¿Qué hubiera pasado si renunciaba Cristina?
Tras la crisis interna que sufrió el gobierno por la votación adversa en el Senado el interrogante ya no parece descabellado. ¿Quiénes habrían sido los ganadores y quiénes los perdedores?
Buenos Aires, lapolíticaonline, 29/07/08, 13:34
¿Qué hubiera pasado si renunciaba Cristina? En un "país normal", como ese que Néstor Kirchner prometía construir en la campaña presidencial de 2003, la pregunta debería sonar como un disparate, pero no lo es, sobre todo a esta altura, cuando hasta los más incondicionales exponentes del Gobierno reconocen que aquella fatídica madrugada del 17 de julio, después del batacazo que produjo Julio Cobos en el Senado, el matrimonio santacruceño estuvo muy cerca de armar las valijas y retornar al sur.
Tal vez se trató de una reacción exagerada producto del microclima pusilánime que había invadido Olivos. O pudo ser también un momento de histrionismo que ocultaba la idea extravagante de abrir paso a un "operativo clamor" para fortalecer a un Gobierno que acabada de sufrir una sensible derrota.
Eran horas de mucho desvarío en el poder. Lo admitió hasta el propio Alberto Fernández en diálogo con sus íntimos, más relajado ahora que dejó el Gobierno. Y en medio de ese clima llegaron a escucharse especulaciones insólitas.
Por eso no es descabellado plantear ahora el interrogante del comienzo sobre qué destino le esperaba a la Argentina si aquel 17 de julio Cristina no volvía a la Casa Rosada y usaba por última vez la cadena nacional para comunicarle su renuncia al país.
Nadie ignora, por supuesto, la delicada situación institucional que eso habría originado, aunque hoy desde el punto de vista social y económico Argentina está mucho más robusta para soportar una crisis política de semejante hondura respecto de como se encontraba hace siete años, en el 2001.
Alcanzaría con que un nuevo presidente tome decisiones sensatas para que el país recupere el tiempo perdido y pueda aprovechar las ventajas del momento histórico excepcional que ofrece una economía global demandante de alimentos y que es claramente favorable para salir a conquistar mercados con nuestro moderno y calificado complejo agroindustrial.
Con sólo convocar al diálogo para pacificar a la sociedad y terminar de una buena vez con las confrontaciones artificiales el país volvería a estar en carrera.
Ojo, también sería necesario tomar otra determinación importante nunca contemplada en el rígido manual de procedimientos de los Kirchner: designar a un ministro de economía en serio, una figura de prestigio con capacidad de decisión (Mario Blejer?), que restaure la credibilidad de las vapuleadas estadísticas oficiales y que se ocupe de encarar de manera urgente la batalla contra la inflación, que ha vuelto a convertirse en la peor amenaza para los argentinos.
No se trata, por cierto, de ninguna empresa ciclópea si se la compara con el colapso del 2001, cuando al desaguisado político que dejó latente la aventura de la Alianza había que agregarle como incómodo condimento nada menos que la destrucción del sistema financiero y una salvaje devaluación que empujó a más de la mitad de la población hacia el sótano de la pobreza.
Hoy, por suerte, el país está mucho mejor, gracias en parte al esfuerzo que hizo el propio Néstor Kirchner cuando era presidente y tenía los reflejos bien aceitados para tomar decisiones y construir poder, no como ahora, cuando se ha dejado ganar por el resentimiento y el encono hasta terminar dilapidando de manera increíble la formidable herencia de poder que le había dejado a su mujer.
El artículo 88 de la Constitución nacional dice que "en caso de enfermedad, ausencia de la Capital, muerte, renuncia o destitución del presidente, el Poder Ejecutivo será ejercido por el vicepresidente de la Nación".
Si Cristina dimitía hubiere correspondido entonces que Julio Cobos se haga cargo de la conducción del Estado, un escenario impensable después de que el vicepresidente fuera acusado de "traidor" por los sectores más duros y fanáticos del actual Gobierno.
Además, quién podría imaginarse al mendocino que tanto titubeó antes de pronunciar su ya célebre frase "mi voto no es positivo" gobernando un país con el peronismo desmadrado, sin liderazgos y con las fuerzas piqueteras subsidiadas por el kirchnerismo volcadas a las calles para generar desorden.
