ceder en una mirada del poder unilateral, indiscutible y hegemónica.
Las cartas ya fueron repartidas. El proceso es irreversible, como cada vez que la historia elije tocar un nervio profundo de la sociedad. El salmón es el único animal que hace del nadar contra la corriente, el objetivo último de su vida. Y aún así, muere exhausto por el esfuerzo de oponerse a la naturaleza de las cosas.
Sería muy simple reconocer que no se trata de una pulseada más, que lo que está en juego es algo distinto. Incluso, algo de la gracia de Estado perdida, podría recuperarse con ese gesto magnánimo que pidió la Iglesia, con esa facultad última y casi divina que tiene el Príncipe, esa que le devuelve su grandeza, la posibilidad de ceder.