Parece demasiado, por más que se diga que en política todo es posible y sin que esto implique subestimar a un dirigente que ha sido buen administrador de una provincia importante y que hoy ha logrado nacionalizar su figura con altos índices de reconocimiento positivo. Pero la historia dice que cuando hay revuelo en la jaula peronista cualquier pájaro que viene de otro nido sale lastimado.
Parado frente a esa hipótesis, con la misma dosis de sentido común que aplicó en el Senado antes de voltear el proyecto de las retenciones móviles, Cobos también habría tenido la opción de dar un paso al costado para que el Congreso determine "que funcionario público ha de desempeñar la Presidencia, hasta que haya cesado la causa de la inhabilidad o un nuevo presidente sea electo", como contempla la versión completa del artículo 88 si el vice también renuncia.
Entonces los diputados y senadores reunidos en Asamblea Legislativa habrían cargado con la responsabilidad de nombrar a un Presidente para que complete el período de Cristina o para que se convoque a comicios anticipados con el fin de elegir a un nuevo mandatario.
Esa definición, igual que en el 2001, sólo podría procesarse en el seno del justicialismo por ser esta la fuerza que mantiene clara hegemonía en la representación de las dos cámaras parlamentarias y que gobierna la gran mayoría de las provincias del país.
Pero a diferencia de los sucesos ocurridos tras la caída de Fernando De la Rúa hoy el PJ carece de un referente indiscutido como en su momento lo fue Eduardo Duhalde, que terminó siendo la respuesta institucional más potable para aquella crisis luego de la fugaz experiencia que protagonizó Adolfo Rodríguez Saa.
El conflicto del campo alumbró ahora el intento de articular un nuevo eje de poder en el peronismo con base en Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos y con el guiño complaciente de Duhalde, que ha vuelto a escena, pero el estratégico distrito bonaerense es un territorio de destino incierto después de que el dedo de Kirchner impuso la figura de un Daniel Scioli que todavía es visto con desconfianza por los barones del conurbano.
Además, la intención del chubutense Mario Das Neves de postularse a la Presidencia, las ganas nunca desmentidas de Juan Manuel de la Sota de cumplir el mismo objetivo, el proyecto Scioli, los enigmáticos movimientos de Reutemann, la renovación que encarnan gobernadores como Juan Schiaretti en Córdoba o Celso Jaqué en Mendoza y el reacomodamiento de las huestes que hasta ahora acompañaron a los Kirchner, bajo el imperio de su poderosa caja fiscal, hablan de una dinámica de recambio partidario que necesitaría mucho tiempo de maduración.
Eso, sumado a las limitaciones que todavía exhiben las diferentes expresiones de la oposición para ofrecer una alternativa de poder real, son argumentos que seguramente habrían complicado también la opción de adelantar una salida electoral.
En ese caso, algunas voces suponen que hubiera cobrado vuelo la figura del actual titular provisional del Senado, José Pampuro, como presidente de un eventual gobierno de transición por ser un dirigente moderado, proveniente de la provincia de Buenos Aires, con todo lo que eso significa, y que acompañó el proyecto kichnerista con buena conducta institucional, sin estridencias y sin abrir frentes de conflicto innecesarios.
Pero convengamos que gobernar hasta el lejano 2011 sin el respaldo directo del voto ciudadano hubiese significado, también, avanzar hacia una cirujía de pronóstico reservado.
Afortunadamente, todas estas son sólo conjeturas de ocasión que quedaron flotando en el ambiente de los más inquietos "quinchos" políticos y que fueron alimentadas por el veloz viraje sin escalas que hizo la pareja presidencial, desde la arrogancia a la depresión, tras caer derrotada en el Senado.
Por suerte, nada de esto pasó y la Presidente demostró que está dispuesta a seguir cumpliendo con la responsabilidad que le cabe. Sólo falta ver ahora si actúa con generosidad, con astucia y con esa inteligencia que, en general todo el mundo político le reconoce, para reconciliarse con la sociedad y dar renovado empuje a su gestión, sin rencores. De ser así, la Argentinas seguramente podrá volver a caminar hacia adelante con paso firme.
Por el contrario, si prefiere profundizar el enfrentamiento con la clase media y con todos los sectores productivos y sociales que discrepan con su visión, seguramente volverán los fracasos y las depresiones, porque algo ha cambiado en el país y la gente ya no tolera los gritos y las reprimendas que se acostumbraron a disparar los K blindados desde su atril.













